'El garrote vil', cuadro de Ramón Casas pintado en 1894
Historias de Barcelona
Las prisiones de Barcelona: de la cárcel romana al preso que necesitó un exorcismo antes de ser ahorcado
Un recorrido histórico por las antiguas cárceles de Barcelona y algunos de sus inquilinos más célebres
La primera prisión que hubo en Barcelona se remonta a la época romana. Estaba ubicada en la actual calle de la Boquería, cerca de Banys Nous. Allí, según la tradición o leyenda, estuvo encerrada Santa Eulalia.
Para conocer la segunda debemos trasladarnos al siglo XIII. Al final de lo que hoy es la calle Llibreteria, que acaba en la plaza del Ángel, estaba una de las puertas amuralladas de Barcelona, el Portal del Mar, que se llamaba así porque antaño a partir de ahí solo habían descampados y playa. Aún no se había empezado a construir alrededor de la iglesia de Santa María del Mar. También se la conocía como portal de la Ciudad o de Santa Eulalia, porque había una imagen de la santa.
El castillo del Veguer formaba parte de este portal: primero fue residencia del vizconde de Barcelona y, a partir del siglo XIII, del veguer. Este era la autoridad delegada de la corona en una demarcación, con jurisdicción gubernativa, judicial y administrativa. En ese edificio, a parte de la vivienda del veguer, había el tribunal y la prisión. Este cargo se suprimió en 1716.
El edificio, ya desaparecido, ocupaba desde la calle del Veguer hasta la actual calle Jaime I y limitaba por la plaza del Ángel y subía por la calle Tapinería. En la parte de montaña limitaba con la Plaza del Rey. El edificio estaba coronado por dos torres octogonales. En la de la izquierda hoy en día están el Hotel Suizo y la pastelería La Colmena, y en la derecha tenemos la cerería Subirá. En medio, la calle que daba entrada a la ciudad. Esta ha cambiado de nombre a lo largo de los años: ha sido la Bajada de Santa Eulalia, de la Cort, de la Prisión y ahora de la Llibretería.
Del edificio sólo se conserva un muro, que es medianero con el Museo de Historia de Barcelona. Este linda con la Casa Padellás, el edificio gótico desmantelado al abrirse la Vía Layetana y trasladado hasta su actual ubicación, que es la entrada del museo.
Render de la reforma de la Casa Padellàs
Esta cárcel estuvo en activo hasta 1839. En ese momento el edificio fue derribado. Los que encerraban allí eran sometidos a una ruta de castigo que se conocía como «pasar Bòria avall». El reo era montado en un caballo y lo azotaban desde la calle Bòria hasta llegar a la prisión.
Otras prisiones
Otra cárcel, según dejó escrito el folclorista Joan Adames, era la del Castell Nou en el Call. También había otra llamada Prisión del Rey, en el Palacio Real Mayor, en la Plaza del Rey. Los allí encerrados dormían en el suelo y, los que se lo podían permitir, alquilaban un camastro. Los piojos y pulgas los acribillaban. Explica Amades que en la cárcel había una cisterna donde se ahogaba a los presos y que ante la cárcel existía la picota donde se exponía a los ladrones.
Una de las historias curiosas que explica es la de un preso condenado a muerte que tuvo que ser exorcizado para sacarle el demonio del cuerpo ya que colgar al diablo no era nada bueno. También que los cuerpos de algunos delincuentes ajusticiados eran usados por barberos y cirujanos para aprender, de manera que si en vida habían sido malos una vez muertos eran útiles.
La prisión de Amalia
Cuando se cerró la cárcel del Veguer, esta se trasladó a la conocida como prisión de Amalia. Estaba situada entre la Ronda San Pablo y la calle Reina Amalia. Hoy encontramos la plaza Josep Maria Folch i Torres y el Instituto Milà i Fontanals. Se cuentan historias terribles e inhumanas. Antes de ser cárcel era el convento de San Severo y San Carlos Borromeo de los padres de San Vicente de Paúl. El edificio fue acondicionado después de sufrir una serie de desperfectos después de la desamortización de Mendizábal.
En ella se encerraba a hombres, mujeres, niños y personas ancianas. No fue hasta 1904, cuando se inauguró la cárcel Modelo, que esta quedó reservada a mujeres. Oficialmente tenía capacidad para 300 reclusos, pero llegó a albergar a 1.500. Se daba la circunstancia que en esta cárcel se aplicaba la pena de muerte.
El verdugo era Nicomedes Méndez López (1842-1912), quien introdujo lo que se conoce como versión catalana del garrote: un punzón accionado por el tornillo principal rompía el bulbo raquídeo. Según dicen, estaba orgulloso de su trabajo. Entre los reos que ejecutó tenemos a Aniceto Peinador, que inspiró el cuadro El garrote vil de Ramón Casas; Isidro Montpart; Santiago Salvador, que atentó con dos bombas en el Liceo; Antonia Amat, o Juan Rull Queraltó.
Las condiciones higiénicas eran pésimas, lo que propiciaba muchas enfermedades y muertes. Teniendo en cuenta las condiciones del antiguo monasterio, los reclusos hacían vida en el patio, porque era más confortable, se respiraba mejor y más higiénico. La comida daba mucho que desear.
Allí estuvo encerrada Enriqueta Martí, conocida como la «vampira del Raval». Cuando sólo era de mujeres se empezó a conocer como La Galera, porque las presas trabajaban obligatoriamente en la confección de hilados. Dejó de ser cárcel en 1936 y el edificio fue derribado.
En 1904 se inauguró la cárcel Modelo. A parte existe el Centro Penitenciario Abierto 2, en la Trinidad Vella, inaugurado en 1963; y el Centro Penitenciario de Mujeres, conocido como Wad-Ras, inaugurada en 1918, cuyo edificio fue diseñado por el arquitecto Enric Sagnier Vilavecchia.