Jeanne d'Albret Comprando Guantes Envenenados del Perfumista de Catalina de Médici, 1852-1858

Jeanne d'Albret Comprando Guantes Envenenados del Perfumista de Catalina de Médici, 1852-1858

El delirio nacionalista

¿Toda Italia hablaba catalán durante el Renacimiento? El nuevo delirio de la pseudohistoria nacionalista

Sostienen que la Florencia de los Médici, la Roma de los Papas y la Venecia de los dogos eran sucursales lingüísticas y culturales de Barcelona

Los pseudohistoriadores del Institut Nova Història (INH) pretenden que nos creamos que, durante el Renacimiento, toda la península itálica hablaba en catalán. Hay que tener un talento especial para la literatura de ficción, y una preocupante falta de pudor académico, para sostener que la Florencia de los Médici, la Roma de los Papas y la Venecia de los dogos eran, por así decirlo, sucursales lingüísticas y culturales del Casal de Barcelona. La realidad de los archivos históricos, para desgracia del INH, confirman todo lo contrario de lo que ellos sentencian en sus escritos.

Sostener la tesis de que en media Europa y en las cortes más refinadas de Italia se hablaba catalán es, a todas luces, un delirio nacionalista. Ahora bien, por mucho que leamos sus argumentos e intentemos creernos lo que dicen, llegamos a la conclusión que el INH se ha especializado en convertir la influencia comercial y política de la Corona de Aragón en el Mediterráneo en una copia inexistente del Imperio Romano. Para ellos si estos instauraron el latín en medio mundo, la Corona hizo lo mismo con el catalán.

Fantasías lingüísticas del Institut de Nova Història (INH)

Fantasías lingüísticas del Institut de Nova Història (INH)Imagen creada por IA

Para los ideólogos del INH la filología no es una ciencia basada en textos y contextos. Para ellos todo el pasado europeo, aquel que formó parte de la Corona de Aragón es de origen catalán. Por ejemplo, si un noble napolitano firmaba con un giro lingüístico similar al romance oriental, esto no era consecuencia de un bilingüismo cortesano o un intercambio mercantil. Para ellos es un prueba que la historia oficial le ha robado a Cataluña su verdadera identidad. Por eso todo se tradujo al castellano o al italiano, para eliminar la influencia catalana en todos estos territorios.

Para el INH cualquier documento que contradiga sus tesis no es una prueba histórica, sino una falsificación posterior. Si los archivos vaticanos, las actas notariales de Florencia o las cartas de los embajadores de la época están redactadas en toscano, latín o en castellano, la explicación es siempre la misma. Una mano negra, centralista y perversa, se dedicó a borrar meticulosamente el rastro del catalán de toda Europa.

Imaginar a legiones de censores del siglo XVI viajando por bibliotecas de todo el continente, rascando pergaminos con cuchillas y reescribiendo millones de páginas para ocultar que en Nápoles, Roma, Sicilia... no solo se hablaba en catalán, sino que todos los documentos y obras impresas se escribían en esta lengua, es una auténtica locura y un insulto a la inteligencia.

Lo que fascina es la inmunidad al ridículo. Al negar la validez de la historiografía oficial por considerarla españolista o sometida al poder, se excluyen de cualquier debate académico serio. Esto no les importa. No quieren recibir ningún reconocimiento académico. Ellos apelan al sentimiento, al agravio y a la idea que la historia la escriben los vencedores y borran el pasado de los vencidos. Con lo cual cualquier argumento que afirme el uso, durante el Renacimiento, de dialectos itálicos es descartado al considerarlo adoctrinamiento de aquellos que quieren borrar la historia.

Detrás de este empeño por demostrar que el catalán era la lengua franca de las élites artísticas e intelectuales de Europa se esconde un profundo complejo de inferioridad. La historia real de la lengua catalana en los siglos XV y XVI es lo suficientemente rica, compleja y digna de estudio como para no necesitar tergiversarla. El catalán fue la lengua de la cancillería real, una herramienta de comercio de primer orden en el Mediterráneo y el vehículo de una literatura medieval con escritores excelentes como Joanot Martorell o Ausiàs March. El INH necesita que el catalán no solo fuera una lengua importante en su ámbito, sino la lengua dominante del pensamiento universal.

Esta necesidad de tergiversar un pasado lingüístico que nunca existió revela la incapacidad que tienen para aceptar la diversidad que hubo en el Renacimiento. Aquella época no era un tablero de ajedrez lingüístico monolítico. En las cortes peninsulares e itálicas se cruzaban el latín, el italiano en sus diversas variantes regionales, el castellano, el catalán y el francés.

Ningún filólogo defendería que el italiano moderno brotó de la nada, ignorando la fuerza cultural del modelo literario de Dante Alighieri, Francesco Petrarca o Giovanni Boccaccio, que ya en el siglo XIV había fijado el toscano como el estándar del prestigio. Pretender que todo esto era solo un decorado para ocultar que la verdadera lengua de la cultura europea era la de los condes de Barcelona es, además de una falta de respeto a la cultura italiana, un ejercicio de analfabetismo funcional voluntario.

El verdadero problema no es que un grupo de entusiastas se reúna en un congreso para contar que Colón salió del puerto de Pals y no de Palos, que Santa Teresa nació en Cataluña o que Artur Mas es descendiente de Erasmo de Rotterdam. El peligro radica en la recepción de estas tesis por parte de ciertos sectores políticos y sociales que, sedientos de mitos y relatos épicos, han financiado, jaleado y legitimado todo esto durante años. Cuando los medios públicos y las subvenciones institucionales dan voz a la pseudohistoria, se rebaja el nivel cultural de toda una sociedad y se la desarma frente a la manipulación.

Utilizar la historia, ya sea la documental como la lingüística para inventar unos supuestos pasados gloriosos solo conduce al aislamiento intelectual. Y no es cierto que no les importe, porque el hombre siempre busca el prestigio y el respecto. Lo que consigue el INH con su insistencia en ver la influencia catalana en todas partes es destruir una tradición historiográfica, con nombres tan destacados como Santiago Sobrequés, Ferran Soldevila, Antonio Rovira i Virgili, Jaume Vicens Vives, Francesc Valls Taberner, Francesc Carreras i Candi, Miquel Coll i Alentorn, Ferran de Segarra entre otros, rigurosa, seria y respetada en el hazme reír de la comunidad científica internacional.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas