Incendio en la catenaria de la L1 de Metro de Barcelona

Incendio en la catenaria de la L1 de Metro de BarcelonaEuropa Press

Cataluña

«No venía nadie»: el relato de dos pasajeros atrapados en el incendio del Metro de Barcelona que ahora reclaman responsabilidades

Lejos de dar el episodio por cerrado, ambos han decidido organizar a los afectados para exigir explicaciones por la gestión de la emergencia

«No podíamos bajar del tren, pero tampoco venía nadie». Con esa frase resumen Pau y Glòria los momentos de angustia que vivieron el pasado martes durante el incendio que obligó a evacuar un convoy de la Línea 1 del Metro de Barcelona, entre las estaciones de Glòries y Clot.

Lejos de dar el episodio por cerrado, ambos han decidido organizar a los afectados para exigir explicaciones por la gestión de la emergencia. Piden una investigación independiente que esclarezca qué falló, una revisión de los protocolos de actuación y que TMB asuma el seguimiento médico y psicológico de los pasajeros afectados. También han habilitado un correo electrónico para que otros viajeros puedan sumarse a la iniciativa.

Su principal crítica no se dirige tanto al incendio como a la gestión posterior. Aseguran que la falta de información fue lo que terminó desencadenando el pánico entre los pasajeros. Según explican, todo comenzó cuando empezó a entrar un humo blanco en el vagón. En un primer momento pensaron que podía deberse al sistema de aire acondicionado, pero en pocos minutos el humo se hizo cada vez más intenso. Sin ninguna comunicación por parte del maquinista ni de TMB, la inquietud comenzó a extenderse por el convoy.

La incertidumbre acabó convirtiéndose en pánico. Algunos pasajeros abrieron las puertas de emergencia creyendo que el incendio podía encontrarse dentro del tren. Sin embargo, al bajar a las vías, comprobaron que la situación era todavía peor. «No sabíamos si el fuego estaba delante o detrás», recuerdan. El túnel estaba completamente invadido por el humo y apenas se podía respirar.

Muchos optaron entonces por regresar al interior del convoy. Allí permanecieron durante cerca de veinte o veinticinco minutos, tumbados en el suelo, con pañuelos húmedos sobre la boca y la nariz e incluso refugiando la cabeza bajo los asientos para intentar respirar mejor. A su alrededor, aseguran, había personas llorando, gritando o llamando por teléfono mientras esperaban la llegada de los equipos de rescate.

Durante todo ese tiempo, denuncian, no recibieron ninguna información por megafonía. De hecho, sostienen que fue de manera fortuita como supieron que ya era posible evacuar hacia la estación de Glòries. Pau escuchó al maquinista comunicar por teléfono que la salida ya estaba despejada y fueron los propios pasajeros quienes comenzaron a transmitir el mensaje «de boca en boca» para abandonar el tren caminando por las vías.

Ambos entienden que el maquinista no decidiera mover el convoy marcha atrás. Explican que había viajeros dispersos por las vías y que el conductor desconocía si podía haber otro tren o más personas detrás del convoy, por lo que cualquier movimiento podía haber provocado una tragedia aún mayor.

Una vez en la estación de Glòries, aseguran que la sensación de desorganización continuó. Recuerdan que encontraron a un agente de los Mossos de Esquadra ayudando a los pasajeros a salir, pero que una de las salidas permanecía cerrada y tuvieron que preguntar por dónde debían abandonar la estación. También relatan que fueron los propios viajeros quienes avisaban de la presencia de cables parcialmente calcinados para evitar que alguien los pisara.

«Fue una autoevacuación», sostienen. En su opinión, si desde el primer momento se hubiera informado con claridad de lo que estaba ocurriendo y de cómo debían actuar, buena parte del caos podría haberse evitado.

Tras el incidente, ambos fueron atendidos por los servicios sanitarios y posteriormente acudieron a un hospital para someterse a nuevas pruebas. Aunque las analíticas descartaron una intoxicación grave por monóxido de carbono, reconocen que durante los días posteriores sufrieron dolores de cabeza, molestias respiratorias y episodios de ansiedad. También admiten que todavía no han vuelto a utilizar el metro.

Por ello insisten en que TMB no solo debe esclarecer qué ocurrió durante la emergencia, sino también ofrecer atención a quienes vivieron una experiencia que, aseguran, les ha dejado secuelas físicas y psicológicas. A su juicio, el incendio debe servir para revisar los protocolos de actuación y mejorar la información que reciben los usuarios del metro ante situaciones de emergencia.

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