Una persona sin hogar duerme en la calle en Barcelona

Una persona sin hogar duerme en la calle en BarcelonaEuropa Press

Cataluña

El 72% de las personas que viven en la calle en Barcelona ha perdido la esperanza de acceder a una vivienda

Uno de cada cinco adultos que duerme en la calle tiene entre 18 y 29 años

Vivir en la calle deja de ser, para muchos, una situación temporal para convertirse en una realidad de la que cada vez resulta más difícil salir. El 72% de las personas sin hogar que duermen en las calles de Barcelona asegura que ya no tiene ninguna expectativa de volver a acceder a una vivienda, según el informe Vivir en la calle en Barcelona. Radiografía de una ciudad sin hogar (2025), elaborado por la Fundación Arrels. La entidad alerta de que el sistema de atención no está siendo capaz de responder al aumento de personas que caen en el sinhogarismo y advierte del riesgo de que esta situación se cronifique aún más.

El estudio, presentado este martes y elaborado a partir de 676 entrevistas realizadas a personas que dormían al raso en junio del año pasado, refleja un empeoramiento de las perspectivas de quienes viven en la calle. Hace dos años, el 28,1% de las personas encuestadas confiaba en acceder a una vivienda; hoy ese porcentaje ha descendido hasta el 23,8%. La mayoría, siete de cada diez, afirma haber perdido toda esperanza de abandonar esta situación.

Lejos de la idea de que el sinhogarismo sea una condición permanente, el informe pone de relieve que la inmensa mayoría de quienes hoy viven en la calle habían tenido una vivienda estable. El 92,7% asegura haber residido en un hogar a lo largo de su vida. La pérdida de esa vivienda aparece, precisamente, como una de las principales puertas de entrada al sinhogarismo: el 26,8% explica que su último domicilio era de alquiler y un 8,5% era una vivienda en propiedad.

Los problemas relacionados con el acceso a la vivienda y los procesos migratorios son actualmente las principales causas que empujan a las personas hacia la exclusión residencial. Antes de terminar durmiendo en la vía pública, muchas ya atravesaban situaciones de enorme precariedad, viviendo temporalmente con familiares o amigos sin contrato, en habitaciones inestables o incluso en viviendas ocupadas. Para Arrels, el sinhogarismo no comienza cuando una persona duerme en la calle, sino mucho antes, durante un proceso de exclusión residencial que las políticas públicas no están logrando frenar.

El informe detecta además un fenómeno que preocupa especialmente a la fundación. Cada vez son más las personas que llegan a la calle, pero no aumenta el número de quienes consiguen abandonarla. El 36,6% de las personas encuestadas lleva menos de seis meses viviendo al raso, siete puntos más que en 2023, mientras continúa existiendo un importante grupo de personas que acumula más de cinco años en esta situación.

Aunque el tiempo medio de permanencia en la calle ha descendido de cuatro años y medio a tres años y seis meses, Arrels insiste en que esa reducción responde a la incorporación de nuevos casos y no a una mejora de la situación. De hecho, la entidad advierte de que «el sistema de atención al sinhogarismo no está dando respuesta» al conjunto de personas que caen en esta situación y alerta de un «riesgo de cronificación futura» si no se refuerzan las políticas de prevención y acceso a la vivienda.

No funcionan las medidas

Las soluciones residenciales disponibles tampoco logran romper ese círculo. Uno de cada cuatro encuestados ha pasado por albergues, pensiones o recursos temporales antes de regresar nuevamente a la calle. Además, la mayoría de quienes esperan una plaza lo hacen para acceder a alojamientos provisionales y no a una vivienda estable, lo que, según Arrels, evidencia las limitaciones del actual modelo asistencial.

El informe también pone el foco en las barreras administrativas. El 32,8% de las personas que viven en la calle no está empadronado, siete puntos más que hace dos años, una situación que limita el acceso a derechos básicos y prestaciones sociales. Entre las personas extranjeras, especialmente las extracomunitarias, las dificultades para regularizar su situación administrativa agravan todavía más el riesgo de exclusión.

Otro de los datos que más preocupa a la fundación es el aumento del sinhogarismo juvenil. Uno de cada cinco adultos que duerme en la calle tiene entre 18 y 29 años, frente al 15% registrado en 2023. Al mismo tiempo, casi otro 20% supera los 55 años, un reflejo de que la exclusión residencial afecta a todas las etapas de la vida.

La directora de Arrels, Beatriz Fernández, también alertó del impacto que las altas temperaturas tienen sobre quienes viven al raso. «El calor tiene un impacto muy directo», señaló durante la presentación del informe, al advertir de que las olas de calor dificultan el descanso y agravan la vulnerabilidad de las personas sin hogar.

Ante este escenario, la fundación ha reclamado al Parlament la aprobación urgente de la Ley de Sinhogarismo. La entidad pide que la norma salga adelante «sin desvirtuarla» y acompañada de recursos presupuestarios suficientes para garantizar su aplicación. Además, propone reforzar la atención preventiva, ampliar la oferta de vivienda estable con apoyo social y crear una red de pequeños alojamientos de proximidad en todos los barrios de Barcelona, frente al actual modelo basado en grandes albergues y largas listas de espera.

Las cifras reflejan la dimensión del problema. Según el último recuento realizado por Arrels en diciembre de 2025, 1.982 personas dormían en las calles de Barcelona, un 43% más que dos años antes y la cifra más alta registrada por la entidad. El mapa del sinhogarismo también está cambiando: si históricamente Ciutat Vella concentraba el mayor número de personas sin hogar, ahora es Sants-Montjuïc el distrito con más personas durmiendo en la vía pública, seguido del Eixample, un desplazamiento que Arrels relaciona, entre otros factores, con los desalojos de asentamientos registrados durante el último año.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas