El escultor, grabador y dibujante catalán «Ismael Smith»
Del esplendor artístico al ostracismo psiquiátrico del transgresor Ismael Smith
El transgresor artista catalán de sensibilidad queer que pasó del éxito barcelonés al ostracismo y el trágico confinamiento psiquiátrico estadounidense
La trayectoria de Ismael Smith Marí no es solo la crónica de un artista catalán dotado de una brillantez técnica inusual. Un artista que se negaba a formar parte de la estructura social impuesta por la sociedad de principios del siglo XX. Hijo de Victoriano Smith y Mónica Marí, nació en Barcelona el 16 de julio de 1886. Era un terremoto dentro del ambiente cultural catalán. Su hermana Ana fue una reconocida ilustradora y dibujante.
Fue tildado de un dandi que paseaba su inconformismo por las calles de una ciudad en plena ebullición. Su presencia, envuelta en una estética amanerada, desafiante y deliberadamente andrógina, comunicaba una disidencia que el conservadurismo de la época, tanto en las élites culturales como en la mentalidad familiar, prefería ignorar o, llegado el caso, estigmatizar a través del castigo.
Su obra, que abarcó la escultura, la ilustración satírica, el grabado y el diseño, es un testimonio visceral de su sensibilidad queer. Si en el siglo XVI este término era sinónimo de excéntrico, en el XIX y XX se convirtió en un insulto despectivo homofóbico. En sus creaciones, las figuras no responden a los cánones de virilidad imperantes.
Hay una ambigüedad sexual persistente, una ligereza elegante que roza lo decadente y una ironía que desarma cualquier pretensión de masculinidad hegemónica. Smith habitaba un espacio liminal. Mientras el Noucentisme aspiraba a un ideal de orden, equilibrio y clasicismo, él se movía en las sombras, en lo grotesco y en lo erótico, convirtiéndose en un cuerpo extraño dentro de aquel sistema de valores.
La política fue otro campo de resistencia. No fue un observador pasivo. Su compromiso con el independentismo catalán estaba intrínsecamente ligado a su carácter insumiso. Para él, la soberanía de la nación era un espejo de su propia soberanía individual. El derecho a existir fuera de las estructuras impuestas por el Estado español. Una entidad que él percibía como ajena y represiva.
Su pluma afilada en publicaciones como Papitu y ¡Cu-Cut!, no solo destilaba humor sarcástico contra los poderes establecidos, sino que funcionaba como un arma de combate cultural. Entendía que la liberación de su tierra y la libertad de su propio cuerpo y de su expresión creativa eran partes de una misma cosa.
El entorno barcelonés comenzó a estrechar el cerco sobre su diferencia. Hacia 1919, sintiendo la asfixia de una sociedad que, pese a reconocer su talento, lo señalaba por su comportamiento y su disidencia, decidió trasladarse a Nueva York. Fue una huida hacia adelante, una búsqueda de aire que, irónicamente, lo llevó a un aislamiento mayor.
En la metrópoli estadounidense su carrera artística, que en Barcelona había tenido momentos de gloria técnica, especialmente en la escultura y el diseño de objetos, comenzó a desdibujarse. Lejos de las redes de apoyo y del reconocimiento de sus homólogos, se fue sumiendo en una espiral de soledad y desajustes.
Durante la década de 1930 abandonó casi por completo la creación plástica para entregarse a la medicina. Algo que se convirtió en una trágica obsesión. Convencido de haber hallado la cura definitiva para el cáncer, dedicó cada hora de su vida a investigar una solución que, carente de rigor científico y alejada de su oficio original, marcaba su desconexión definitiva con la realidad artística.
Diseñó una teoría propia basada en la combinación de determinados alimentos, una vida sana y el naturismo. Su obsesión se agravó por motivos familiares, ya que su hermano Isaac falleció en 1951 a causa de un cáncer fulminante. Esta faceta fue el intento desesperado de un hombre por justificar su existencia ante un mundo que solo veía en él a un excéntrico cuya rareza era cada vez más difícil de tolerar.
El colapso de su vida llegó en 1960, cuando fue detenido por la policía debido a las quejas de sus vecinos por pasear desnudo por la calle. Lo internaron en el sanatorio mental de Bloomingdale, en White Plains, Nueva York. Un acto de libertad física, una expresión de su ser, fue leído por la medicina psiquiátrica de entonces como el síntoma definitivo de su patología. Smith, el artista, el disidente, el dandi, fue reducido a un paciente psiquiátrico bajo el peso de un diagnóstico, perturbación del orden público, que hoy podemos considerar como una herramienta de control social.
Pasó los últimos once años de su vida confinado. Lejos de la Barcelona de su juventud, rodeado de muros y bajo la vigilancia de quienes lo consideraban enfermo, no dejó de ser artista. Incluso en el encierro sus manos, movidas por un impulso irrefrenable, continuaron produciendo máscaras esmaltadas. Piezas cargadas de una expresividad trágica y una intensidad desbordante. Estas son el testamento de una mente que nunca se rindió ante la normalización. La última defensa de un individuo que, al serle negada la identidad pública, se refugió en la creación íntima.
Su muerte, el 1 de noviembre de 1972, cerró un ciclo de silencio y ostracismo. Lo enterraron en el Kensico Cemetery en Valhalla, Nueva York. Durante décadas su nombre fue apenas una nota a pie de página, una figura menor en la historia del arte catalán. Gracias a estudiosos como Enrique García-Herraiz y a exposiciones relevantes, como la realizada en el MNAC en 2017, titulada Ismael Smith, la belleza y los monstruos, su obra ha sido rescatada del ostracismo.
Ismael Smith fue un hombre que, en cada gesto, en cada trazo de sus dibujos y en cada una de sus esculturas, gritó su derecho a ser diferente. Hoy en día se le valora como uno de los artistas más innovadores y complejos de su generación. Un dandi transgresor cuya obra, llena de ambigüedad y sarcasmo, resulta fascinante para el público contemporáneo.
Su historia es la de un talento precoz y transgresor que, tras una etapa de éxito brillante en la Barcelona Modernista y Noucentista, cayó en un relativo anonimato al trasladarse a Estados Unidos y abandonar el mundo artístico. Hoy es un artista imprescindible para entender el paso del modernismo a la modernidad en Cataluña.