El Rey Felipe VI en la Taberna del Alabardero
El restaurante de Madrid convertido en la segunda casa del Rey Felipe VI
Antes de poner rumbo a Finlandia, el monarca se citaba en esta taberna al lado del Teatro Real con su círculo de amigos
a la sombra del Teatro Real, en 1974, el sacerdote Luis Lezama abría una taberna en una antigua carbonería. Su lema era enseñar a pescar en lugar de dar peces y por ello puso a trabajar a un grupo de chavales que se ocupaba de recoger cartones de la calle y venían de provincias sumidas en la pobreza. Medio siglo después, la Taberna del Alabardero continúa consolidada como un espacio gastronómico frecuentado por el Rey Felipe VI, quien el pasado fin de semana, antes de poner rumbo a Finlandia se citaba allí con su círculo de amigos, tal y como ha publicado la revista Semana. El monarca suele decantarse por este ambiente castizo y de taberna vasca tradicional para sus cenas informales con su gente de toda la vida.
Cada rincón del local rezuma historia. La barra proviene de Chinchón, un regalo del alcalde al propio Luis Lezama, y forma parte de la película de La Vuelta al Mundo en ochenta Días. Otra barra, adquirida por el propio Lezama para la apertura, perteneció a una muy antigua taberna madrileña ya desaparecida. Incluso la lámpara que ilumina el local tiene su origen en unos históricos salones de billar de la capital.
La taberna debe su nombre a la Compañía de los Alabarderos, los miembros de la Guardia Real encargados de custodiar los Reales Alcázares y el Palacio Real. Su origen se remonta a principios del siglo XVI. Reciben este nombre por la alabarda que es la lanza que les acompaña durante su servicio.
Barra de pinchos de Taberna del Alabardero
El restaurante mantiene una mesa en honor a su primer cliente ilustre José Bergamín, poeta de la generación de 27. Durante los años 70 y 80, fue un escenario habitual para forjar pactos políticos. Figuras fundamentales de la Transición como los expresidentes Adolfo Suárez y Felipe González, o el líder de Alianza Popular Manuel Fraga, eran clientes habituales de sus famosas tertulias. En el ámbito literario, la taberna acogió largas reuniones de escritores e intelectuales de renombre internacional, como Julio Cortázar, junto a Rafael Alberti y Vicente Aleixandre.
El local cuenta con una atractiva barra de pinchos vascos de Amurrio de Álava. Lo más demandado es el croquetón de jamón ibérico (muy elogiado por su cremosidad), seguido de la brocheta de pulpo, el solomillo ibérico con queso Brie o la clásica tortilla de patatas con cebolla como protagonistas. Su carta combina raciones ideales para compartir, platos de cuchara, pescados y carnes. Platos insignes como el rabo de toro estofado y el cochifrito de cochinillo lechal, la merluza con almejas o el bacalao confitado en salsa vizcaína de pimiento choricero.
Bacalao a la bilbaína
El toque dulce lo pone su famosísima torrija del Alabardero caramelizada con helado de vainilla, considerada de forma unánime por la crítica como una de las mejores de todo Madrid.