Los universitarios barceloneses vivían atemorizados por esta figura folklórica

Los universitarios barceloneses vivían atemorizados por esta figura folklóricaUnsplash

Leyendas de Barcelona

La curiosa leyenda del estudiante de Barcelona que mutilaba abrigos por diversión

En la Barcelona universitaria del siglo XIX se creó una insólita leyenda urbana

En la memoria popular de leyendas urbanas ocurridas en Barcelona no podemos dejar de hablar del conocido como el estudiant de les set tisores, o el «estudiante de las siete tijeras». Como ocurre con la mayoría de las leyendas urbanas estamos hablando entre la realidad y la exageración.

En la Barcelona del siglo XIX, especialmente entre los estudiantes de la universidad, eran muy comunes las novatadas, las apuestas absurdas y las gamberradas nocturnas. Es muy probable que este personaje naciera de un estudiante real, particularmente hábil con las manos, y que el boca a boca de los barceloneses asustados por sus abrigos hicieran el resto, elevándolo a la categoría de mito. La leyenda dice así...

A mediados del siglo XIX, la noche de Barcelona se transformaba en un escenario de sombras y faroles de gas, donde la burguesía exhibía sus mejores galas y las clases populares buscaban el sustento o la distracción en los cafés. En este bullicioso ambiente, especialmente en las Ramblas, comenzó a circular un rumor que pronto se convirtió en la conversación obligada de tertulias y paseos. ¿Qué ocurría?

Se hablaba de una figura escurridiza, un espectro de la picaresca que desafiaba la seguridad de los ciudadanos no con la violencia de acero de un puñal, sino con el filo frío y preciso de unas tijeras. La leyenda del estudiante de las siete tijeras nació en este contexto. Es, como hemos dicho, una mezcla de realidad histórica y leyenda urbana, que se personifica en un espíritu rebelde, ocioso y cruel de una parte de la juventud de la época.

La leyenda nos describe a un joven que vestía la tradicional capa estudiante y de buen porte. Esa capa amplia y oscura le permitía mimetizarse con la penumbra de los portales. Lo que hacía único a este personaje era el secreto que escondía en el interior de esa prenda. Según dice llevaba siete tijeras de diferentes tamaños, meticulosamente ordenadas y cosidas al forro interior de su capa o sujetas a su cuerpo.

Según la creencia popular el estudiante no buscaba el dinero de los transeúntes ni pretendía causarles daño físico. Su único propósito era el placer de la travesura y la demostración de una destreza que la leyenda tilda de sobrenatural.

Se decía que elegía a sus víctimas entre los caballeros más elegantes y las damas de clase alta, los cuales regresaban de las funciones operísticas del Liceo, o bien que paseaban por las calles más concurridas de la ciudad. Con sigilo se les acercaba y, cuando estaban despistados, utilizando una tijera concreta según el grosor o la calidad de la tela, realizaba cortes limpios en las capas, rasgaba los abrigos o seccionaba lazos o adornos de los vestidos.

Lo curioso del tema es que la víctima continuaba su camino sis sospechar nada. Descubría lo que le había pasado al regresar a su casa o si alguien le advertía lo que le habían hecho. Como que no fue un hecho aislado, sino que muchas personas de Barcelona se vieron envueltas en aquel ataque planificado a su indumentaria, la voz corrió y el terror se instaló en la sociedad. Cualquier persona podía ser sospechosa y todos se miraban con recelo. Sin embargo, el estudiante de las siete tijeras siguió actuando con el mismo sigilo, sin ser descubierto.

El origen de la leyenda

¿Cómo surgió esta leyenda y porque vincularla a los universitarios? Tras la restauración de la Universidad de Barcelona (UB), en la década de 1830, y la posterior inauguración de su edificio histórico, en la plaza del mismo nombre, la ciudad vio como una gran cantidad de jóvenes procedentes de muchas partes de Cataluña y del resto de España llegaban a la ciudad. Estos, alejados de la estricta vigilancia familiar y organizados en corporaciones estudiantiles, dinamizaron la vida cultural, pero también protagonizaron frecuentes altercados nocturnos.

Las novatadas, las apuestas absurdas, las bromas pesadas y las gamberradas formaban parte de la vida cotidiana barcelonesa. En este ambiente de constante desafío a la autoridad y búsqueda de notoriedad entre iguales, es muy probable que hubiera un estudiante, de carne y hueso o un grupo, que decidieran llevar a cabo estas acciones como parte de una apuesta o como simple entretenimiento nocturno. La habilidad manual necesaria para cortar una prenda al vuelo sin ser detectado requería practica. El forastero o el paseante descuidado eran el objetivo perfecto para demostrar la pericia ante sus compañeros de juerga.

En un momento, según se cuenta, que la crónica de sucesos alimentaba la imaginación de los lectores, cualquier pequeño incidente se magnificaba y la imaginación de los lectores hacía que el boca a boca no fuera un medio demasiado ortodoxo. Cuando más de un ciudadano se encontró con sus ropas rasgadas no se vio como un acto vandálico, sino como obra del estudiante de las siete tijeras. La paranoia de unos hizo que otros, los sastres, se frotaran las manos al tener más clientes gracias a aquel personaje.

La figura del estudiante de las siete tijeras es también producto de las tensiones sociales. Destrozar la vestimenta a ciertas personas no era un ataque a su integridad física, sino a u estatus, a u dignidad y a su elegancia pública. Con lo cual la leyenda urbana se alimentó en su momento no sólo por el temor de ciertas clases sociales de ser ridiculizados públicamente, sino por la simpatía de ciertos sectores populares hacia la burla y poner en evidencia a las clases sociales acomodadas.

Con la llegada de la iluminación en las Ramblas estos fantasmas cayeron en desuso, al verse perfectamente las personas que deambulaban por ella a ciertas horas de la noche. Con ello la leyenda del estudiante de las siete tijeras se desvaneció y, con ella, la picaresca de una época muy concreta de la ciudad de Barcelona.

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