Una de las láminas de Fortuny, editadas por Seguí
Historias de Barcelona
El editor que convirtió Barcelona en la capital del libro en español
No hace tanto años, o tal vez sí, las paredes de las casas se decoraban con láminas de colores con fotografías de lugares remotos, batalla o escenas sagradas. Su ideólogo fue Miquel Seguí: desde su fábrica en el barrio de Gracia de Barcelona, distribuyó para toda España esas impresiones que adornaron miles de paredes.
Y no solo esto, también imprimió grandes obras de divulgación y enciclopedias, libros de arte y ediciones de lujo, medicina y ciencias naturales, revistas y publicaciones periódicas. La Editorial Seguí representó el auge de la industria editorial de Barcelona, convirtiendo a la ciudad en el centro del libro en lengua castellana.
El Centro Editorial Artístico de Miquel Seguí se convirtió en un referente, en la Barcelona de finales del siglo XIX, en un tiempo cuando el Modernismo estaba en boga. En una época en la cual el libro era un objeto de culto, prohibitivo para una parte de la sociedad, rompió las barreras de este privilegio, reservado a bibliotecas nobiliarias y eclesiásticas, con la publicación de obras por entregas o fascículos.
Cada semana, por muy poco dinero, las familias podían adquirir un fragmento de una enciclopedia, o el capítulo de una novela. Las cromolitografías que publicaba Seguí eran tan precisas y brillantes que aún conservan ese brillo y color.
Una de las láminas de Fortuny, editadas por Seguí
A esto hay que añadir las litografías de obras de los grandes maestros, mapas detallados y un sin fin de cosas más que, a parte de promover la cultura, sirvian para decorar las desnudas paredes. Mientras otras editoriales de la época recelaban de los avances tecnológicos, Seguí se decantó por el fotograbado y las nuevas prensas automáticas. Su filosofía era que la técnica debía estar al servicio del arte.
De Mallorca a Barcelona
Miquel Seguí Riera nació en Palma de Mallorca en 1858. Tras Tras formarse en artes gráficas y trabajar como ilustrador en diversas publicaciones, se trasladó a Barcelona, donde fundó la suya. Se dio a conocer con sus reproducciones de los dibujos de Mariano Fortuny y Los Caprichos de Goya.
Participó con una serie de aguafuertes en la exposición de arte celebrada con motivo de la Exposición Universal de 1888. Es considerado uno de los mejores grabadores sobre metal de su tiempo. Seguí falleció en Barcelona en 1927 y la empresa continuó con sus sucesores hasta 1947 cuando se cerró.
Bajo el sello de la Editorial Seguí, clásicos universales como El Quijote, La Divina Comedia o las Fábulas de La Fontaine dejaron de ser obras sólo para unos pocos. Sus ediciones eran monumentales, con encuadernaciones de tela estampadas en oro y relieves.
Tener o comprar un Seguí no era un status, un testimonio de que se pertenecía al mundo de la cultura. No solo se centró en España. Gracias a su impulso y al de otros editores, Barcelona se consolidó como la Gran Librería de América. Por eso empezó a distribuir y vender libros en Buenos Aires, México o Montevideo.
Voluntad de estilo
La Editorial Seguí también se implicó en el movimiento artístico conocido como Modernismo. Las portadas de sus obras reflejaban su obsesión por la naturaleza, las líneas curvas y la integración de todas las artes. El libro no era un contenedor de información, era una obra de arte total. Cada página era diseñada con un equilibrio arquitectónico, que mezclaba el blanco del papel, la tipografía y la ilustración. En todos sus libros había voluntad de estilo. No se trataba solo de educar, era más un éxito de resistencia cultural.
Varias fueron las publicaciones emblemáticas. Su obra más ambiciosa fue el Diccionario Enciclopédico Hispano-Americano, un compendio de conocimiento sobre literatura, ciencias y ciencias. Esta obra compitió con las mejores enciclopedias internacionales.
El edificio de Gracia donde estuvo la Editorial Seguí
La Historia de las Naciones, en varios tomos, narraba la evolución de los pueblos ilustrada con cromolitografías, mapas y grabados. La Geografía Universal detallaba los continentes con un fuerte enfoque visual y cartográfico. Luego la colección de Los Caprichos de Goya formada por 80 aguafuertes, con notas biográficas del autor; y la edición de lujo ilustrada por Jaime Pahisa Laporta y Arturo Seriña sobre El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha, con encuadernaciones modernistas.
Vinculado a la ciencia y la medicina tenemos el Atlas de Anatomía Humana con láminas cromolitográficas detalladas para estudiantes y profesores y Tratados de Ciencias Naturales sobre botánica y zoología. También libros de viajes y monumentos, que documentaban la riqueza arquitectónica de España y Europa.
Seguí puso en marcha lo que hoy conocemos como marketing antes de que se llamara así. Utilizaba regalos y suscripciones combinadas para fidelizar a sus lectores. Si te suscribías a una de sus colecciones de historia, a menudo recibías una lámina de gran formato o un diccionario, una estrategia que hoy nos parece común pero que en su momento fue revolucionaria para mover grandes stocks de libros. Dicho de otra manera, no solo vendía libros, vendía el prestigio de que las clases trabajadoras tuvieran una biblioteca en casa.
La sede de la editorial estaba en la calle Torrent de l’Olla número 9. Construyó el edificio Andreu Audet Puig, arquitecto modernista especializado en la arquitectura de espectáculos y ocio. A lo largo de su vida diseñó el Casino de la Rabassada, el Hotel Colón, los Teatros Apolo, Arnau, Victoria y Condal.
El edificio de la editorial ganó un premio en el concurso anual de edificios artísticos del Ayuntamiento de Barcelona. El edificio todavía conserva en su fachada relieves y elementos decorativos que aluden a la industria del libro y el arte, siendo uno de los ejemplos más claros de cómo las sedes de las editoriales de la época buscaban proyectar prestigio y belleza.