Los Vieneses, en una imagen de archivo
Historias de Barcelona
Los genios venidos de Viena que inventaron desde Barcelona la televisión moderna de España
El legado de Los Vieneses, liderados por Artur Kaps y Franz Joham, fue la profesionalización del espectáculo en la pequeña pantalla
Erase una vez una ciudad que fue el motor de la televisión en una España donde las pantallas eran en blanco y negro. El centro neurálgico era Miramar, que antes, como ahora, fue un hotel. En aquel nuevo ecosistema que debía revolucionar a la sociedad de la década de 1960 se mezclo la experiencia centroeuropea con la italiana para construir un producto de calidad y que, con el paso del tiempo, llegaría a miles de casas.
En aquel edificio que fue el restaurante de la Exposición Universal de 1929 trabajaban cuatro personas del mundo del espectáculo. Sus nombres eran Franz Johan, Gustavo Re, Herta Frankel y el visionario Artur Kaps.
Artur Kaps no era un hombre común. Llegó a España huyendo de las sombras de una Europa herida, trayendo consigo el rigor y la magia del cabaret vienés. Kaps era un director y creador que entendía la televisión con menos técnica y más alma. Kaps poseía esa mirada capaz de transformar un plató austero en un palacio de cristal.
Mientras que en otros lugares se improvisaba, Kaps importó la disciplina del Viena de mis amores, esa mezcla de opereta, circo y elegancia que obligaba a cada técnico a dar lo mejor de sí. Era un hombre de silencios profundos y decisiones fulminantes, un artista que veía en la pantalla un lienzo donde la luz debía acariciar a los artistas.
La pareja cómica formada por Franz Johan y Gustavo Re era un estudio de contrastes. Johan, austríaco de nacimiento, aportaba una elegancia socarrona, un aire de galán centroeuropeo que parecía haber perdido el rumbo en Barcelona pero que mantenía intacto su magnetismo.
Re, nacido en Milán, era en cambio el contrapunto perfecto. Su fisonomía, su capacidad para la mueca y su energía desbordante creaban una química que trascendía el idioma. Eran Los Vieneses, un título que ocultaba una realidad mucho más rica. En sus sketches, la audiencia no solo veía humor. También un puente hacia una Europa que parecía lejana. Johan y Re hablaban un español con acentos cruzados que los hacía extrañamente cercanos.
Un laboratorio de creatividad
TVE en Cataluña no era una simple delegación. Se convirtió en un laboratorio de creatividad. Bajo la batuta de Kaps se gestaron programas que hoy son leyenda, como Amigos del martes, Noche de estrellas, Noches del sábado o Esta noche con... La televisión se hacía a mano. Los decorados se pintaban hasta altas horas de la madrugada y los guiones se ajustaban sobre la marcha, entre cafés y cigarrillos en las terrazas que miraban al puerto de Barcelona.
Si hubo una presencia que capturó el corazón de los más pequeños y la admiración de los mayores esa fue Herta Frankel. Compañera de vida y arte de Kaps, Herta era una mujer hermosa y una artista con disciplina férrea.
Herta Frankel, con uno de sus títeres
Su mundo de hilos y madera, sus marionetas, no eran simples juguetes. En sus manos, la perrita Marilín o el sabio Pepito cobraban una vida tan real que los niños de la época juraban haber visto a la perrita parpadear de verdad. En una España donde la televisión era el único electrodoméstico que reunía a la familia, Herta se convirtió en la tía que traía cuentos de mundos donde los animales hablaban y la bondad siempre ganaba.
Su técnica como marionetista era impecable, fruto de años de formación en la exigente escuela europea, pero lo que la hacía inolvidable era su calidez, esa capacidad de mirar a la cámara y hacer sentir a cada espectador que le estaba hablando directamente a él.
Fusión de talentos
El fenómeno de TVE en Cataluña durante esos años dorados se explica por esta amalgama de talentos. Artur Kaps sabía que el público español necesitaba color, aunque la pantalla fuera en blanco y negro. Por eso sus producciones eran exuberantes, llenas de plumas, bailes y una puesta en escena que hoy nos parecería cinematográfica.
Franz Johan y Gustavo Re eran el motor de la risa, los anfitriones que quitaban solemnidad al invento de la televisión, mientras Herta Frankel ponía la nota de ternura y fantasía. Juntos, crearon una estética propia. La influencia de Los Vieneses fue tal que transformaron el gusto del espectador, acostumbrándolo a una variedad de géneros que iba desde la alta comedia hasta el vodevil más gamberro.
La censura convivía con ellos, pero Kaps tenía una habilidad especial para navegar en esas aguas. Su origen les otorgaba una suerte de salvoconducto cultural. Se les permitía una sofisticación que a los locales a veces se les negaba. Miramar se convirtió en un refugio de modernidad. Los técnicos locales aprendieron de la precisión de Kaps, y los guionistas se empaparon de la estructura de los espectáculos europeos. A él se le debe que Massiel conquistara Eurovisión con el La, la, la en 1968, gracias a su visión técnica, sus contactos diplomáticos y la coordinación de una agresiva promoción internacional por Europa.
Franz Johan, con su eterno cigarrillo y su media sonrisa, solía decir que ellos no hacían televisión, «fabricaban sueños enlatados». Gustavo Re, con su vitalidad era el encargado de que esos sueños se convirtieran en risas. Herta peinaba sus marionetas antes de salir a escena con un inmenso cuidado. Era un equipo donde cada pieza encajaba con la precisión de un reloj suizo, pero con el latido de un corazón mediterráneo.
La historia de estos personajes es la historia de una Barcelona que quería ser internacional y de una televisión que estaba descubriendo su propio lenguaje. No se puede entender la evolución del entretenimiento en España sin reconocer la deuda con este grupo de expatriados que decidieron que Cataluña era el lugar ideal para desarrollar su carrera. Kaps construyó hogares imaginarios para millones de personas que cada noche encendían la televisión.
En definitiva, el legado de Los Vieneses, liderados por Artur Kaps y Franz Joham, fue la profesionalización del espectáculo en la televisión catalana y española. Introdujeron el ritmo del music-hall centroeuropeo, innovando en escenografía y realización técnica. Su rigor transformó la programación de TVE en Barcelona, estableciendo los estándares del gran show televisivo.