Aquel año las fiestas tuvieron un cambio radical, debido al hecho que el político Francesc Cambó decidió organizarlas. En vez de ser las fiestas de Barcelona, las amplió a toda Cataluña, como acicate de cara a las elecciones. «Yo quería –escribió que no fueran las fiestas de Barcelona, sino que fueran las fiestas de toda Cataluña. Para conseguirlo, tuve la idea de reunir en el Cap i Casal [así se nombra Barcelona] todas las figuras tradicionales que en nuestras viejas ciudades y villas se exhibieran en fiestas cívicas y religiosas: gigantes, enanos, demonios, dragones, patums, águilas y animales de todos tipos, uno sacando humo, el otro fuego y llamas y sonidos estridentes».