El óleo de Antoni Estruch Bros (1872-1857) pintado en 1909 y titulado 'L'onze de setembre de 1714' muestra el asalto final a Barcelona en 1714

El óleo de Antoni Estruch Bros (1872-1857) pintado en 1909 y titulado 'L'onze de setembre de 1714' muestra el asalto final a Barcelona en 1714

Diada

Por qué Barcelona cayó en 1714: no fue una guerra de independencia sino un conflicto dinástico por España

Lejos del mito nacionalista, el asedio de Barcelona en 1714 fue una rigurosa operación de ingeniería militar enmarcada en una contienda dinástica europea, donde la Junta política ignoró la prudencia técnica de sus mandos hasta un trágico desenlace

Con la Diada, Cataluña celebra lo que fue una gran derrota del bando del Archiduque Carlos durante la guerra de Sucesión española. El siglo XIX, famoso por ser el periodo en el que nacen los movimientos nacionalistas como el catalán, forjó un relato que la política actual y las partes interesadas han moldeado.

Pero detrás del relato están los hechos de lo que fue una de las mayores operaciones militares de la contienda que enfrentó al bando borbónico, partidario de Felipe V (Felipe de Anjou), y al bando austracista, defensor de que el Archiduque Carlos de Austria ocupase el trono español.

Más que una contienda local, fue lo que muchos historiadores han definido como una guerra europea, ya que el resultado cambió el equilibrio de poderes preexistente en gran parte de la Europa occidental. Mientras los borbónicos contaban con el apoyo militar de Francia y la Corona de Castilla, los partidarios de Carlos tenían el respaldo, por supuesto, de la Corona de Aragón (de la que formaba parte el Principado de Cataluña) y de la famosa Gran Alianza formada por Inglaterra, Holanda y Austria.

Este apoyo «internacional» militar en la Península desapareció tras la firma de los Tratados de Utrecht (1713) y del de Rastatt un año después. Durante el verano de 1713, los austracistas catalanes se quedaron solos ante la salida de Barcelona y de la región de las tropas imperiales del Archiduque.

Ante esta situación, el 9 de julio de 1713, las Cortes catalanas (Junta General de Braços) decidieron continuar con la resistencia armada en favor del Archiduque. A falta de apoyo militar, la Junta tuvo que organizar un nuevo ejército ex profeso compuesto por 5.000 militares profesionales divididos en regimientos de infantería, caballería y artillería que constituyeron el Ejército Regular de Cataluña; una milicia gremial urbana de 5.000 ciudadanos llamada la Coronela y unos 1.000 efectivos de tropas auxiliares de voluntarios e incluso caballería ligera conocida como los miqueletes. Las murallas de Barcelona se reforzaron además con unas 120 piezas de artillería.

Alegoría del sitio de Barcelona, ilustrada por Mateo Bruguera en el siglo XIX

Alegoría del sitio de Barcelona, ilustrada por Mateo Bruguera en el siglo XIXWikimedia

Al mando de esta nueva fuerza estaba Antonio de Villarroel y Peláez, comandante general del Ejército de Cataluña. Era un militar experimentado que empezó su carrera con Carlos II, sirvió en el ejército borbónico de Felipe V y acabó al servicio del Archiduque. El liderazgo político estuvo a cargo de Rafael Casanova, que ejercía como conseller en cap del Consell de Cent de Barcelona y tenía el mando de la Coronela.

14 meses de asedio

A finales de julio de 1713, las tropas borbónicas se prepararon para asediar la Ciudad Condal. En torno a 40.000 efectivos, más de 80 cañones de 24 y 36 libras, cerca de 30 morteros y una escuadra franco-española rodearon la ciudad. Al mando de aquella gigantesca operación estaba el duque de Berwick, mariscal francés enviado por el Rey Sol en julio de 1714 para sustituir al duque de Popoli.

El marqués de Asfeld jugó también un papel esencial en el sitio, ya que estuvo a cargo de los ataques de artillería. El asedio duró 14 meses, en los que los defensores consiguieron repeler varias escaramuzas y soportar la crítica situación que vivían los barceloneses por la falta de suministros. Berwick interrumpió el bombardeo aleatorio que había ordenado su predecesor.

El asalto al cuerpo principal del lugar (Asalto general del 11 de septiembre de 1714)

El asalto al cuerpo principal del lugar (Asalto general del 11 de septiembre de 1714)

El mariscal borbónico ordenó la ampliación y creación de trincheras paralelas unidas por ramales en zigzag, una técnica que permitía avanzar hacia la muralla atacada y anular al mismo tiempo el fuego defensivo de la artillería. De esta manera, y combinándolo con el fuego de las baterías y morteros, consiguió abrir brechas en los baluartes del Levante y de Santa Clara del sector este de Barcelona.

En agosto de 1714 se produjeron los primeros combates cuerpo a cuerpo en el baluarte de Santa Clara, pero los defensores, liderados por Villarroel, consiguieron repeler el asalto y expulsaron a las tropas franco-borbónicas de la posición que habían tomado horas antes.

En lo que quedaba de mes, se intensificaron los ataques de artillería y voladuras con minas en las brechas, mientras por el mar se cortó definitivamente el suministro que llegaba desde Mallorca para abastecer a los barceloneses. La ciudad no resistiría mucho más.

El 30 de agosto llegó una propuesta de capitulación remitida por Berwick a la Junta de Gobierno civil de Barcelona, que fue rechazada sin mayores miramientos a pesar del criterio militar de Villarroel, que advirtió que la defensa de las brechas era inviable.

La decisión política era resistir hasta morir, mientras el criterio técnico del comandante general del Ejército de Cataluña fue aceptar la rendición de una plaza que ya estaba perdida. El mariscal francés volvió a intentar un parlamento formal antes de ordenar el asalto total, pero fue rechazado de nuevo.

El 4 de septiembre se desató el infierno sobre Barcelona: la artillería borbónica no cesó y las brechas se convirtieron en enormes puertas de acceso para los soldados borbónicos. Dos días después, Antonio de Villarroel dimitió de su cargo por las discrepancias con el mando civil, aunque siguió luchando.

Llegado el 11 de septiembre de 1714, en plena madrugada, 20.000 soldados borbónicos, divididos en cinco columnas, asaltaron Barcelona. La primera línea defensiva cayó en menos de dos horas y los defensores se replegaron hacia la segunda línea defensiva, formada por barricadas en los barrios del Born y de la Ribera, en su mayoría.

A primera hora de la mañana, los austracistas reforzaron sus defensas y consiguieron contraatacar en diferentes puntos como el baluarte de San Pedro, donde fue herido Rafael Casanova. Horas después, una bala hirió a Villarroel mientras encabezaba una carga de caballería para frenar el avance enemigo.

A primera hora de la tarde los combates continuaron. La lucha fue feroz, pero la derrota estaba asegurada, por lo que la Junta de Gobierno izó la bandera blanca para intentar negociar un alto el fuego. Ambos bandos se reunieron y Berwick exigió la rendición incondicional, pero garantizó que no ejecutaría a los defensores y que evitaría cualquier saqueo o destrucción.

En los tres días siguientes, las tropas borbónicas ocuparon los puntos clave de la muralla, el palacio de la Generalidad y el consistorio, mientras los combatientes entregaban sus armas. Una derrota de hace tres siglos que hoy se recuerda en actos frente a la estatua de Casanova o con símbolos como la bandera de Santa Eulalia, que deben servir para recordar la historia, ni más ni menos.

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