Retrato de un joven Antonio Gaudí
Historia
La obra maestra de un joven Gaudí que no era un edificio y cambió su vida para siempre
La vitrina Comella es una obra crucial para entender los primeros años de Gaudí
En la calle Avinyó número siete de Barcelona, en la esquina con la calle Fernando, se encontraba la Guantería de Esteban Comella. En el año 1878, Comella iba a exponer sus artículos en la Exposición Universal que se celebró en París, y le pidió a Antonio Gaudí que le diseñara una vitrina para la ocasión.
En aquellos momentos, Gaudí estaba colaborando con Eduardo Fontseré en la cascada del Parque de la Ciudadela de Barcelona. El 15 de marzo había conseguido el título de arquitecto. Ese año diseñó las farolas de la Plaza Real de Barcelona, un pupitre, reclinatorios de la capilla de Comillas, verjas de la plazoleta de Aribau, un aparato anunciador de hierro y cristal –encargo de Manuel Carré y Enrique Gironi de Mataró–, e inició la construcción de la Casa de Manuel Vicens, en la calle de las Carolinas.
Gaudí no se limitó a crear una caja de metal. Construyó una estructura arquitectónica en miniatura que desafiaba las convenciones del diseño industrial del siglo XIX. Aquel año, como hemos dicho, creó un pupitre de madera con aplicaciones metálicas. Lo fabricó en el taller de Eudald Puntí tras conocer a Eusebio Güell.
Dibujo de la vitrina, mejorado por IA
Se conservó en la Sagrada Familia y se destruyó en 1936. Para la vitrina, que también se hizo en el taller de Puntí, utilizó una combinación de madera de nogal, hierro forjado y amplios paneles de vidrio, logrando una transparencia que permitía ver florar la mercancía gracias a la luz, mientras que la estructura externa aportaba una solidez orgánica.
La vitrina estaba rematada con una cestería metálica con motivos vegetales y formas sinuosa. Podemos decir que este diseño fue el precursor de lo que luego se conocería como Modernismo y Gaudí fue el primero en establecerlo. Fue obsesivo con los detalles de la vitrina. Las bisagras y las molduras respondían a una lógica tanto funcional como estética, elevando un objeto cotidiano, para una exposición, a la categoría de obra de arte.
Un trabajo reconocido
Durante la Exposición Universal de París la vitrina no pasó desapercibida en el pabellón español. Además del impacto y el reconocimiento oficial, recibiendo una de las tres medallas de plata concedidas por el jurado, aquel trabajo cambió la vida del joven Gaudí.
¿Por qué? Uno de los visitantes de aquella exposición fue Eusebio Güell. Al verla quedó hipnotizado por su originalidad y factura técnica. Güell no solo vio en aquella vitrina bien hecha, sino la prueba que existía una mente capaz de romper con el academicismo rancio para abrazar la modernidad.
Es decir, Güell buscaba a alguien como Gaudí y paradójicamente lo encontró en París. Aquel fue el principio de una gran amistad entre el mecenas y el arquitecto. Güell abrió a Gaudí las puertas de su casa de par en par, le presentó a su familia y a sus amigos, y le brindó el apoyo económico y moral que necesitaba para triunfar. Esa vitrina marcó un punto y a parte en la historia del Modernismo, porque sin ella muchas de las obras de Gaudí hoy en día no existirían.
En noviembre de 1878, cuando finalizó la Exposición, la vitrina volvió a Barcelona y se pudo contemplar en la tienda de la calle Avinyó. Allí permaneció durante años, dándole un estatus a aquella guantería. Se puede decir que se convirtió en un símbolo.
La evolución de la sociedad hizo que la tienda cerrara. Con ello desapareció la vitrina. Aunque el objeto original se perdió, conservamos los dibujos preparatorios, las crónicas de la época y el impacto que causó en su momento. Sobre la vitrina escribió Joan Bassegoda:
En uno de los pocos escritos que conservamos de Gaudí habla de la vitrina así: «El hierro, limpio y pulimentado en las partes más convenientes a la ejecución y buen efecto, se recubrirá con un barniz antihigrométrico de buena duración, que preservará de los efectos de la humedad, como se ha hecho en una infinidad de casos empleados y, últimamente, en el delicado armazón de hierro de una de las instalaciones que hemos dirigido y que está figurando en la actual Exposición Universal con feliz éxito».
Una obra importante
En un objeto que podemos calificar de modesto, Gaudí ya incluyó aquellos elementos que serían característicos en sus obras posteriores. Incorporó el hierro como un elemento decorativo necesario, incluyó la naturaleza en los adornos, y la luz se convirtió en un elemento más del objeto. Todo esto lo aplicó años después en La Pedrera, Casa Batlló, el Colegio de las Teresianas o la Sagrada Familia, por poner solo unos pocos ejemplos. Es posible de Güell se diera cuenta de aquella genialidad, por eso decidió ser su mecenas.
También fue el punto de partida para la creación de obras más modestas, pero excepcionales. Ejemplo de lo que decimos son las barandillas de la Casa Bellesguard, las rejas de la Casa Vicens o en el mobiliario que diseñó años más tarde para el Palacio de Comillas.
Sin que nadie lo supiera, solo Gaudí, la Vitrina Comella fue la carta de presentación de lo que quería hacer, en un futuro, como arquitecto. En ella Gaudí demostró y subrayó la importancia que siempre dio a las artes aplicadas y a la artesanía, convencido de que no existía jerarquía entre una silla, una vitrina o una basílica, siempre que el espíritu de la belleza y la verdad estuvieran presentes en la obra.