La ambición de la saga Vallhonrat que dibujó el nuevo Poble Sec
La ambición de la saga Vallhonrat que dibujó el nuevo Poble Sec
La familia Vallhonrat y su papel clave en la urbanización obrera del Poble Sec frente al Plan Cerdá
La transformación de Barcelona tras el derribo de sus murallas a mediados del siglo XIX no solo fue una obra de ingeniería y de planificación urbanística con el Plan Cerdá, sino que en ella se mezclaron intereses privados, ambiciones familiares y la voluntad de dar un cambio industrial a la ciudad. Y es que los terrenos que estaban en el actual Eixample pertenecían a familias que vieron cómo se derrumbaban sus masías después de vender los terrenos. También otros ganaron mucho dinero al ser propietarios de terrenos que pasaron de agrícolas a urbanizables, como los Galvany, los Desvalls, los Tarragó, los Gibert o los Sadurní, entre otros.
Otra zona que se vio ampliada con el derribo de las murallas es lo que hoy conocemos como Poble Sec y Paral·lel. Toda aquella zona empezó a construirse después del Raval. Gran parte de aquellos terrenos eran propiedad de la familia Vallhonrat, que pasó de ser terrateniente y agricultora a modernizar sus propiedades. Esta visión de futuro dio como resultado la urbanización del Poble Sec y el Paral·lel. Una de las primeras zonas que empezaron a construirse gracias a los Vallhonrat es lo que se conoce como Eixample de Santa Madrona.
Esta historia tiene tres nombres: Pablo Vallhonrat Font (1763-1838), su hijo Gabriel Vallhonrat Casas (1797-1870) y el nieto Juan Vallhonrat Soler (1839-1910). Esta saga familiar tenía terrenos en L’Hospitalet de Llobregat, Cornellà de Llobregat y en esta zona de la que estamos hablando. El artífice del crecimiento patrimonial fue Gabriel Vallhonrat, quien vio que comprando aquellos terrenos que estaban fuera de las murallas, en algún momento podrían tener un destino mayor que el agrícola. Así pues, llegó a ser propietario de 32.000 m², repartidos en lo que se conocía como Les Barraquetes de Sant Antoni y las faldas de Montjuïc.
Eran huertos y viñedos. Cuando murió en 1870 Gabriel Vallhonrat, la muralla de esa zona de Barcelona, desde el Portal de Santa Madrona al Portal de San Antonio, ya no existía. Con lo cual era previsible ampliar la ciudad por aquella parte, desde la falda de Montjuïc hasta el Raval. El encargado de llevar a cabo ese cambio urbanístico fue Juan Vallhonrat. Se convirtió en un gestor activo de la propiedad, comprendiendo que el valor de la tierra ya no residía en lo que se producía, sino en lo que podía albergar.
Durante el último tercio del siglo XIX, la urbanización de la zona de Santa Madrona se convirtió en un enfrentamiento entre el Plan Cerdá, con su rigidez geométrica y sus manzanas higienistas, y la voluntad que tenían los propietarios locales sobre cómo debía ser esa zona. Eran propietarios de aquella área los Vallhonrat, Pau Bori o los herederos de Melchior Bruguera. Todos ellos no veían con buenos ojos tener que ceder espacio para vías públicas y jardines. De esta manera nació lo que se conoce como «Eixample de los propietarios», donde las calles, en lugar de seguir la cuadrícula perfecta, se adaptaban a las preexistencias, a las lindes de las antiguas fincas y a la necesidad de encajar el máximo número de viviendas y almacenes.
La urbanización comenzó hacia 1850, consolidándose en la década de 1860, siendo considerado el primer Eixample de Barcelona, incluso antes que el de Cerdá. Se diseñó con un trazado de calles rectilíneo y cuadriculado, integrando bloques de viviendas para obreros debido al auge industrial. Este desarrollo permitió a Barcelona superar sus barreras medievales, convirtiendo la zona de Santa Madrona y Poble Sec en un área residencial densa y de servicios, distinta a la trama del Eixample derecho e izquierdo, más lujosos.
Pau Vallhonrat, que era ingeniero industrial, entendió que para defender los intereses de su familia debía estar en los lugares donde se tomaban las decisiones. Su presencia en la Comisión del Eixample le permitió modelar la opinión pública y las normativas municipales a favor de la urbanización privada. La creación de ese barrio obrero no era solo una cuestión de caridad o higiene, sino una necesidad estratégica para el desarrollo industrial de Barcelona. Los trabajadores se alojarían en condiciones dignas y cerca de sus centros de trabajo. Esto suponía paz social y un aumento de la productividad.
La Asociación de Propietarios decidió abrir una vía que atravesaría sus terrenos. Los asociados negociaron cada detalle, desde la instalación del alcantarillado hasta el alumbrado público. La discusión con el Ayuntamiento fue que las construcciones de esta vía, el actual Paral·lel, debían tener porches, como los de Xifré. Los propietarios se negaron. Veían en los porches una servidumbre innecesaria que encarecía la construcción y restaba espacio comercial. Al final, salieron ganando los propietarios.
Para darnos cuenta del poder de los Vallhonrat, tengamos en cuenta que el despacho de estas asociaciones estaba en casa de ellos. Allí se decidían las calles que se abrían, la distribución de las parcelas y los servicios que debía instalar el Ayuntamiento. Gracias a los Vallhonrat y a los diferentes propietarios se aprobó la urbanización de «La Fransa», siguiendo el Plan Amargós de 1891. Esto es toda la urbanización que va desde el Eixample de Santa Madrona hasta la actual plaza de España y hacia la montaña de Montjuïc.
Juan Vallhonrat también impulsó que Sants formara parte de Barcelona, lo cual ocurrió el 20 de abril de 1897 por real decreto firmado por la reina regente María Cristina. Y esto lo hizo porque en aquella zona también tenía terrenos y, con la anexión, pasaban de ser arrabales a formar parte de Barcelona, incrementando así su valor. Al morir, dejó un legado de 23 grandes parcelas urbanas y múltiples edificios de viviendas. En su honor, o en el de su familia, se dio nombre a una calle del Poble Sec.