Playa en la Barceloneta, hoy en día

Playa en la Barceloneta, hoy en díaWikimedia

Historias de Barcelona

El origen de la Barceloneta, el icónico barrio marinero de Barcelona que nació tras una guerra

El barrio que Barcelona ganó al mar pasó de ser una zona humilde y con barracas a un frente marítimo moderno y vibrante

La Barceloneta, con su ambiente marítimo, sus calles rectilíneas y su proximidad al mar, es uno de los barrios más emblemáticos de Barcelona. Sin embargo, su nacimiento como barrio no viene de una planificación militar ni por una necesidad demográfica, ya que aquella zona era un lugar pantanoso.

El origen de la Barceloneta está vinculado al final de la guerra de Sucesión en 1714. Tras la derrota austricista, el rey Felipe V ordenó la construcción de la Ciudadela, en el barrio de la Ribera, donde se levantaban una serie de casas que fueron derruidas, porque el devenir de la guerra las destruyó. Aquello supuso que muchas casas nunca más fueran construidas y que sus vecinos fueran movidos a otros lugar.

Gran parte de aquellos hombres se dedicaban a ser pescadores, marinos y artesanos. En algún lugar se los tenía que recolocar, por eso se pensó en una franja de tierra ganada al mar, conocida en aquellos tiempos como la “Isla de Maians". Aquel lugar, que era utilizado por algunos pescadores, que levantaron barracas, se convirtió en el embrión de un nuevo barrio.

El puerto de la Barceloneta, en 1895

El puerto de la Barceloneta, en 1895Wikimedia

La Isla de Maians era un pequeño islote de arena situado a un centenar de metros de la costa de Barcelona. Los trabajos de relleno y construcción hicieron que la isla se uniera al continente. Se cree que la isla se llamaba así en honor a un comerciante o mercader de apellido Maians, o una variación como Mayans, que utilizaba este islote para atracar o fondear sus embarcaciones cuando venía a Barcelona a comerciar, posiblemente trayendo mercancías de las Islas Baleares.

Urbanismo racional

El proyecto fue impulsado por la nueva autoridad borbónica y diseñado como un ejercicio de urbanismo racional y militarizado. El encargado de diseñar el nuevo barrio recayó en el ingeniero militar Juan Martín Cermeño (1700-1773). Para ello desechó el proyecto anterior de Jorge Próspero de Verboom e hizo el proyecto del barrio, con calles trazadas a cordel y cruces en ángulo recto.

Se urbanizaron una quincena de calles atravesadas por otras nueve, paralelas a la costa, con casas de planta baja y de un solo piso para que no impidiesen la acción de las baterías de la Ciudadela. También hizo el proyecto de muchas de las casas.

Su diseño era algo innovador para la época. Dejó de lado el caos medieval, trazando una cuadricula, con calles perfectamente rectilíneas que se cruzan en ángulo recto. Los objetivos de Cermeño eran facilitar la construcción rápida y ordenada; una fácil vigilancia y control en caso de revueltas; facilitaba la ventilación y la evacuación, buscando mejorar las condiciones sanitarias de un lugar inicialmente pantanoso.

La primera piedra

La primera piedra del actual barrio de la Barceloneta se colocó el 3 de febrero de 1753, marcando el inicio oficial de la construcción. Las viviendas fueron proyectadas con una tipología muy específica: casas estrechas y alargadas, de plata baja y un piso. Esto también se conocía como planta y piso noble. Estaban diseñadas para que las habitaran una sola familia.

Panorámica de la Barceloneta, en una imagen de archivo

Panorámica de la Barceloneta, en una imagen de archivoWikimedia

Esta limitación de altura fue impuesta por la autoridad militar para evitar que las construcciones obstruyeran el campo de tiro de la Ciudadela. Las casas originales eran sencillas, humildes y uniformes, reflejando el estatus social de sus primeros habitantes. Con el tiempo, esta restricción se fue relajando, autorizándose la construcción de segundos y, eventualmente, terceros pisos, lo que alteró ligeramente la homogeneidad original.

La población que se instaló en este nuevo barrio, desde mediados del siglo XVIII, estuvo vinculada al mar y a la artesanía. De ahí que se consolidara como el barrio marinero de Barcelona. La vida se desarrollaba en la calle, la ropa se tendía al sol entre las fachadas y las redes se reparaban en las aceras. Durante el Siglo XIX la Barceloneta se convirtió en el centro neurálgico de la Revolución Industrial catalana.

La necesidad de terreno llano, y la cercanía al puerto, atrajo a grandes fábricas, convirtiéndolo en un barrio obrero. Allí se instaló Gas Lebón, luego Compañía Catalana de Gas, cuyos terrenos son hoy el Parque de la Barceloneta; la maquinista Terrestre y Marítima, uno de los pilares económicos de la ciudad, dedicada a la construcción de locomotoras y máquinas pesadas. En la Barceloneta fue donde Narcís Monturiol construyó el Ictíneo, el primer submarino.

El Somorrostro

Aquella coexistencia de pescadores, estibadores y obreros industriales dio al barrio un carácter humilde, trabajador y combativo, marcando una fuerte diferencia con el resto de la ciudad burguesa del Eixample. Durante la primera mitad del siglo XX grandes zonas de la playa adyacentes a la Barceloneta se poblaron de barracas y chabolas, formando barrios como el Somorrostro.

Este barrio precario llegó a albergar entre 10.000 y 15.000 personas que vivían en más de 2.000 barracas. Las casas se construían con materiales de desecho: maderas viejas, restos de metal, lonas y ladrillos recuperados. No había agua corriente, ni electricidad, ni alcantarillado.

El barrio de Somorrostro fue desmantelado y erradicado en 1966 con motivo de la visita a Barcelona del jefe del Estado, Francisco Franco, para la inauguración de las obras del IV Congreso Eucarístico Internacional. Los habitantes fueron reubicados en otras zonas de la ciudad. Este barrio fue inmortalizado en la película de 1963 Los Tarantos, de Francisco Rovira Beleta, protagonizada por Carmen Amaya, nacida en este barrio.

Antes de los Juegos Olímpicos de 1992, se completó la eliminación de los últimos núcleos de barracas, incluyendo la regeneración total del área de Somorrostro, y otras zonas precarias que existían a lo largo de la costa; se eliminaron las vías de tren y las fábricas que ocupaban el litoral, liberando un inmenso espacio para uso público; se recuperaron y regeneraron kilómetros de nuevas playas urbanas.

En resumen, los Juegos de 1992 convirtieron una costa degradada e inaccesible en un moderno y vibrante frente marítimo, pasando de ser una zona de chabolas e industria a un referente de urbanismo abierto al mar y un foco turístico mundial.

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