Columnas del templo de Augusto, en Barcelona.Barcelona Bus Turístic

Historias de Barcelona

El club excursionista en Barcelona que esconde en su interior un templo romano en perfecto estado

El Centro Excursionista de Cataluña lleva en la misma sede desde hace más de 130 años

Antes de 1890, en Cataluña existían dos entidades vinculadas a la naturaleza y las excursiones: la Asociación Catalanista de Excursiones Científicas y la Asociación de Excursiones Catalana. La primera se fundó en 1876, por Ramon Arabía, y la segunda nació a partir de una escisión, en 1878. Ambas se reunieron en 1890 para crear el Centro Excursionista de Cataluña (CEC), activo aún hoy.

Se nombró al historiador Antoni Rubió Lluch como presidente del CEC. La decisión la tomaron los dos presidentes de las asociaciones que desaparecían: el poeta y dramaturgo Francesc Ubach y el notario y folclorista Francesc Maspon. Era el momento de la Renaixença, y el CEC se dedicó a organizar actos para ensalzar la cultura y la lengua catalanas.

A partir de 1891, el propio CEC empezó a publicar un boletín, dirigido por el historiador y geógrafo Francesc Carreras Candi. En él colaboraron Artur Osona, Cèsar August Torres o Eduard Vidal Ribas. Es la primera revista donde se dieron a conocer monografías históricas, geográficas, arqueológicas o espeleológicas. El boletín dio a conocer aspectos desconocidos hasta ese momento, convirtiéndose en una revista de referencia para conocer lugares o sitios desaparecidos con el paso del tiempo.

Un templo romano

Desde su fundación, la sede del CEC ha estado en el mismo lugar: en el número 10 de la calle Paradís, en Barcelona. Se trata del lugar en el que, en la Barcino romana, se erigía un templo dedicado a Augusto. Era, además, la zona más alta de aquella ciudad, tal y como indica hoy una placa que puede observarse en la pared y una marca en el suelo.

En la Edad Media, los restos del templo quedaron escondidos dentro de varias construcciones góticas distribuidas en las diferentes calles que se trazaron alrededor de lo que había sido el templo. Sin embargo, entre 1903 y 1905 el arquitecto Lluís Domènech i Montaner reformó el edificio, remodelando el interior para dejar las tres columnas romanas al descubierto, totalmente visibles en un patio interior protegido con una claraboya.

Al crear el patio se perdieron muchas estancias, y se levantaron plantas. Se construyó una nueva escalera de acceso a la planta principal y una galería para comunicar ambos lados del patio, reinterpretando el estilo gótico. Con objeto de dar mayor visibilidad a las columnas desde el interior de las estancias se abrieron grandes ventanales y se sustituyeron las barandillas de piedra por ligeros elementos metálicos.

Ese sitio, en la época romana, era la plaza pública abierta donde se desarrollaba la vida política, religiosa y administrativa de la ciudad. Se encontraba en el centro, donde se cruzaban las dos vías principales que atravesaban la ciudad de este a oeste y de norte a sur. Estaban la mayoría de edificios públicos, como la basílica, la curia y el mismo templo, así como el archivo, el calabozo y fuentes consagradas a las divinidades del agua y la salud. Tampoco faltaba el mercado, las tabernae y las officinae.

Grabado del templo de Barcino, de Francesc Xavier Parcerisa.MUHBA

La obra la llevó a cabo Domènech i Montaner porque su tío, el editor Ramón de Montaner Vila, conde del Valle de Canet, compró todo el edificio en 1902. En un primer momento quiso llevarse las columnas a su castillo de Santa Florentina, pero finalmente desistió y prefirió darle relevancia al edificio.

El que visite hoy este sitio comprobará que hay cuatro columnas, y no las tres que hemos dicho. Esta cuarta estaba en la plaza del Rey. Cuando en 1956 compró el edificio el Ayuntamiento de Barcelona, el gobierno municipal la trasladó allí. Domènech i Montaner ya había dejado previsto un espacio para colocarla.

Actividad del CEC

Con motivo de la consagración del monasterio de Santa María de Ripoll en 1893, restaurado por Elías Rogent entre 1886 a 1893, por encargo del obispo Morgades, después de quedar en un estado lamentable a partir de la desamortización de Mendizábal de 1835, el Centro Excursionista le regaló una pila bautismal.

También promovieron la fundación del Institut d’Estudis Catalans (IEC), después de celebrarse el primer congreso internacional de la lengua catalana. Por lo que respecta a otros aspectos de la vida cotidiana de esta asociación, a partir de 1904 se popularizó el alpinismo, los deportes de nieve y empezaron a crearse refugios de montaña.

Con los años los miembros del Centro Excursionista escalaron casi todas las cimas de los Pirineos, abrieron nuevas vías de ascensión y popularizaron el excursionismo. Se empezó a popularizar el esquí y entraron a formar parte de la Unión Internacional de Asociaciones de Alpinismo.

Durante la guerra civil cedieron sus refugios y material para equipar a las Milicias Pirenaicas republicanas. Durante el franquismo, fue la primera asociación en dar clases de catalán. Entre sus distinciones destacamos la Creu de Sant Jordi (1983), el Premi d’Honor Jaume I (1981) y la medalla de la UNESCO (1999).