Josep Lluís Trapero

Josep Lluís TraperoEFE

Perfil

Josep Lluís Trapero, el policía a quien el procés convirtió en símbolo

El mayor de los Mossos fue juzgado por rebelión y absuelto antes de ser recuperado por Illa para la dirección de la Policía autonómica

Josep Lluís Trapero ha vivido prácticamente toda la historia moderna de los Mossos de Esquadra desde dentro. Entró en el cuerpo en 1990, cuando todavía estaba en plena expansión, y durante más de tres décadas fue ascendiendo desde la policía de calle hasta convertirse en su máximo responsable. Una carrera policial que terminó cruzándose con el episodio político más convulso de la Cataluña reciente y que hizo de Trapero una figura difícil de encasillar: el proceso independentista.

Nacido en 1965, creció en Santa Coloma de Gramenet y se formó en la Escuela de Policía de Cataluña. Su trayectoria estuvo muy vinculada a la investigación criminal: fue jefe de distintas unidades territoriales y, posteriormente, de la Comisaría General de Investigación Criminal. En 2006 se licenció en Derecho y completó su formación con estudios de seguridad pública, blanqueo de capitales y financiación del terrorismo. También realizó formación en la academia del FBI.

En 2013 llegó a la jefatura de los Mossos como comisario. Cuatro años después fue ascendido a mayor, recuperando para el cuerpo una categoría que llevaba años vacante. Su nombre comenzó entonces a hacerse conocido fuera de los círculos policiales.

Y entonces llegaron los atentados del 17 de agosto de 2017. Trapero se convirtió en la cara visible de la respuesta policial a los atentados yihadistas de Barcelona y Cambrils. Sus comparecencias, con un estilo directo y poco dado al lenguaje político, proyectaron una imagen de firmeza y profesionalidad. Los Mossos recibieron un amplio reconocimiento por aquella actuación y Trapero pasó a ser conocido en toda España. Pero su momento de mayor popularidad llegó inmediatamente después y tuvo un componente político que marcaría para siempre su trayectoria.

El mayor convertido en icono

El 1-O convirtió a Trapero en una de las figuras centrales del llamado procés. El independentismo encontró en él al policía catalán que, a sus ojos, podía garantizar que los Mossos no se pondrían al servicio del Estado para impedir el referéndum ilegal.

La imagen llegó mucho más lejos que la política. Trapero se convirtió en un personaje de la cultura popular del independentismo: aparecieron camisetas, tazas, chocolatinas y otros productos con su rostro. Y una frase pronunciada en una comparecencia meses antes ante los periodistas, «Bueno, pues molt bé, pues adiós», acabó convertida en uno de los lemas de aquellos meses.

El Mayor de los Mossos d'Esquadra, Josep Lluis Trapero (d), acompañado por el comisario jefe del cuerpo, Eduard Sallent

Josep Lluis Trapero, acompañado por el excomisario jefe del cuerpo, Eduard SallentEFE

Había, sin embargo, una paradoja. Trapero no había ordenado a los Mossos desobedecer a los tribunales. Internamente había instruido a los agentes para cumplir las resoluciones judiciales que ordenaban impedir el referéndum. Pero también defendió la autonomía operativa del cuerpo y mantuvo importantes discrepancias con el dispositivo coordinado por el coronel de la Guardia Civil Diego Pérez de los Cobos.

En los días previos al 1-O, Trapero tampoco hizo un desmarque público inequívoco de la consulta. Esa posición alimentó la expectativa de los independentistas y, al mismo tiempo, las sospechas de quienes temían que la policía catalana pudiera actuar como una policía al servicio de la Generalitat.

El resultado fue una imagen deliberadamente ambigua: para una parte del independentismo, Trapero era el policía que no se sometía a Madrid; para otros, era el responsable de que los Mossos de Esquadra no hubieran movido ni un dedo para impedir el referéndum ilegal. Esa contradicción explica por qué llegó a convertirse en un icono sin haber sido nunca un dirigente independentista.

Del 155 al banquillo

Después del 1-O, la historia dio un vuelco. Con la aplicación del artículo 155, Trapero fue cesado. Poco después tendría que responder ante la Audiencia Nacional por su actuación durante el procés. La Fiscalía llegó a pedir para él once años de prisión por rebelión. El juicio colocó al mayor de los Mossos en el centro de uno de los procesos judiciales más importantes derivados del desafío independentista.

En octubre de 2020, la Audiencia Nacional lo absolvió. El tribunal concluyó que no había quedado acreditado que hubiera participado en una estrategia para favorecer la independencia, y la Fiscalía decidió finalmente no recurrir la sentencia. Trapero recuperó entonces el mando operativo de los Mossos. Volvió a ser mayor en 2020 y permaneció al frente del cuerpo hasta diciembre de 2021. Después pasó a dirigir la Comisaría General de Inspección y Evaluación.

El regreso de la mano de Illa

Su historia todavía tendría un último giro político. Salvador Illa lo convirtió en una de las grandes apuestas de su campaña electoral de 2024. Si llegaba a la Generalitat, prometió recuperar a Trapero. Cumplió su promesa. En agosto de 2024 fue nombrado director general de la Policía, un cargo político distinto del de jefe operativo de los Mossos.

Su regreso pretendía simbolizar una nueva etapa para una policía que todavía arrastraba el peso del procés. Pero tampoco esta segunda vuelta estuvo exenta de problemas. Durante sus dos años como director general, Trapero ha tenido que afrontar la lucha contra la multirreincidencia, la proliferación de armas blancas, la expansión de la videovigilancia y diferentes polémicas, entre ellas la infiltración de agentes en asambleas de docentes.

Ahora vuelve a apartarse.Su dimisión se produce en plena remodelación de la cúpula de Interior y en vísperas de la jubilación del comisario jefe Miquel Esquius. La salida de Trapero abre una nueva etapa en los Mossos y cierra, al menos por ahora, una trayectoria extraordinaria.

Porque Trapero ha sido policía de calle, investigador criminal, comisario jefe, mayor, protagonista de la respuesta a los atentados del 17-A, símbolo del procés, acusado de rebelión, absuelto, cesado, recuperado y finalmente nombrado director general por el presidente que prometió devolverlo a la primera línea. Ahora vuelve a decir adiós.

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