Imagen que muestra el barraquismo en la Barcelona del siglo XX

Imagen que muestra el barraquismo en la Barcelona del siglo XXAyuntamiento de Barcelona

Barcelona

Hace 100 años, Barcelona ya sufría por la vivienda: la historia de las barracas y las «casas baratas»

Del barraquismo histórico a las políticas de vivienda social en la ciudad condal

A comienzos del siglo XX, Barcelona recibió una importante migración de personas que vinieron en busca de trabajo y tuvieron que ubicarse en casas baratas y barracas. Las barriadas más conocidas del barraquismo fueron Somorrostro y La Perona.

Una vez finalizada la Guerra Civil llegó la reconstrucción de España. Paralelamente, uno de los grandes problemas que sufrió la sociedad fue la pobreza y la falta de vivienda. Muchos no tuvieron capacidad económica para alquilar un piso, momento en el que se empezaron a crear barrios de barracas. Sin embargo, el barraquismo ya existía en España con anterioridad a la Guerra Civil.

Si nos centramos en Barcelona, debemos diferenciar dos tipos de construcciones: por un lado, las barracas y, por otro, las llamadas casas baratas.

Las casas baratas: una respuesta institucional

Las Casas Baratas nacieron como ley en las Cortes el 12 de junio de 1911, promovida por el Instituto de Reformas Sociales en 1907. Su objetivo era ofrecer vivienda social asequible a trabajadores y empleados modestos.

Han desaparecido las del «Prat Vermell» o de «Casa Antúnez», que durante la República se conocieron como «Francisco Ferrer i Guardia» y se construyeron en 1928. Con 50 m², debían servir para recolocar a 6.000 barraquistas. Estas desaparecieron al reformarse la montaña de Montjuïc para las Olimpiadas de 1992.

Un año después, aprovechando la Exposición Universal de 1929, el Ayuntamiento de Barcelona puso en marcha cuatro proyectos de casas baratas: «Barón de Viver», «Milans del Bosch» (conocidas como Bon Pastor), «Eduardo Aunós» y «Ramón Albó» (o Can Peguera). Posteriormente, vinieron las casas del Congreso Eucarístico, la Mina y las del Gobernador, entre otras.

Estas casas baratas sirvieron para recolocar a los barraquistas y dar vivienda a todos aquellos que vinieron a Cataluña durante los años 40, 50 y 60 para trabajar. El crecimiento de muchos barrios de Barcelona se debe a estas construcciones y a las personas que vinieron para hacer crecer económicamente esta región de España.

La Perona: del boato a la conflictividad

Aunque hubo mucho boato en el momento de inaugurar las casas baratas, también lo tuvo la inauguración de una barriada con barracas, como ocurrió con La Perona. Estaba en el camino que salía del puente de la calle Espronceda dirección a San Andrés, en lo que se conoce como Sant Martí de Provençals. Su origen está vinculado a la visita que hizo Eva Duarte de Perón, la mujer del presidente de Argentina, en 1947 a Barcelona. Las barracas se construyeron siguiendo, en paralelo, las vías del tren que unían la costa catalana con la ronda de Sant Martí y terminaban en la iglesia de Sant Martí de Provençals.

Aquellos terrenos parcelados y edificables se vendían por entre 200 y 300 pesetas. Hasta 1966, el número de barracas en La Perona no superaba las 200. Esto cambió con la desaparición de las barracas de Montjuïc y el Somorrostro. Aquel año, Somorrostro desapareció coincidiendo con una visita de Franco a Barcelona. Aprovechando la visita se organizaron unas maniobras militares en la playa donde se levantaban las barracas, en las que participaron 30.000 soldados. Los que allí vivían fueron trasladados a viviendas de la Obra Sindical del Hogar, la mayoría al barrio de Sant Roc de Badalona, aunque no todos acabaron allí.

Muchos de aquellos barraquistas decidieron trasladarse a La Perona. Se pasó de 200 a 1.000 barracas, y la población de 200 personas a 5.000, la gran mayoría de etnia gitana. Si hasta ese momento La Perona no había dado problemas, en poco tiempo se convirtió en un barrio conflictivo centrado en la delincuencia, el tráfico de drogas y la prostitución. A esto se sumaron problemas sanitarios, la carencia de agua corriente —porque había pocas fuentes públicas—, deficiencias en la recogida de basuras y vertidos de aguas residuales.

En 1949, el Ayuntamiento de Barcelona creó el Servicio de Erradicación y Represión del Barraquismo. A pesar de ello y las buenas intenciones del alcalde José María de Porcioles, el problema no disminuyó. Con el tiempo hubo movilidad de los que allí vivían y se fueron abandonando barracas. En 1985 quedaban 55 barracas y vivían unas 400 personas. Los que abandonaron La Perona se trasladaron a los nuevos pisos protegidos que se levantaron en el barrio de Verdún, conocidos como los del Gobernador. Los que se quedaron fue porque no consiguieron un piso.

Tuvieron que esperar hasta 1989 para que el Ayuntamiento de Barcelona los indemnizara y pudieran trasladarse a otros barrios de Barcelona. Sin vecinos, el barraquismo en La Perona terminó aquel año con el derribo de las barracas. Actualmente, aquella zona es el parque de San Martín.

Somorrostro y el Camp de la Bota: los grandes núcleos del barraquismo

Si hablamos del barraquismo que vivió Barcelona, no nos podemos olvidar del Somorrostro ni del Camp de la Bota. El Somorrostro empezó a edificarse con chabolas en 1882. En la década de 1950 vivían allí unas 18.000 personas en 1.400 barracas construidas en la playa, que se inundaban cuando subía la marea. En su mayoría, los que allí vivían eran gitanos. La zona se extendía desde el actual Hospital del Mar hasta la riera de Bogatell. En el Somorrostro nació la famosa bailaora Carmen Amaya, y el director Francisco Rovira Beleta filmó en 1963 la película «Los Tarantos». También pasó su niñez allí el cantaor de flamenco Juan Varea. Hoy en día, el único recuerdo es que un tramo de la playa de Barcelona se llama Somorrostro.

Las barracas del Camp de la Bota se empezaron a edificar en la década de 1920. Muchos de sus habitantes eran trabajadores que llegaron a Barcelona para trabajar en la construcción de la Exposición Internacional. Los que fueron al Camp de la Bota fueron aquellos que no consiguieron una casa barata. En 1971 vivían 3.270 personas en 700 barracas. Cuando se derribaron en 1989, la mayoría de sus habitantes se trasladaron al barrio de La Mina en San Adrián del Besós.

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