Detalle del cuadro 'Entrada de Roger de Flor en Constantinopla', pintado por José Moreno en 1888
Historia
El soldado medieval y escritor que inmortalizó a los guerreros más feroces del Mediterráneo
La 'Crónica' de Ramón Muntaner es uno de los textos clave para entender el devenir de la Corona de Aragón durante la Edad Media
En el 1558 se publicó en Valencia la Crónica de Ramón Muntaner, escrita entre 1325 a 1328. Muntaner fue un soldado que perteneció a la Gran Compañía Catalana, también conocidos como almogávares. Esta obra es imprescindible para conocer el periodo que va del 1207 con Jaime I hasta el 1328 con la coronación de Alfonso IV de Aragón. Una etapa importante de la Corona de Aragón. Escrita en catalán, en el siglo XIX fue traducido por el historiador y archivero Antonio de Bofarull.
El libro da a conocer la influencia de la Corona de Aragón sobre las costas de Europa, el norte de África y los confines de Asia Menor, delimitando un mapa de conquistas y alianzas que alteró de forma permanente el equilibrio de fuerzas en el mundo conocido.
La narrativa de Muntaner no es la de un observador distante o un amanuense de corte recluido en un scriptorium, sino la de un soldado experimentado, un administrador de recursos de la corona y un ciudadano profundamente comprometido que vivió en primera línea los acontecimientos más álgidos que relata en su manuscrito, sirviendo a las órdenes de Jaime el Conquistador, Pedro el Grande, Alfonso el Liberal, Jaime el Justo y Alfonso el Benigno.
La crónica arranca analizando los milagrosos orígenes y las memorables campañas del rey Jaime I el Conquistador, deteniéndose con especial atención en sus estancias en la ciudad de Montpellier, lugar de su nacimiento, y en las intensas y prolongadas campañas bélicas contra los gobernantes sarracenos que culminaron con el asedio y la definitiva toma del reino y la plaza de Murcia, un hito que reconfiguró las fronteras del levante peninsular.
Ritmo marcial
Conforme avanza la lectura del texto de Muntaner, la narración adquiere un ritmo mucho más marcial y estratégico al adentrarse en el reinado de Pedro el Grande, describiendo con minuciosidad casi notarial las complejas tensiones diplomáticas con las potencias europeas, los urgentes consejos de guerra y las vastas expediciones marítimas destinadas a consolidar la hegemonía de la Corona aragonesa sobre el Mediterráneo occidental.
Destacan en este tramo específico las astutas maniobras navales y los encarnizados enfrentamientos armados en las costas septentrionales de África y en el estratégico reino de Sicilia, un escenario bélico donde figuras de la talla del almirante Roger de Lauria alcanzaron la inmortalidad militar al doblegar por completo el orgullo y los recursos de las potencias navales rivales en combates legendarios frente a Malta, las costas sicilianas y el golfo de Marsella, forjando de este modo un duradero e inquebrantable vínculo de fraternidad política y militar entre las poblaciones de Cataluña, Aragón y Sicilia.
Un ejemplar de la Crónica de Ramon Muntaner
Uno de los pasajes fascinantes son las azarosas aventuras de la Gran Compañía Catalana en el Imperio Bizantino. Es la célebre expedición de los almogávares en Rumanía y Grecia. Muntaner relata cómo el carismático, audaz y controvertido líder Roger de Flor, ante la precaria situación económica y la falta de perspectivas bélicas tras la paz en Sicilia, negoció directamente con el emperador de Constantinopla para pasar de inmediato a su servicio, con su temible infantería ligera formada por experimentados soldados catalanes y aragoneses, obteniendo a cambio el título de megaduque y la mano de una princesa imperial.
La crónica es una trepidante sucesión de batallas, sutiles intrigas cortesanas en los palacios de Bizancio, saqueos implacables de ciudades costeras como Rodosto, conquistas de castillos de vital importancia geoestratégica como el de Maditos y encarnizados combates de exterminio contra las incursiones de alanos y turcos que amenazaban la supervivencia del imperio cristiano de Oriente.
Muntaner asume en este punto del relato un papel protagonista al frente de la defensa militar de la plaza de Galípoli, resistiendo con un reducido puñado de hombres, mujeres y heridos los feroces y continuos embates de las tropas enemigas mientras los principales caudillos de la Compañía se internaban en expediciones de castigo por el interior del territorio heleno.
Tras el trágico asesinato de Roger de Flor, a manos de las facciones palaciegas recelosas de su inmenso poder, la narración se sumerge en las sangrientas e irreconciliables discordias internas que dividieron irremediablemente a los nuevos líderes almogávares, entre los que sobresalen figuras como Berenguer IV de Entenza, Bernat de Rocafort y Ferran Ximénez de Arenós. Estas disputas civiles culminaron en tragedias personales espantosas y en una tortuosa desvinculación operativa respecto a las directrices políticas emitidas por los reyes de la Corona de Aragón.
El fin de la crónica
En los capítulos que cierran su obra narra su accidentado regreso a los territorios de Occidente y su posterior nombramiento oficial como gobernador de la isla de Yerba y las vecinas islas Querquenes, ubicadas estratégicamente en la actual costa de Túnez. Durante sus siete dilatados años de mandato efectivo en aquellas remotas tierras africanas, un período marcado por el fantasma del hambre, las continuas traiciones de los jeques locales y el azote constante de la guerra abierta contra las armadas del rey Roberto de Nápoles, Muntaner demostró poseer una férrea, eficaz y admirable capacidad de gestión militar, logística y civil.
Bajo su mando se abastecieron de forma ininterrumpida los bastiones y castillos cristianos mediante el envío de naves cargadas de trigo, legumbres, aceite y vino, al tiempo que se sometía con mano de hierro a los clanes rebeldes que se negaban a rendirse o a aceptar la soberanía del rey de Sicilia. Tras hacer entrega de estas posesiones insulares con una impecable pulcritud administrativa y una lealtad a toda prueba, la crónica concluye con los minuciosos preparativos de nuevas campañas navales, tales como la conquista y pacificación de las islas de Cerdeña y Córcega.
Muntaner aprovecha estos momentos crepusculares de su vida y de su obra para pronunciar ante los cortesanos solemnes discursos y profundos consejos rimados en verso, dedicados por entero a ensalzar, proteger y preservar para las futuras generaciones el honor inmaculado, la cohesión territorial y el prestigio político de la esclarecida dinastía de Aragón.