La consejera de Interior, Núria Parlon, en el centro, flanqueada por Ferran López y Sílvia Català

La consejera de Interior, Núria Parlon, en el centro, flanqueada por Ferran López y Sílvia CatalàEuropa Press

Los viejos retos de la nueva cúpula de los Mossos: de las mafias con armas de guerra a las polémicas internas

La nueva cúpula de los Mossos afronta el auge de los tiroteos y la multirreincidencia mientras Interior intenta cerrar sus frentes internos

La salida de Josep Lluís Trapero culmina el cambio de la cúpula de los Mossos, pero no cambia los problemas que tiene encima de la mesa el Departamento de Interior. Núria Parlon recupera ahora el control político de la consejería y lo hace con dos palabras que ha repetido en su comparecencia: crimen organizado y multirreincidencia. Dos fenómenos distintos, pero que tienen algo en común: están condicionando cada vez más el debate sobre la seguridad en Cataluña.

El primero preocupa especialmente por el salto cualitativo de algunas organizaciones criminales. Los tiroteos vinculados al narcotráfico y las disputas entre bandas se han convertido en uno de los fenómenos que más inquietan a los investigadores. En 2025 los tiroteos aumentaron un 45 % en Cataluña y los Mossos detuvieron a 293 personas por uso o tenencia de armas de fuego, frente a las 248 del año anterior.

Y el problema no parece haberse quedado atrás este año. Solo entre enero y junio, los Mossos han intervenido 179 armas de fuego, un 14 % más que en el mismo periodo de 2025. En esos seis meses se produjeron además incidentes con armas de fuego que dejaron 27 heridos y seis muertos.

Los datos explican por qué Interior coloca el crimen organizado entre sus prioridades. Detrás aparecen el narcotráfico, el cultivo de marihuana, los narcoasaltos y unas bandas que recurren con mayor facilidad a las armas. De hecho, los Mossos atribuyeron al crimen organizado seis asesinatos a tiros registrados en Cataluña durante los primeros meses del año.

El otro gran problema es más cotidiano, pero afecta directamente a la sensación de seguridad: la multirreincidencia. Aquí las cifras también son difíciles de ignorar. Entre 2021 y 2024, el número de personas con siete o más detenciones aumentó un 140 %. Solo en 2024, 637 personas fueron detenidas 6.993 veces.

Es cierto que los datos más recientes apuntan a una evolución favorable. La criminalidad cayó un 9,9 % en el primer semestre de 2026 y los delitos vinculados a la multirreincidencia se redujeron un 40 % en los dos primeros meses del año. Pero el problema sigue estando ahí. Y Parlon ha introducido ahora otro elemento en la ecuación: la percepción de inseguridad.

Interior admite que no siempre basta con que bajen las estadísticas para que el ciudadano se sienta más seguro. Un delito cometido por un reincidente, un robo violento o un tiroteo en plena calle tiene un impacto que va mucho más allá de la cifra que acaba reflejada en una estadística.

Pero Parlon no recibe únicamente una consejería con deberes en materia de seguridad. Recibe también un Departamento que llega al relevo con varias polémicas a cuestas.

La más reciente y polémica fue la infiltración de dos agentes de los Mossos en una asamblea de profesores. El episodio provocó una fuerte contestación política y obligó a la propia Parlon y a Trapero a admitir que se había cometido un error. La consellera pidió disculpas y anunció cambios en los mecanismos de supervisión de este tipo de operaciones.

A esto se suman los reproches procedentes del independentismo por la actuación de los Mossos durante determinadas movilizaciones. Dirigentes como Oriol Junqueras han cuestionado la contundencia policial en protestas independentistas y antisistema, mientras otros sectores de la oposición han criticado dispositivos concretos de orden público.

Todo ello deja a Parlon ante un escenario complejo. Tiene que reforzar la respuesta frente al crimen organizado y la multirreincidencia, mejorar la percepción de seguridad y, al mismo tiempo, recomponer la relación de los Mossos con algunos sectores sociales y políticos después de meses de polémicas.

Parlon cuenta ahora con una nueva cúpula para intentarlo. Ferran López sustituirá a Trapero como director general y Sílvia Catà asumirá la jefatura de los Mossos. El cambio pretende cerrar una etapa marcada por las discrepancias y devolver a la consellera un mayor margen de decisión sobre la policía catalana.

Pero los problemas no se resuelven cambiando los nombres de la cúpula. La nueva dirección tendrá que enfrentarse a unas mafias que ya no dudan en utilizar armas de fuego, a una multirreincidencia que durante años ha sido uno de los grandes quebraderos de cabeza de la seguridad catalana y a una ciudadanía que reclama resultados, pero también explicaciones.

Y, por si fuera poco, tendrá que hacerlo intentando pasar página de las polémicas internas y políticas que han acompañado a Interior en los últimos meses.

Ese es el verdadero examen que empieza ahora para Parlon: conseguir que el cambio de cúpula no sea solo un relevo de nombres, sino el comienzo de una nueva etapa para los Mossos.

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