Imagen de archivo del pueblo de Peguera.

Imagen de archivo del pueblo de Peguera.Àlex vía Wikimedia Commons

Pueblos abandonados en Cataluña

Con este listado te invitamos a descubrir la belleza de algunos de los pueblos abandonados de Cataluña

Cataluña conserva más de un centenar de localidades sin un solo habitante en el padrón, y varios cientos de núcleos más en distinto grado de abandono, según los recuentos especializados. Un recorrido por diez de estos despoblados lugares —del Baix Camp al Alt Empordà, de la Segarra a la Terra Alta— permite reconstruir el proceso que vació la Cataluña rural a lo largo del siglo XX: la escasez de agua, el fin de la actividad minera, las plagas que arruinaron los viñedos y el imán de las ciudades industriales.

En la mayoría de casos, la despoblación fue un goteo silencioso de familias que buscaron en el llano o en la costa lo que la montaña ya no podía darles. Lo que quedó fue un patrimonio de piedra —iglesias románicas, castillos, bodegas y masías— que la vegetación ha ido reclamando para sí. Aquí os dejamos un listado de poblaciones abandonadas para visitar, aunque vale la pena buscar antes un lugar en algún pueblo cercano donde comer.

La Mussara (Baix Camp). A más de 1.000 metros de altitud, en la sierra del mismo nombre, este despoblado del término municipal de Vilaplana aparece citado ya en una carta de población de 1173. La escasez de agua y la dureza de la tierra fueron minando su vecindario hasta que en 1959 se marchó el último habitante. En pie destaca la antigua iglesia de San Salvador, con su campanario de 1859; alrededor se conservan varios edificios en ruinas.

Iglesia de San Salvador, en el despoblado de La Mussara (Vilaplana, Baix Camp, Cataluña).

Iglesia de San Salvador, en el despoblado de La Mussara (Vilaplana, Baix Camp, Cataluña).Picasa vía wikimedia

Marmellar (Baix Penedès). Bajo las ruinas de su castillo medieval, este antiguo señorío agrícola del término de El Montmell llegó a contar con 26 habitantes en 1970. Un gran incendio forestal en 1976 terminó por condenarlo al abandono. La hiedra trepa hoy por los muros y los techos han cedido, pero la iglesia románica de Sant Miquel se mantiene todavía en pie.

Imagen de archivo del pueblo Marmellar (Baix Penedès, Cataluña).

Imagen de archivo del pueblo Marmellar (Baix Penedès, Cataluña).Joan Grífols (calafellvalo) vía Flickr

Peguera (Berguedà). Su nombre procede de las antiguas «pegueras», los hornos donde se extraía la resina de los pinos. La industrialización convirtió este valle del término de Fígols en uno de los enclaves del lignito catalán: a partir de finales del siglo XIX se abrieron minas como Pepita, Moreta o Eureka, y en 1911 nació Carbones de Berga. El cambio de modelo energético apagó la actividad y el valle, junto al pantano de La Baells, quedó a expensas del bosque.

Imagen de archivo del pueblo de Peguera.

Imagen de archivo del pueblo de Peguera.Àlex vía Wikimedia Commons

Selma (Alt Camp). A 743 metros de altitud, a los pies de la sierra de Montmell, su topónimo —de origen árabe— se traduce como «lugar seguro». Su castillo aparece documentado en 977 y la localidad quedó ligada durante siglos a las órdenes militares: fue encomienda templaria y después hospitalaria. Las crisis agrícolas y la lejanía de las nuevas carreteras terminaron de vaciarlo a principios del siglo XX.

Visita del pueblo abandonado de Selma en la Comarca del Alt Camp, en Cataluña.

Visita del pueblo abandonado de Selma en la Comarca del Alt Camp, en Cataluña.Joan Grífols (calafellvalo) vía Flickr

Jafra (Garraf). En pleno parque natural y en el término municipal de Olivella, este antiguo llogaret figura documentado desde 1139 y su topónimo procede, según los especialistas en toponimia, de un nombre personal árabe. La iglesia de Santa Maria, con rector citado ya en 1305, forma parte del Inventari del Patrimoni Arquitectònic de Catalunya. La tradición local le atribuye episodios de brujería y sucesos extraños.

Imagen de archivo del pueblo abandonado de Jafra, en el Garraf, Cataluña.

Imagen de archivo del pueblo abandonado de Jafra, en el Garraf, Cataluña.Jorge Carballo vía Google Maps

Montlleó (Segarra). Sobre una colina de 677 metros que domina la meseta segarrenya, las referencias documentales se remontan al siglo X. Del castillo que dio nombre al pueblo solo quedan escombros; de su pasado medieval resta en pie la iglesia románica de Santa Maria, protegida como patrimonio y principal vestigio de un núcleo hoy despoblado.

Imagen de archivo del pueblo abandonado de Montlleó, en Cataluña.

Imagen de archivo del pueblo abandonado de Montlleó, en Cataluña.Angela Llop via Wikimedia Commons (Picasa)

Aramunt Vell (Pallars Jussà). Es una de las joyas de esta geografía del olvido: una villa cerrada medieval de carácter defensivo, con cerca de mil años de historia, cuyas casas formaban muralla y a la que se accedía por tres portales. En el siglo XX sus vecinos bajaron al nuevo Aramunt, en el valle, empujados por las penosas condiciones de vida y la falta de agua. Desde arriba se divisa el embalse de Sant Antoni.

El Castell de Aramunt está situado arriba de una colina en el nordeste del pueblo de Aramunt, perteneciendo al antiguo término de Aramunt, actualmente del término de Conca de Dalt, de la comarca del Pallars Jussà.

Imagen de archivo del Castell de Aramunt, situado arriba de una colina en el nordeste del pueblo de Aramunt, perteneciendo al antiguo término de Aramunt, actualmente del término de Conca de Dalt, de la comarca del Pallars Jussà.Ramon Oromí

Molinàs (Alt Empordà). A unos cuatro kilómetros de Colera y muy cerca de la frontera con Francia, este vecindario nació en 1773 y llegó a reunir un centenar de habitantes. La filoxera y la helada de 1956 golpearon su agricultura; el aislamiento aceleró una despoblación que se consumó a finales de los años 70, cuando muchas familias ya habían buscado futuro en los pueblos de la costa.

Imagen de archivo del pueblo de Molinàs, en Cataluña.

Imagen de archivo del pueblo de Molinàs, en Cataluña.Quelet vía Viquipèdia.

Conill (Urgell). Muy cerca de Tàrrega, este pequeño núcleo se formaba por apenas cinco casas pairals del siglo XVIII en torno a la iglesia de la Mare de Déu del Roser, construida en 1702. Despoblado hacia 1980, en 1989 se planteó transformarlo en un centro de rehabilitación para personas con adicción a las drogas, un proyecto que fracasó por el rechazo de parte del vecindario.

Imagen de archivo del pueblo de Conill.

Imagen de archivo del pueblo de Conill.Ramon Oromi Farre

Pinyeres (Terra Alta). Esta antigua villa del término de Batea sumó hasta dieciocho viviendas y fue municipio independiente hasta 1841. Perdió a su última familia en 1973 y desde entonces permanece deshabitada. Pero Pinyeres se niega a morir: cada primer fin de semana de agosto, los descendientes de sus antiguos habitantes regresan para celebrar la festividad de Sant Salvador y devolverle al pueblo un soplo de vida.

Imagen de archivo del pueblo de Pinyeres.

Imagen de archivo del pueblo de Pinyeres.Jbarberà vía Wikimedia Commons

La conservación de todas estas localidades depende casi siempre del empeño de asociaciones y descendientes, como en Pinyeres, frente al abandono institucional.

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