Gaudí en la procesión de Corpus Christi, en 1924, dos años antes de morir
Historia
¿Gaudí habría sido mártir? El sangriento destino que esperaba al arquitecto si hubiera vivido diez años más
El asesinato de hasta 12 personas vinculadas directamente a su entorno y al de la Sagrada Familia apunta en esta dirección
El 10 de junio de 1926, Antonio Gaudí Cornet fallecía en el Hospital de la Santa Creu de Barcelona tras haber sido atropellado tres días antes por un tranvía de la línea 30. Su muerte, revestida de una sobriedad casi mendicante debido al aspecto descuidado que el arquitecto adoptó en sus últimos años, cerró de forma abrupta la biografía de este genio del siglo XX.
Si analizamos el mapa político y social de la Cataluña de los años 30, nos damos cuenta aquel accidente ferroviario le evitó a Gaudí un destino drástico y violento. Si el arquitecto hubiera prolongado su existencia tan solo diez años más, alcanzando la edad de 84 años, en el verano de 1936 el estallido de la Guerra Civil y el colapso del orden republicano en Barcelona lo habrían conducido ante los pelotones de fusilamiento de las milicias anarcosindicalistas.
El terror revolucionario desatado tras el fracaso del alzamiento militar del 19 de julio de 1936 en Barcelona supuso el reparto del poder en comités locales controlados por el anarcosindicalismo de la CNT-FAI. Estos llevaron a cabo un proceso de depuración dirigido contra los elementos sospechosos de connivencia con el fascismo, la burguesía y la Iglesia Católica. Y entre estos últimos se encontraba el entorno más íntimo de Gaudí, como recordaba recientemente Jorge López Teulón en Religión en Libertad.
Agustí Mas i Folch, que ejercía como confesor personal de Gaudí, fue localizado por las patrullas de control, detenido y fusilado en el cementerio de Montcada i Reixach el 15 de marzo de 1937. A Antoni Forns Carulla, sacerdote que durante casi una década se encargó de administrarle la comunión diaria en el recinto del templo, lo asesinaron en la carretera de l’Arrabassada el 30 de julio de 1936.
Gil Parés Vilasau, primer sacerdote de la cripta de la Sagrada Familia, asesinado el 26 de julio de 1936 detrás del Hospital de Sant Pau. Francesc de Paula Parés Iglesias, presidente de la Junta de Obras de la Sagrada Familia, fue asesinado en el cementerio de Montcada i Reixach el 26 de enero de 1937.
En torno a la Sagrada Familia
La violencia de los anarcosindicalistas no se detuvo. Siguió en la capellanía y la infraestructura social que Gaudí había edificado en torno a la Sagrada Familia. Jaume Llonch Solà, primer vicario de la parroquia y estrecho colaborador en la gestión comunitaria del proyecto, fue asesinado el 17 de septiembre de 1936 en Can Tunis. Ramón Balcells Masó, el sacerdote que asumió la tarea de primer catequista y que se encargaba de la instrucción religiosa de los hijos de los peones y albañiles, fue ejecutado en una cuneta en Sant Salvador de Tolo el 4 de marzo de 1937.
Además, asesinaron a la profesora de las escuelas del templo Consol Puig Querol en la carretera del Guinardó el 27 de julio de 1936; Clodomir Coll Ibáñez fue asesinado junto a Consol Puig, y Francesc Xavier Cunill Bastús murió junto a Ramón Balcells. A Ramón Parés Vilasau le asesinaron en la carretera de Sabadell a Terrassa el 27 de agosto de 1936, y Francesc y Mercè Diéguez Foguet fueron asesinados en Can Tunis el 19 de septiembre de 1936. Todos estos fueron asesinados por esconder en sus casas a personas vinculadas con la Sagrada Familia.
Incendio de la Sagrada Familia, en 1936, en una imagen coloreada a posteriori
El ensañamiento material contra la obra de Gaudí constituye la segunda prueba irrefutable de que el arquitecto no habría sobrevivido a los anarcosindicalistas. El 20 de julio de 1936, grupos de milicianos asaltaron las instalaciones del templo con el objetivo explícito de destruir el símbolo religioso por excelencia de la burguesía y el clero catalán.
El taller de Gaudí fue asaltado e incendiado. En ese espacio no solo se custodiaba la memoria del proyecto, sino la clave de su futuro. Esto es, los planos originales firmados por el genio, las colecciones de fotografías documentales que registraban el avance de las obras y las maquetas tridimensionales de yeso que Gaudí había moldeado a escala para que sus sucesores pudieran interpretar las complejas leyes geométricas de las bóvedas e hiperboloides.
Todo fue destruido a martillazos o reducido a cenizas. Los restos de los modelos de yeso fueron arrojados por las ventanas y la tumba donde reposaban los restos de Gaudí en la cripta sufrió intentos de profanación. Si las milicias anarquistas mostraron tal grado de beligerancia destructiva hacia los planos inertes, las maquetas de yeso y el recuerdo del arquitecto, la presencia física de un Gaudí octogenario, defendiendo el taller que constituía su hogar y su razón de ser habría terminado de inmediato con su fusilamiento en el mismo templo.
Gaudí hubiera sido una víctima propiciatoria del terror anarcosindicalista. A pesar de su origen menestral y de su desapego absoluto por las riquezas materiales, era percibido por los sectores radicales como el arquitecto de la burguesía reaccionaria, el hombre financiado por las grandes fortunas católicas de Cataluña como la familia Güell o el sector del integrismo católico liderado por la Asociación de Devotos de San José.
Retrato de Antonio Gaudí
Su conocida intransigencia en materia de fe, su estricta observancia litúrgica y su profunda vinculación con obispos y sacerdotes lo convertían, a ojos de los anarcosindicalistas, en una víctima propiciatoria del ecosistema eclesiástico. El hecho de que vistiera ropas viejas y desgastadas, que en 1926 provocó que los camilleros del hospital lo confundieran con un mendigo sin recursos, no habría sido en 1936 una patente de corso. Todo lo contrario. Habría sido interpretado por los comités revolucionarios como una excentricidad de un fanático religioso estrechamente ligado a las élites que financiaban el templo expiatorio.
Gaudí no se habría escondido ni habría renegado de su fe. Su temperamento obstinado y su mística combativa lo habrían empujado a permanecer junto a sus piedras, a sus planos y a sacerdotes como Gil Parés, Mas Folch y Forns Carulla. La reconstrucción de los hechos que tuvieron lugar entre 1936 a 1937, segando la vida de 12 mártires vinculados al templo de la Sagrada Familia, nos hacen pensar que una de esas balas hubiera acabado con la vida de Antonio Gaudí y que, hoy en día, hablaríamos de él como mártir de la fe católica.