El Park Güell de Barcelona, en una imagen de archivo

El Park Güell de Barcelona, en una imagen de archivoUnsplash

Historias de Barcelona

Los orígenes del Park Güell, el intento de Gaudí por crear una utópica ciudad-jardín

Un proyecto inmobiliario fallido dio pie a uno de los espacios más visitados de la Barcelona actual

La concepción del Park Güell de Barcelona representa el momento en el que el genial arquitecto Antonio Gaudí se encontró con la utopía social. Aunque el proyecto comercial fracasó, la obra que dejó forma parte de una de las maravillas del mundo.

Sus orígenes se remontan a los años 1899 y 1902, cuando Eusebio Güell compró dos fincas llamadas Can Muntaner de Dalt y Can Coll i Pujol, en la zona conocida como Montaña Pelada. La primera también se conocía como Can Larrard. Güell encargó a Gaudí que rehabilitara la casa, y él añadió el porche, el arco de acceso a la capilla y el invernadero.

La simbología masónica está presente en las telas neoclásicas con divinidades griegas son obra de Francesc Pla. Hasta la muerte del conde, fue un importante punto de reunión de la sociedad barcelonesa y desde 1929 es una escuela. Esta finca era propiedad de Salvador Samá, marques de Marianao, y pagó por ella unas 500.000 pesetas. La otra se la compró a la familia Coll por unas 150.000 pesetas.

La Casa Larrard, en el Park Güell

La Casa Larrard, en el Park GüellPark Güell

La Barcelona de 1900 era una ciudad industrial, llena de ruidos y movimiento de mercancías. La burguesía que surgió a finales del siglo XIX buscaba algún sitio, no muy alejado de la ciudad, que les permitiera tener calma y tranquilidad. Por eso se decidió comprar esas dos fincas.

Era un lugar apartado de Barcelona, en la villa de Gracia, que por sus vistas permitía ver Barcelona y el mar. La idea de Güell y Gaudí era crear una urbanización de lujo bajo el modelo británico de la Garden City, o «ciudad-jardín». Buscaban exclusividad, higiene y modernidad. Se debían construir sesenta viviendas unifamiliares rodeadas de vegetación y silencio.

El espacio estaba destinado a la vida comunitaria. Se construyó una ágora que serviría de mercado y teatro griego al aire libre. La Sala Hipóstila, con sus ochenta y seis columnas dóricas, con un fuerte espíritu revolucionario, fue concebida como el mercado que abastecería a los residentes. Las columnas no solo sostenían la plaza superior, sino que forman parte de un sofisticado sistema de ingeniería hidráulica.

Al ser huecas recogían el agua de lluvia que se filtra a través de la arena de la plaza y la conducían a una inmensa cisterna subterránea de 1.200 m³. El agua serviría para regar los jardines o alimentar las fuentes, como la de la Salamandra. Así construyó una obra con funcionalidad biológica y sostenible.

Respecto al mercado, Gaudí proyectó la gran plaza circular, el Teatro Griego, concebido para reuniones sociales y espectáculos. Diseñó un banco ondulado que rodeaba todo el perímetro. Este, forrado con la técnica del trencadís, es una obra maestra de la ergonomía. Es decir, diseñar el entorno para que se adapte a las personas y no al revés, para optimizar el bienestar humano y el rendimiento del sistema en su conjunto.

Se cuenta que Gaudí hizo sentar a un operario sobre el yeso fresco para capturar la curvatura exacta de la columna vertebral humana, asegurándose que el descanso fuera absoluto. Por eso los bancos no son rectos, porque la columna vertebral no lo es. También fluye como una serpiente, al considerar que la vida es curva.

Un camino espiritual

El camino hasta la cima de la montaña era una metáfora de la elevación del alma. Arriba, donde se encuentra el Calvario de las Tres Cruces, debía construirse una gran capilla. El proyecto se encontró con diferentes trabas. Aunque Gaudí era un reconocido arquitecto, el Park Güell quedaba muy lejos del centro y eso era un inconveniente.

También frenó el proyecto porque debían someterse a las estrictas ordenanzas de construcción de Güell y Gaudí. Se prohibía talar árboles y limitaban el tamaño de las edificaciones para no romper el equilibrio verde. Además el contrato de venta incluían cláusulas de enfiteusis, un sistema de arrendamiento a muy largo plazo. Para aquellos burgueses conservadores el estilo modernista y orgánico de Gaudí era demasiado excéntrico.

El icónico dragón de 'trencadís' en el Park Güell de Antonio Gaudí

El icónico dragón de 'trencadís' en el Park Güell de Antonio GaudíUnsplash

De las 60 parcelas previstas, solo se vendieron dos. De hecho, las únicas casas construidas fueron una para un amigo de Güell y otra casa de muestra donde terminó viviendo Gaudí. El estallido de la I Guerra Mundial en 1914 generó una gran incertidumbre económica que detuvo definitivamente las obras.

Lo compró el Ayuntamiento

Tras el fallecimiento de Eusebio Güell, en 1918, sus herederos ofrecieron la propiedad al Ayuntamiento de Barcelona, el cual aprobó su compra en el pleno municipal del 26 de mayo de 1922 por un importe de 3.200.000 pesetas. Se inauguró como parque público en 1926.

La transacción no estuvo exenta de polémica en su momento, pues algunos sectores consideraban que el precio era excesivo para un terreno tan alejado del centro, sugiriendo que ese dinero se invirtiera en otras zonas de la ciudad. La controversia se centró en tres ejes principales.

Los sectores críticos argumentaban que el Ayuntamiento estaba rescatando a la familia Güell de un negocio inmobiliario que había fracasado. Otros cuestionaban la utilidad de un parque público al que la clase trabajadora difícilmente podría llegar, sugiriendo que ese presupuesto debía invertirse en sanear barrios o en crear parques en zonas más densamente pobladas.

Algunos concejales, como los del sector republicano, pedían informes detallados sobre las fincas enclavadas en el parque antes de dar luz verde a la compra. Finalmente, la visión del urbanista Nicolau Rubió i Tudurí, quien defendió la integración del Park Güell en un sistema de parques para la futura Barcelona, acabó convenciendo a la mayoría municipal.

La antigua residencia de la familia Güell se convirtió en una escuela pública, el actual colegio Baldiri Reixac. Con respecto a esto y antes de venderla al Ayuntamiento, la familia quiso que esta se convirtiera en la nueva residencia real en Barcelona.

El plan era transformar la gran mansión en un palacio para el monarca. El rey no mostró entusiasmo por vivir en una zona que se percibía como periférica y de difícil acceso. Por eso se impulsó el Palacio Real de Pedralbes, en la antigua masía Can Planes, también de la familia Güell, siéndole entregado el 12 de mayo de 1924.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas