El escritor e investigador José Ramón Ayllón, en el claustro de la Universidad CEU Abat Oliba, en BarcelonaG. Altarriba

Entrevista

José Ramón Ayllón, filósofo: «Entender un 10 % de Chesterton te da más que el 100% de muchos otros autores»

El escritor y divulgador reivindica la vigencia de Chesterton, Tolkien o Lewis como «clásicos» que tocan «la esencia» de la condición humana

El filósofo y escritor José Ramón Ayllón –cántabro, pero felizmente asentado en Burgos– ofreció una de las ponencias magistrales del 4º Congreso Internacional «Fe, arte y mito», un encuentro de primer nivel sobre la obra y el legado de J.R.R Tolkien, C.S. Lewis y G.K. Chesterton que se celebra este fin de semana en Barcelona y que concluirá hoy, domingo, con una jornada en la parroquia de Santa María Reina.

Durante el evento, el veterano escritor –cuenta en su haber con títulos tan celebrados como la novela juvenil Vigo es Vivaldi o los ensayos Desfile de modelos y El hombre que fue Chesterton, entre otros– atendió a El Debate para hablar sobre la permanente vigencia de los clásicos o del fascinante don de profecía del autor de Ortodoxia o El hombre que fue jueves.

–Más de 150 personas reunidas durante tres días para hablar de Tolkien, Lewis y Chesterton. ¿Qué tienen estos tres autores que hace que sigan despertando tanto interés?

–Su actualidad es la misma que la de todos los clásicos, que son las personas que han conseguido tocar la fibra más sensible del ser humano. Los clásicos han logrado conocer la esencia de la condición humana. Los problemas del hombre son siempre los mismos –quiénes somos, qué deberíamos hacer, qué pasa con la muerte o con la libertad, etc–, y los clásicos son quienes más han profundizado en ello. Lo hicieron Homero, Sócrates o Shakespeare y, dando un salto, también Chesterton, Tolkien y Lewis. La ventaja que tienen estos tres sobre muchos otros es que, además, son muy amenos.

–De los tres, a quien más ha trabajado ud. es a Chesterton, a quien incluso le dedicó una biografía. ¿Qué le atrae de él, en particular?

–Chesterton es un autor realmente difícil. Has de tener un bagaje, pero no deja de recompensarte. Mis alumnos me dicen: «He leído Ortodoxia y creo que he entendido un 10% ¿Usted cree que esto es normal?». Y sí, es normal, pero ese 10% te enriquece más que el 100 % de otros muchos libros. Tolkien y Lewis eran hombres sobresalientes, pero Chesterton era un genio, al nivel de Homero o Shakespeare.

Era un autodidacta: pasó por la universidad de aquella manera, y no consta que se presentase a ningún examen. Sin embargo, su conocimiento del ser humano… No acumula datos, sino que entiende por qué pasan las cosas. Por ejemplo, Chesterton se da cuenta de que la historia de la humanidad es una historia de amor entre el Creador y las criaturas.

G.K. Chesterton con su mujer, Frances, en una imagen de archivo

Y entiende que es una historia que se trunca por el pecado original, pero que se remedia estupendamente por esa maravilla de la creatividad divina que es la Encarnación de Cristo, la redención. Esto lo ve Chesterton, y también Lewis, y Tolkien: se dan cuenta de que la esencia de la historia humana es la redención. Es algo, además, que muchos novelistas cristianos –de esos que hoy llaman «cristianos culturales»– no saben.

–¿A ud. también le parece que hay un renacer del interés por Chesterton en España, sobre todo entre ciertos sectores de gente joven?

–Sí, pero los efectos tienen sus causas. Cuando yo tenía tu edad, a Chesterton no lo conocía nadie en España; entre otras cosas, porque apenas estaba traducido. En el renacimiento de Chesterton en España han mediado una serie de editoriales que han apostado por él: Acantilado, Renacimiento, Encuentro, Palabra, Rialp… Sobre esta última, la traducción de Ortodoxia por parte de Juan Luis Lorda, de 2022, es un acontecimiento cultural de primer orden.

–A menudo se destaca de Chesterton lo premonitorio que resultaba: en sus artículos, hace más de un siglo, hablaba de problemas que hoy son más acuciantes que nunca.

–Me parece casi misterioso ver cómo hace un siglo, como dices, publica en prensa artículos en los que se ve qué va a pasar con el divorcio, el feminismo, la ideología de género… ¿Cómo es posible? Es un profeta. Por supuesto, en temas como la educación de los hijos o la sexualidad, da en la diana.

Y otra cosa en este sentido que se nos olvida fácilmente es que vivimos en una época muy ideologizada: muy materialista, muy relativista, muy freudiana, muy nietzscheana, muy positivista, muy nacionalista… Y todas estas ideologías nacen en vida de Chesterton. Él lo vio todo en ebullición, y por eso publica Herejes. Con mucho sentido del humor, como siempre, porque empieza diciendo: «Entiendo por hereje a todo el que no piensa como yo».

–También me parece premonitorio el planteamiento de La esfera y la cruz, con esa furibunda incomprensión de una fe que se tome en serio a sí misma y no un «cristianismo cultural» y que no moleste, como decía ud. antes.

–De alguna manera, Chesterton lo comprobó en sus carnes… aunque no demasiado, porque hacía falta mucho cuajo para meterse con él. Pero digamos que sí lo comprobó en las carnes de gente que sufrió muchísimo al convertirse al catolicismo. Él pertenece a la «generación de Oxford» de conversos, que empieza con John Henry Newman y sigue con Lewis, Ronald Knox, Maurice Baring, Robert Hugh Benson o Evelyn Waugh.

Chesterton sabe perfectamente qué pasa cuando te conviertes en un país donde ya es muy raro ser religioso… y donde, entre los religiosos, lo normal es ser anglicano. Los católicos se veían como de segunda o tercera categoría intelectual. De ahí que estos conversos no sea gente que se haya convertido por el sentimiento, sino por la razón, porque necesitaban armarse muy bien intelectualmente.

–En el arranque del congreso se advertía del riesgo de adaptar a Tolkien o Lewis al cine o la televisión ignorando su profunda raíz cristiana. ¿Está de acuerdo?

–Claro, si no entiendes una obra en profundidad, quizá te te quedes sin lo mejor, ¿no? Los seres humanos tenemos que vivir en el significado, en el significado de las cosas. Si no, somos frívolos, o sonámbulos. Un clásico es una persona que vive máximamente en el significado, y todo lo que dice –usando la imagen de Platón– aporta luz a la caverna.

–Por último, un clásico: ¿por dónde recomendaría empezar a leer a los tres autores que venimos discutiendo?

–Te voy a decir lo que les digo a mis alumnos para que no naufraguen. Con Chesterton, que no empiecen por Ortodoxia, El hombre eterno ni Herejes, sino por su Autobiografía, que es muy amena y está muy bien publicada por Acantilado.

Con Lewis, pueden empezar por Los cuatro amores –que habla del afecto, la amistad, el amor conyugal y la caridad; les va a encantar– o por las Cartas del diablo a su sobrino. O, por supuesto, con cualquiera de Las Crónicas de Narnia. Y con Tolkien, está clarísimo: yo empecé leyendo El hobbit y me pareció maravilloso, ¡y eso que me habían dicho que lo bueno venía después!