Montserrat Torrent, en 2025, en el Santuario de Torreciudad, en Aragón

Montserrat Torrent, en 2025, en el Santuario de Torreciudad, en AragónSantuario de Torreciudad

Cultura

Montserrat Torrent cumple 100 años: la incansable barcelonesa que revivió los órganos olvidados de España

España y el mundo de la música tienen una deuda impagable con esta mujer menuda de voluntad titánica

La vida de Montserrat Torrent Serra ha transcurrido entre naves de iglesias y el sonido de de los tubos de un órgano. Del aire ha hecho música a lo largo del siglo XX y del actual. Nacida en Barcelona el 17 de abril de 1926 en Barcelona, hoy cumple 100 años.

La vida de Torrent no solo hay que celebrarla por la longevidad de la artista, que aún está en activo, sino por su voluntad inquebrantable de rescatar aquellas obras escritas para órgano, por compositores españoles, olvidadas por el paso del tiempo.

Su repertorio se extiende desde el Renacimiento hasta los compositores contemporáneos. Entre medio, horas de estudio, viajes, investigación, docencia y un amor por la pureza de un instrumento que nunca ha poseído como propio, pero que ella los ha considerado como de la familia.

La carrera musical la inició de la mano de su madre, Ángela Serra, discípula de Enrique Granados. Con ella adquirió una técnica que mejoró bajo la guía de compositor y organista Paul Constant Eugène de Maleingreau en Bruselas y del organista de la Basílica de San Pedro en Roma Fernando Germani, en los cursos que impartía en la Academia Chigiana de Siena.

En aquellos tiempos, sobre todo en España, el órgano era visto como un mueble litúrgico o un acompañamiento menor para el culto. Torrent se dio cuenta que ese instrumento tenía un gran potencial a explotar, porque es una orquesta controlada por las manos de una persona.

Un pilar en su campo

Su labor como pedagoga en el Conservatorio Superior Municipal de Música de Barcelona, donde ocupó la cátedra de órgano durante décadas, es el pilar sobre el cual se asienta la escuela organística española actual. Torrent, a sus alumnos, no solo les enseñó la técnica, sino a escuchar el silencio, a respetar la mecánica del instrumento y a entender que cada uno de ellos tiene una personalidad única vinculada a la arquitectura de la iglesia y su ubicación.

Y, por encima de todo, una disciplina monacal. Esto le ha permitido tocar obras de la Escuela de la Abadia de Montserrat, Antonio de Cabezón, Johann Sebastian Bach, Jacques Boyvin, Antonio Soler, Johann Caspar Kerll, Olivier Messiaen o Arnold Schönberg, entre otros.

Montserrat Torrent, en una imagen de archivo

Montserrat Torrent, en una imagen de archivoSara Guastevi / Wikimedia

El mayor legado de Montserrat Torrent es la recuperación del patrimonio organístico español. Durante el siglo XX muchos de los órganos históricos de España se encontraban semi abandonados o en estado deplorable. Con determinación recorrió la geografía española denunciando el deterioro y promoviendo restauraciones que respetaran la estética original.

No se trataba de hacer que los órganos sonaran modernos, sino devolverles su voz auténtica, aquella para la cual compositores como Francisco Correa de Arauxo o Juan Cabanilles escribieron sus obras. Gracias a su insistencia y a su prestigio internacional, se redescubrió que el órgano español, con su característica trompetería horizontal o en batalla, posee un color y una fuerza narrativa sin parangón en el resto de Europa.

Amigos del órgano

En el año 1962 se creó la asociación Amics de l’Orgue. Gracias a ella Torrent impulsó ciclos de conciertos y grabaciones que sacaron al órgano de los círculos cerrados para ofrecérselo al gran público. Sus interpretaciones de la música antigua española no eran meros ejercicios de arqueología sonora.

Eran lecturas llenas de vida, de ritmo y de una comprensión profunda de las formas musicales del barroco y el renacimiento. Ella demostró que un tiento del siglo XVII puede ser tan emocionante y vibrante como una pieza contemporánea, si se interpreta con el alma adecuada.

A medida que se acercaba a los cien años, la figura de Montserrat Torrent ha ido adquiriendo una dimensión que nos llena de admiración y más teniendo en cuenta que que ya no escucha las notas porque perdió la audición hace décadas, pero aún siente cómo al pulsar las teclas los sonidos reverberan en su interior.

Verla sentada ante la consola, con la espalda recta y las manos firmes, es un acto de resistencia contra la cultura de lo efímero. En un mundo que premia la velocidad y el éxito instantáneo, ella representa el triunfo de la lentitud, del estudio pausado y de la maduración artística que solo se alcanza tras ochenta años de práctica diaria. Su lucidez es un desafío a los prejuicios sobre la vejez. Ella no se ha retirado porque, como ha afirmado en diversas ocasiones, la música no es un trabajo del que uno se jubila, sino una forma de respirar.

Máximos honores

Montserrat Torrent ha recibido los máximos honores. Entre ellos la Creu de Sant Jordi, el Premio Nacional de Música, la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes y numerosos doctorados Honoris Causa. Para ella el mayor premio sigue siendo el sonido que surge de un órgano histórico bien afinado.

Su humildad es sublime. Siempre se refiere a sí misma como una servidora de la música, una intermediaria entre el compositor y el oyente. Nunca ha buscado lo que llamamos ser una diva, sino la claridad comunicativa, esa transparencia que permite que la arquitectura de la música se despliegue ante el público sin interferencias innecesarias.

Uno de los proyectos con los que culminará el centenario de Torrent es la inauguración del órgano de la iglesia de San Felipe Neri en Barcelona. Este instrumento, que ella misma soñó y ayudó a financiar en sus etapas iniciales hace más de medio siglo, es hoy el Órgano Montserrat Torrent.

España y el mundo de la música tienen una deuda impagable con esta mujer menuda de voluntad titánica que, desde su banqueta de madera, ha sabido tocar el cielo con las manos y hacernos partícipes de esa armonía celestial.

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