El dragón de hierro forjado que guarda el acceso a los Pabellones Güell
Barcelona restaurará el segundo dragón más famoso de Gaudí
El Ayuntamiento aprueba el convenio para recuperar la histórica puerta de hierro forjado de los pabellones Güell, en Pedralbes, una obra singular del genio modernista
Barcelona continúa su apuesta por preservar el legado de Antoni Gaudí. El Ayuntamiento ha aprobado el convenio que permitirá la restauración de la célebre «Puerta del Dragón» de los pabellones Güell, situados en el barrio de Pedralbes. Se trata de una de las piezas más singulares del arquitecto, una monumental obra de hierro forjado que representa al dragón de Ladón, guardián del jardín de las Hespérides según la mitología clásica.
El acuerdo, anunciado el pasado 12 de abril por el consistorio barcelonés, permitirá devolver el esplendor original a este acceso monumental, símbolo del estrecho vínculo entre Gaudí y su primer gran mecenas, el empresario Eusebi Güell. Los trabajos de restauración incluirán la recuperación estructural del hierro y la revisión ornamental de los detalles de cerámica y vidrio que decoran la pieza.
La puerta, terminada en 1887, da entrada al conjunto arquitectónico de los antiguos pabellones de la finca Güell, residencia veraniega de la familia del industrial. Con su sinuosa estructura y el uso magistral del hierro forjado, el «dragón de Pedralbes» anticipó muchos elementos que más tarde Gaudí desarrollaría en el Park Güell, convirtiéndose así en un precedente artístico de su obra más popular.
El proyecto, fruto de la colaboración entre el Ayuntamiento, la Diputación y otras entidades patrimoniales, busca reforzar la conservación del modernismo catalán como seña de identidad de la ciudad. La restauración se iniciará en los próximos meses bajo criterios de respeto histórico y técnicas artesanales, tal y como ha informado el Ayuntamiento de Barcelona.
La recuperación de este icono arquitectónico contribuirá —según el comunicado institucional— a poner en valor el patrimonio material e inmaterial que sitúa a Barcelona como referente del arte modernista europeo. El «dragonet» de los pabellones Güell, menos conocido que el del Park Güell, vuelve así al centro de la atención pública como testimonio del ingenio y espiritualidad que caracterizan la obra de Gaudí.