Un cartel indica la dirección de los trenes de alta velocidad en la estación de Barcelona-Sants
La Alta Velocidad entre Madrid y Barcelona ha perdido 1,6 millones de viajeros durante los últimos nueves meses
Los pasajeros de la Alta Velocidad entre Madrid y Barcelona han caído un 13 % desde la tragedia de Adamuz. Diariamente 44 trenes conectan Madrid con Barcelona por Alta Velocidad. De ellos, 25 son de Renfe, 14 de Iryo y 5 de Ouigo. Hay que tener en cuenta que los 44 viajes son 88 trayectos de ida y vuelta.
El descenso de pasajeros provocado por la desconfianza en la seguridad ha llevado a una cierta resurrección del Puente Aéreo, que ha ganado un 4,2 % de pasajeros entre enero y septiembre. Las cifras no cubren la caída del tren así que puede concluirse que ha habido una contracción en las relaciones entre las dos principales ciudades españolas.
La patronal catalana Pimec ha valorado en 922 millones un potencial cierre del corredor entre Madrid y Barcelona, posibilidad insinuada por el ministro Óscar Puente y posteriormente desmentida, no sin que antes el presidente de la Generalitat de Cataluña, Salvador Illa, rechazara esta opción.
Según la organización empresarial, una reducción del 30 % de oferta de la alta velocidad entre Barcelona y Madrid representaría un impacto de 1.409 millones en cinco años entre mayores costes de desplazamiento, lucro cesante y tiempo perdido.
El impacto de una restricción y caída en la confianza del AVE no solo afecta a Madrid y Barcelona sino también a las ciudades por donde discurre el tren y que cuentan con parada: Tarragona, Lérida, Zaragoza, Calatayud y Guadalajara. Un estudio del colegio de economistas de Cataluña, en 2019, indicó que en las seis provincias por donde discurre el AVE (y que cuentan con parada) entre Madrid y Barcelona, creció en un 3,3 % el número de empresas creadas relacionadas directamente con la posibilidad de trasladarse con facilidad y conectarse con las dos ciudades, motor de la economía españolas. El trabajo realizado por los economistas indicó una mejora del 1,08 % de la productividad en las empresas de estas provincias.
Más allá del ámbito de los negocios, el turismo también sufriría efectos importantes de la restricción del AVE. La estación de Camp de Tarragona es la puerta de entrada a Port Aventura y las playas de la Costa Dorada con Salou, una de las capitales del turismo de sol y playa de España, al frente. El 67 % de los 5,3 millones de visitantes del parque temático reconocen haber llegado a la Costa Dorada en tren.
En una situación parecida está Figueres, última estación de AVE en España y punto de acceso a la Costa Brava. La estación de Figueres-Vialfant acogió el último año 1,5 millones de pasajeros y es clave para el desarrollo de infraestructuras turísticas como el Museo Dalí, que tuvo el año pasado 760.000 visitantes.
Para ciudades como Calatayud, con 15 paradas diarias, la modificación del corredor también sería un mazazo. Además, la ciudad ya recibió mal el retraso del proyecto de universidad NCI Aragón. En Calatayud se sienten reflejados en la dinamización que ha vivido Segovia gracias al campus del IE y confían en la alta velocidad para atraer, en un futuro cercano, estudiantes tanto de Madrid como de Barcelona.
Gerona y Guadalajara son las estaciones mas cercanas a Barcelona y Madrid respectivamente y en esas ciudades, que han vivido un crecimiento demográfico importante gracias al AVE, ven con temor posibles restricciones del servicio. Miles de personas se han trasladado de las dos capitales a estas ciudades buscando precios más asequibles en la vivienda pero han conservado el trabajo en las capitales, los cambios a la baja en los horarios supondrían un problema en sus proyectos de vida. El flujo de madrileños trasladados a la ciudad de Castilla la Mancha ha crecido desde 2003 cuando se abrió el tramo Atocha-Guadalajara Yébenes.