Montaje Gaudí-Sagrada Familia

Retrato de Gaudí frente a la Basílica de la Sagrada FamiliaPaula Andrade

Historias de Cataluña

El ruinoso monasterio medieval que quiso restaurar un joven Gaudí y hoy acoge una comunidad viva

Poblet era un lugar ruinoso cuando el joven arquitecto lo descubrió

Junto con el de Ripoll, el monasterio de Poblet se convirtió durante el siglo XIX en un símbolo del catalanismo perdido, paradigma de un pasado glorioso que se deseaba recuperar. El excursionismo llevó a un joven Antonio Gaudí, así como a Lluis Domènech i Montaner, armados ambos con su cinta métrica y un cuaderno de dibujo, por un sinnúmero de capillas románicas en ruinas.

En 1870, Eduardo Toda i Güell (1855-1941) escribió una obra titulada Poblet. Datos y apuntes. Como escribe Robert Hughes:

Toda y Gaudí pensaban que la decadencia de Poblet simbolizaba el abandono de los antiguos valores feudales ocasionado por la Revolución de 1868, un alzamiento que ambos detestaban. El Poblet medieval ha sido ‘un fructífero seno de paz, amor y felicidad’, pero ahora incluso las campanas de su monasterio habían sido fundidas para fabricar ‘viles instrumentos de muerte y terror, y ello en nombre de la paz y la libertad, las leyes y los derechos’.

El Poblet que conoció Gaudí no es el de hoy en día. Era un ruinoso monumento. La pérdida de poder económico y el abandono definitivo en 1835, después de la exclausuración de Mendizábal, supuso que el pillaje se adueñara del monasterio. Se expoliaron tumbas, se robaron cuadros, se destruyeron objetos.

Vista del Monasterio de Santa María de Poblet, en Tarragona

Vista del Monasterio de Santa María de Poblet, en TarragonaWikimedia

En fin, como pensaba Toda, el estado del monasterio de Poblet tenía las resonancias de la bíblica «Ciudad de la Desolación», abandonada a su suerte. Sobre la restauración de Poblet escribió Josep Pla:

Me parece que no hay duda que el señor Toda i Güell, ya retirado de su admirable carrera consular, retirado igualmente de la intervención sobre todo económica en la formación de tratados de comercio y de su estada en Londres, como representante de los negocios marítimos de Sota-Aznar, había adquirido Escornalbou: un viejo convento desafectado que literalmente llenó de libros comprados en Londres, de todas las categorías inimaginables.

De Escornalbou venía muy a menudo a Barcelona y se hospedaba siempre en el Hotel Colón, propiedad de su gran amigo Lluis Plandiura. Fue en la peña del Colón, presidida por el señor Francesc Mateu de los Juegos Florales, que lo tuve delante. Se había convertido en un barcelonés importante. Era un hombre de poca altura, de aspecto triste, que hablaba poco, pero que de vez en cuando se lanzaba. Tenía una obsesión: la Conca de Barberà. De joven había escrito un libro que él mismo criticó.

Tenía una gran obsesión: Poblet. Se fue allí a vivir. Fue uno de los primeros. Es impresionante. A veces –pocas veces- lo oí hablar de Poblet. Siempre decía lo mismo: ‘La restauración de Poblet se ha de hacer, es inevitable. Se ha de restaurar antes que toda la parte estética, la arquitectura, el arte que contiene’. Estas afirmaciones eran incontestables. Después añadía: ‘Cuando sea posible se ha de llevar cuatro monjes para mantener lo pintoresco del monasterio’.

La reconstrucción del cenobio fue promovida, en gran parte, por Toda i Güell. Éste interés motivó que, en el año 1930 se creara el Patronato de Poblet y, posteriormente, en 1945, la Hermandad de Poblet. La reconstrucción monástica fue posible desde el 1940, cuando el abad primado del Císter, Edmundo Bernardini vino a Cataluña a establecer cuatro monjes italianos que devolvieron la vida conventual al Monasterio.

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