Un hombre lee el periódico en la Rambla de Barcelona, en 1957, en una fotografía de Harry PotWikimedia

Cultura

La «espectacular» vida cultural en la Cataluña de posguerra: «Comparado con el secarral actual, era un vergel»

La Universidad Abat Oliba CEU acoge una jornada sobre la «vitalidad» de la cultura catalana tras la Guerra Civil

Frente al mito de que, tras la Guerra Civil, España se convirtió en un erial cultural durante décadas, la realidad es que durante los años posteriores a 1939 se asistió a una vida cultural y literaria «verdaderamente importantísima». Así lo ha definido el historiador Rafael Sánchez Saus en el arranque de la jornada La lucidez del páramo. La vida intelectual en la Barcelona de la posguerra (1939-1960), organizada por la Fundación Cultural Ángel Herrera Oria (AHO), una obra de la Asociación Católica de Propagandistas (ACdP).

El evento se ha celebrado este jueves en la Universidad Abat Oliba CEU de Barcelona, y ha supuesto el primer acto de la fundación AHO en la capital catalana, recogiendo la estela de unas jornadas con que se celebraron en Madrid en marzo con el título La feracidad del páramo. «Una condena general o colectiva de toda una época conlleva pensar que la generación de mis padres fueron vidas frustradas, y yo no viví eso», ha insistido Sánchez Saus, director de la entidad organizadora.

El coordinador de la jornada, Jorge Soley, ha recordado que la idea del «páramo cultural» fue «una consigna nacida en algún oscuro despacho de apparatchiks comunistas», y que no responde a la «espectacular vitalidad» que floreció en aquellos años. «Ese páramo es un vergel, comparado con el secarral que vivimos hoy en día», ha ironizado.

Josep Pla

La jornada se ha articulado en torno a nombres como el de Josep Pla, glosado por el periodista y escritor Valentí Puig, quien ha destacado que el autor de El quadern gris «fue un liberal que creía en la exigencia de orden, y un conservador que creía en la libertad».

Valentí Puig y Jorge Soley, durante la jornadaG. Altarriba

Puig, autor de El hombre del abrigo o del Diccionario Pla de literatura, ha cargado contra el modo en que se enseñan la lengua y literatura catalanas en los institutos –«puede generar rechazo, porque en una sociedad bilingüe suena a imposición», ha dicho– y ha lamentado la «obstinación» por simplificar a Pla como un escritor «franquista» o como un espía al servicio del dictador.

El ponente ha destacado la defensa de Pla del individualismo y su noción de que sin propiedad no hay libertad, lo que le llevó a recelar de anarquistas y colectivistas. «El pensamiento conservador –ha continuado Puig, rescatando perlas de Pla– es anti ideológico, y Pla es anti ideológico por instinto», y ha citado su crónica del viaje a Rusia en 1925: «La sovietización de la vivienda pone los pelos de punta; la revolución tiene una tendencia clara contra el derecho romano (…) [y] el milagro es que el pueblo trabaja más y gana menos que antes de la Revolución».

Puig ha recordado la lucidez de Pla al escribir sobre el siglo XX, «el siglo de la megamuerte» gracias a Hitler, Stalin y sus «imitadores», como Mao. También ha loado sus observaciones al recorrer el golfo pérsico en 1959 –tras leer el Corán en el camarote de un petrolero, Pla reflexionaba que «el concepto de dictadura y caudillaje es consubstancial al islamismo»– o sus crónicas parlamentarias desde Madrid durante la II República.

Sobre su relación con la fe católica, Puig ha destacado que «Pla es un escritor sin afán de trascendencia» y que ve necesaria la existencia de la Iglesia «como un elemento de orden social». No obstante, en sus últimos años hubo una aproximación a un elemento religioso, con anécdotas como el rezo de un Padrenuestro por los judíos en Varsovia o una cercanía al Monasterio de Poblet.

La ‘desfeta’ y Santo Tomás

Por su parte, el catedrático de Humanidades en la Universidad Ramon Llull Armando Pego ha recordado que el término «páramo» lo acuñó el historiador de la filosofía José Luis Abellán, y que en el caso catalán se entrecruzan dos ejes: el de izquierda-derecha y el nacionalista. Pego ha apuntado que el nacionalismo catalán se refiere a la posguerra como la desfeta, el «deshacimiento» de lo que habían sido los años 30.

Armando Pego, Jorge Soley y Antoni Prevosti, durante la jornadaG. Altarriba

Pego ha hecho referencia a personajes como Moisés Broggi –que en Memorias de un cirujano explica que la entrada de las tropas nacionales se recibió con «alivio» en Barcelona, aunque señala que la paz de los vencedores no era la de la reconciliación–, el periodista Gaziel o el sacerdote jesuita Miquel Batllori, y ha trazado una panorámica del ambiente universitario de la Barcelona de los años 40 y 50.

A continuación, el filósofo y sinólogo Antoni Prevosti ha glosado el nacimiento de la llamada Escuela Tomista de Barcelona, que hoy es «un grupo floreciente, numeroso y reconocido a nivel internacional» en el ámbito de los estudios sobre santo Tomás de Aquino, ha dicho.

Dicha escuela nació a partir de la enseñanza del sacerdote jesuita mallorquín Ramón Orlandis, quien a su vez formó a Jaime Bofill y a Francisco Canals. «Lo que aprendieron en ningún caso es un tomismo de manual, sino un tomismo vivo, pensado, que no es una mera repetición de cosas aprendidas, sino que el profesor está pensándolo mientras lo imparte», ha señalado Prevosti.

Ha concluido la jornada el periodista de ABC y doctor en Ciencias de la Comunicación Sergi Doria, que ha abordado el papel de Barcelona como «capital de la industria editorial». Doria ha destacado que 1944 fue el año de despliegue de grandes editoriales, y que ese mismo año se creó el Premio Nadal, que iría seguido del Ciudad de Barcelona en 1950 y del Planeta en 1952.

Frente al tópico de que aquellos años no se publicaba en catalán, Doria ha recordado que entre 1946 y 1951 se publicó la revista Ariel. También ha destacado otras publicaciones de la época, como la revista La Jirafa, y que Barcelona en aquella época contaba con un floreciente «ecosistema» de editores, premios y revistas. «No hubo ningún páramo cultural», ha zanjado.