El proyecto de Francisco de Paula del Villar y Lozano para el templo que más tarde asumió Gaudí

El proyecto de Francisco de Paula del Villar y Lozano para el templo que más tarde asumió GaudíSagrada Familia

Historia

Así habría sido la Sagrada Familia si Gaudí nunca hubiera entrado en el proyecto

Josep Maria Bocabella fue el nombre clave en la génesis del célebre templo de Barcelona

Cuando hablamos de la basílica de la Sagrada Familia de Barcelona siempre nos centramos en Antonio Gaudí, pero a veces nos olvidamos de los orígenes del templo, antes de que el célebre arquitecto entrase a formar parte del proyecto.

En aquella época destaca el nombre de Josep Maria Bocabella Verdaguer. Debemos situarnos a mediados del siglo XIX, cuando el Eixample empezaba a plasmarse sobre el papel y Barcelona era aún una ciudad con murallas. Bocabella, librero e impresor, tuvo un sueño.

Su profunda fe le hizo ver un templo en un solar por el cual solo transitaban algunos carruajes, y donde apenas había cabras y pocas cosas más. Para llevar a cabo ese sueño creó una infraestructura moral y económica para que el proyecto pudiera salir adelante.

Así nació la Asociación Espiritual de Devotos de San José. El motivo de construir ese templo es porque Bocabella estaba preocupado por la pérdida de los valores cristianos en la clase obrera.

El 1866 crea esta asociación para mitigar lo que estaba ocurriendo en España y en Europa. La asociación llegó a contar con miles de miembros unidos por un objetivo que, en aquel entonces, parecía más una quimera que una realidad: erigir un templo expiatorio donde los fieles pudieran encontrar refugio y redención.

San José se convirtió en el custodio de la Sagrada Familia y en el símbolo de una clase trabajadora que buscaba dignidad y de una sociedad que buscaba estabilidad.

Una revista

Para dar transparencia a este proyecto fundó la revista El Propagador de la Devoción de San José. Creada el mismo año de la asociación nunca pretendió ser un boletín parroquial. Era la guía de aquel proyecto. En sus páginas se mezclaban la doctrina más pura con la contabilidad más rigurosa.

Cada céntimo o peseta que se donaba quedaba registrado en la lista de suscripciones y donaciones. Esta transparencia fue la que permitió que el proyecto no quedará en el olvido, alimentado por la fe de quienes creían que su pequeña aportación formaba parte de algo eterno.

Portada de un número de 'El Propagador'

Portada de un número de 'El Propagador'

La revista es una crónica de la evolución de aquella Barcelona que dejó atrás las murallas y creció hacia el Eixample. Allí encontramos el origen y la evolución de los que actualmente es la Sagrada Familia. En un primer momento, las reproducciones que encontramos, tanto de imágenes como de planos, son los que creó Francisco de Paula del Villar y Lozano.

Este arquitecto recibió en 1877 el encargo de construir el templo de la Sagrada Familia. Villar concibió un proyecto neogótico, del que sin embargo sólo se construyó parte de la cripta. En 1883 abandonó el proyecto por desavenencias con Joan Martorell, arquitecto asesor de Bocabella. Ofrecido el encargo a Martorell, que lo rehusó, recomendando a Antonio Gaudí, quien se hizo cargo del proyecto y lo convirtió en su obra magna. Esto ocurría en el año 1883.

En esta revista se presentaron los cambios audaces que Gaudí introdujo, transformando lo que iba a ser una iglesia convencional en una catedral de los pobres, orgánica y revolucionaria. Desde su librería en la calle de la Palla número 14, Bocabella organizó su cuartel general para redactar, distribuir y vender la revista. Asimismo era el centro neurálgico de la asociación.

En la revista se difundía la vida de los santos, se ofrecían oraciones, y se daban noticias detalladas sobre el avance de las criptas y el levantamiento de las columnas. Para el lector de aquellos años, ver el dibujo de una nueva torre o el detalle de un capitel, era la confirmación de que sus sacrificios estaban dando frutos. La revista lograba que un devoto de cualquier parte de Cataluña o de otros lugares se sintiera parte del proyecto que se estaba construyendo.

600.000 socios

Con el paso de los años la revista pasó a llamarse Propagador de la devoción a San José y de la Sagrada Familia, reflejando como la obra arquitectónica había cobrado una dimensión monumental que superaba la intención original. En su momento de mayor apogeo, la asociación llegó a contar con aproximadamente 600.000 socios, y editaba 25.000 ejemplares mensuales.

Aunque su sede estaba en Barcelona, la devoción se extendió internacionalmente, captando asociados principalmente en España, Portugal, y diversos países de América Latina, además de tener presencia en otros puntos de Europa y sus colonias.

Dibujo de 1884 de las obras de la cripta de la Sagrada Familia, proyectada por Villar

Dibujo de 1884 de las obras de la cripta de la Sagrada Familia, proyectada por VillarWikimedia

En 1881, gracias a los donativos recaudados, la asociación compró la parcela de 12.800m², una manzana completa del Eixample, por un precio de 172.000 pesetas de la época. A precio de mercado actual el terreno tendría un valor de 60 millones de euros.

El dinero se recaudaba por limosnas, que podían ser desde unos pocos céntimos hasta grandes sumas, bajo el concepto de expiación, pagar por los pecados propios o ajenos. La otra era suscribirse a la revista. Anualmente se pagaban entre 1,5 y 2 pesetas, que incluía recibir mensualmente el boletín y los gastos de envío por correo.

Una de las personas que impulsó el proyecto fue Isabel Bolet Vidiella, viuda de Ignacio Marqués Bolet, dueño de la Herrería de San José. Isabel Bolet de agosto de 1891 a mayo de 1986 ingresó entre 2.500 y 5.000 pesetas mensuales, y de junio de 1896 a febrero de 1898, 15.000 cada mes.

Añadidas a una última aportación de 10.000, el 15 de marzo de 1898, sumaban 577.500 pesetas. Con ello se construyó la fachada del Nacimiento. Teniendo en cuenta que el presupuesto inicial de todo el templo era de poco más de un millón, Isabel Bolet financió ella sola casi la mitad de lo previsto.

Tras la muerte de Bocabella, en 1892, su legado continuó. No llegó a ver las torres de la fachada del Nacimiento, pero dejó una estructura de financiación tan sólida que el proyecto sobrevivió. La revista actualmente se llama Temple, «templo» en catalán.

La asociación no era solo un grupo de oración, sino una red solidaria que encontraba en la figura de San José un modelo de rectitud y trabajo. Bocabella entendió que, para levantar un templo, primero se tenía que levantar uno en el corazón de la gente. Sus restos descansan en la capilla del Santo Cristo de la cripta de la Sagrada Familia.

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