El Santo Padre, León XIV, junto al seminarista Álvaro Fabra (izq)

El Santo Padre, León XIV, junto al seminarista Álvaro Fabra (izq)Sagrada Familia / YouTube

Viaje del Papa a España

El joven seminarista que ayudó al Papa en la Sagrada Familia: «Vi a un hombre entregado devotamente a Cristo»

Álvaro Fabra pudo vivir la misa a escasos centímetros del Pontífice, y describe cómo vivió aquella celebración

Aunque la atención mediática del viaje apostólico de León XIV a España ha recaído, como es lógico en el Santo Padre, la visita papal a Madrid, Barcelona y las Islas Canarias ha sido un esfuerzo colectivo, al que miles de personas han aportado su granito de arena. A algunos les han tocado grandes tareas de organización y gestión de masas; a otros, servicios más humildes, como sostener el micrófono para el Papa.

Esto es lo que le pidieron a Álvaro Fabra, seminarista de la archidiócesis de Barcelona, que este miércoles tuvo la oportunidad de vivir la Eucaristía solemne que presidió el Papa en la Basílica de la Sagrada Familia a apenas un metro del pontífice en varias ocasiones. Una tarea sencilla, como él mismo reconoce, pero que le permitió estar muy cerca de León XIV y captar detalles de su actitud a menudo invisibles incluso para las cámaras.

En conversación con El Debate, Fabra recuerda que la misa es «el centro de la vida de todo cristiano que aprecie su fe y tenga un mínimo de formación», ya que es la celebración en la que los católicos «damos gracias a Dios por todos los dones y, a la vez, recibimos la mayor gracia que puede recibir un ser humano en esta vida: la común unión con Cristo y con los demás integrantes de la Iglesia al recibir la forma consagrada».

«Es maravilloso conocer que Cristo mismo, a través de las manos del sacerdote que preside la Eucaristía, consagra ese pan y ese vino para que sean para nosotros su Cuerpo y su Sangre», señala, y remarca que, por este motivo, no importa qué sacerdote esté realizando la acción y pronunciando las palabras… pero, claro, «humanamente no podemos evitar fijarnos en aquello que vemos».

Fabra explica que la tarea que tenía, sostener el micrófono para las intervenciones del Papa desde la sede, «no sale de la actividad habitual de un acólito en misa», pero que «hacer una actividad sencilla frente a la cabeza visible de la Iglesia es algo que se hace con más concentración y alegría que cuando se realiza para cualquier otro», y destaca que poder ofrecer este servicio fue un «privilegio».

El Papa a un metro

«Fue una misa que viví con emoción, pero sin nervios; con alegría, pero conservando la compostura y con una profunda atención», recuerda el seminarista, y apunta que, al estar tan cerca del Papa «pude apreciar más de cerca su fisonomía, y lo que vi me enterneció profundamente». ¿Que vio? «Vi a un hombre entregado devotamente a Cristo», asegura.

Un hombre, añade, «que pone a Jesús en el centro de su vida, como dijo él mismo durante su primer discurso tras ser elegido Papa». Fabra también vio a un hombre «cansado», algo normal tras una intensa agenda apostólica en España, con un ritmo frenético… además de tener «todo el peso de la Iglesia apoyado en sus hombros como los de otro Cireneo», apunta Fabra, siempre atento.

Álvaro Fabra sostiene el micrófono mientras interviene el Santo Padre

Álvaro Fabra sostiene el micrófono mientras interviene el Santo PadreSagrada Familia / YouTube

«Vi y oí también a un Papa, alguien a quien poder mirar para buscar la confirmación en la fe y la guía en la caridad», apunta, y añade que también vio a «un pastor alegre que puede sonreír a aquellos que tiene cerca y hacer que un gesto tan sencillo te anime». En resumidas cuentas, concluye, lo ocurrido en la basílica «fue un enorme privilegio para los que pudimos acolitar durante la Misa: servir Cristo y a su Esposa, la Iglesia, a través del servicio al Santo Padre».

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