Detalle del esgrafiado en la fachada de la Casa dels Quatre Rius, en Barcelona
Rutas por Barcelona
La razón por la que en Barcelona hay tantos edificios que lucen esta particular técnica decorativa
El esgrafiado fue obligatorio durante años para poder construir en la capital catalana
El esgrafiado es una técnica ornamental arquitectónica utilizada para la decoración en el enlucido y revestimiento de muros, tanto en el exterior como en el interior de los edificios. Ya lo utilizaban los romanos, tomó gran importancia en el Renacimiento y en España tenemos grandes ejemplos en Segovia, Toledo y Guadalajara.
En Cataluña fue muy utilizado dentro del movimiento novecentista, de la mano de Jeroni Granell Mundet y Josep Maria Jujol. En la ciudad de Barcelona también encontramos esta técnica ornamental. Muchos son los barrios que poseen casas esgrafiadas, aunque la mayoría se centran en Ciutat Vella y el Eixample. Otros barrios son Gràcia, Sants, Poble Sec o Sarrià.
Podemos destacar, como símbolos de esta técnica, el Palacio Moxó (calle de la Daguería 4), la casa dels Quatre Rius (calle Avinyó 30), la casa del Gremi de Revenedors (plaza del Pi 3), la casa del Gremi de Velers (o casa de la Seda, en la calle de Sant Pere Més Alt 1), la casa Llopis Bofill (calle Bailén 113), la casa Gallissa (calle Angel J. Baixeras 7), la casa Magí Llobet Sala (calle Tapioles 51), la casa San Salvador (Passeig de la Mare de Déu del Coll 79), la casa Bruguera (calle de la Boquería 32) o la casa Ametller (Passeig de Gràcia 41).
Fachada del Palacio Moxó, en Barcelona, decorado con esgrafiado
En total, en toda Barcelona hay 1.500 edificios esgrafiados. De ellos 800 se encuentran en el Eixample. Antes de que fueran derrumbadas las murallas de Barcelona a mediados del siglo XIX, la ciudad ya contaba con 400 edificios esgrafiados. Gran parte de ellos fomentados por el Ayuntamiento de Barcelona. ¿Por qué? Existía una necesidad de crecimiento.
La gente necesitaba casas y no había terreno para construir, por eso se decidió dejar crecer los edificios a lo alto. Esto también lo repitió, años después, el alcalde José María Porcioles. A diferencia de este último, en el siglo XIX se les pedía a los propietarios, o a los constructores, que una vez terminada la reforma la fachada fuera esgrafiada: era una condición obligatoria para conceder el permiso de obras. Aquellos que no cumplían con esta normativa municipal eran multados con 100 reales.
En el Eixample los artistas se centraron en ornamentos vegetales, en gran medida porque consideraban que allí había pocos árboles o plantas. De esta manera se suplía una carencia. El esgrafiado más antiguo de Barcelona lo encontramos en la Plaça del Pi número 3, datado en el 1685. El edificio perteneció al gremio de tenedores y revendedores, teniendo en la fachada al patrón del gremio San Miguel.
En la parte baja encontramos la centenaria cuchillería Roca. Es uno de los establecimientos más antiguos de Barcelona. Abierta desde 1916, esta tienda, que inició su actividad con la venta de navajas de afeitar y bisturís de calidad, se ha convertido en parte de la imagen colectiva de una de las plazas con más historia de Barcelona.
Fachada de la Cuchillería Roca, en Barcelona
Ramon Roca se hizo famoso por sus navajas de afeitar y bisturís, y ya en los años 30 por introducir las cuberterías de acero inoxidable sueco, que hasta los años 50 no se empezaron a fabricar en Cataluña. El edificio es adyacente al palacio del Barón de Maldá. Para aquellos que quieran profundizar en esta técnica ornamental, es muy recomendable el libro Barcelona esgrafiada de Lluís Durán, publicado por el Ayuntamiento de Barcelona.
La iglesia de Sant Celoni
Para nuestra ruta siguiendo esta técnica, empezaremos en la fachada de la iglesia de San Martín de Sant Celoni (Barcelona), un edificio enclavado en el barroco catalán del 1762. Es una de las obras más importantes de esta técnica y destaca por su buena conservación.
Se ha restaurado en 1965 y 2003, y cuenta con una fachada de gran carácter pedagógico: en la parte inferior se explican las virtudes que uno debe practicar en la tierra para llegar a la gloria celestial. Dos arcángeles protegen la puerta. Uno de ellos es San Miguel montado sobre un dragón. En los extremos, dos alegorías: una dedicada a la Justicia y la otra a la Caridad.
Fachada de la iglesia de San Martín, en Sant Celoni
En el primer piso, sobre las aletas de la portada, están representadas la Fe y la Esperanza. La primera lleva los ojos tapados, un cáliz y una cruz. La segunda está representada con un ancla. Las acompañan dos ángeles con las llaves de San Pedro y la tiara, símbolos de la Iglesia Católica. Un coro de ángeles, tocando instrumentos, dan la bienvenida a la gloria celestial.
A los extremos, San Celedonio y San Emeterio, dos hermanos romanos decapitados por orden o de Diocleciano o de Valeriano. Ambos son patrones de la ciudad de Santander y de Calahorra, donde fueron martirizados. También están representados un grupo de angelitos. Algunos duermen, otros cargan cestos de fruta o juegan con pájaros.
En la parte alta, un ángel con la trompeta del Juicio Final. Al lado dos angelitos con los atributos de San Martín, patrón de la iglesia, el báculo de obispo y la mitra. También vemos la fecha, 1762, que es cuando se finalizó el esgrafiado.