León XIV nunca necesitó a Rosalía

El mensaje que el Papa ofreció en Cataluña fue espiritual, pero no espiritualizante. Alzó la mirada a Jesucristo, pero la bajó hacia las personas

Barcelona

El Papa León XIV bendice la Torre de Jesucristo de la Sagrada Familia

El Papa León XIV bendice la Torre de Jesucristo de la Sagrada FamiliaEFE

Desde el principio, algunos organizadores de la etapa catalana del viaje apostólico de León XIV a España soñaban con que actuase Rosalía. Hubo contactos con su entorno, tanteos y revisiones de agendas, pero finalmente la artista que durante unas semanas lideró el discurso sobre el presunto «renacer católico» en España no cantó frente al Papa… y no pasó nada.

Si alguien había pensado alguna vez que el Papa necesitaba a Rosalía para llegar a los jóvenes, León XIV ha demostrado en sus intervenciones en España que se basta y se sobra para hacerlo. En Madrid demostró que puede encandilar a multitudes, y en Barcelona, que es un padre atento al dolor íntimo de las personas concretas, a menudo difuminado en las multitudes.

Dolores reales y aparentemente sin sentido, como los de Carmina, la joven profesora que sobrevivió a una depresión y un intento de suicidio. O los de Desirée, cuyo padre intentó matar a su madre cuando ella aún era una niña. Montse, interna en Brians 1, perdió a su hijo y encontró la fe en la cárcel. Renzo, de seis años, vive en un hogar al borde del desahucio, e inquiría al Papa en el Raval: «¿Por qué hay personas que les pasan cosas malas y otros, no?».

Los actos del Papa siguen un protocolo estricto y revisado una y otra vez, pero ningún manual de diplomacia ni tratado de etiqueta confiere el cuajo necesario para llenar el silencio dejado tras este tipo de preguntas. León XIV no se ha amilanado, y ha ofrecido una palabra de luz para cada situación, iluminando cada una de estas realidades oscuras de la misma manera que la Sagrada Familia ilumina ahora la penumbra de Barcelona: a partir de la Cruz.

Un gran espectáculo de luz en homenaje a Antonio Gaudí ilumina la Sagrada Familia, este miércoles

Un gran espectáculo de luz en homenaje a Antonio Gaudí ilumina la Sagrada Familia, este miércolesEFE / Quique García

«La cruz de Jesús nos dice que Dios no nos abandona», le dijo a Carmina, a la que recomendó, no obstante, no «espiritualizar» el dolor. A Desirée, que le preguntó cómo perdonar a su padre, León XIV, le dijo que es un proceso que solo puede afrontarse «a través de Dios», para «transformar el resentimiento en misericordia». «Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien, ni dejar que alguien siga haciendo daño. Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón», añadía, hablando a Renzo.

Culto y caridad

La etapa catalana de León XIV ha estado marcada, también, por el respeto a la liturgia. El rezo de la hora sexta en la Catedral o el del santo rosario en Montserrat pavimentaron el camino para el cúlmen: la Eucaristía solemne en la Basílica de la Sagrada Familia. Se equivoca quien quiera ver aquí una contradicción: en la historia de la Iglesia, culto y caridad son dos caras de la misma moneda, y así lo ha dejado patente León XIV en las 48 horas que ha pasado en Cataluña.

También lo entendía así Antonio Gaudí, el venerable arquitecto de Dios, cuyo 100º aniversario de su muerte sirvió como detonante para articular el viaje papal, que abandonó Barcelona por todo lo alto tras una Eucaristía para el recuerdo, una bendición para la historia y una celebración pirotécnica y tecnológica que dejó boquiabierto al mundo con una conjunción perfecta de raíces e innovación.

Ya se ha escrito mucho sobre este acto –aquí, por ejemplo, destacando el desafío que plantea para los católicos de la ciudad que se ufana en ser la más anticlerical de España–, y no procede extenderse mucho más, por lo que acabaremos este balance del viaje papal a Cataluña señalando que, en su homilía de la Sagrada Familia, León XIV volvió a hablar a Carmina, Desirée, Montse o Renzo, y a tantos otros que atraviesan noches oscuras como ellos.

«Cuando el Señor dice a los fariseos: «Si no creéis que «Yo soy», moriréis en vuestros pecados», son palabras fuertes, pero no son en absoluto amenazas, ni un chantaje. Son una invitación a la salvación, es decir, un llamamiento a la libertad por parte de Cristo, que quiere para nosotros el bien definitivo, eterno», y concluía: «Ante la amenaza del mal, el Señor está siempre con nosotros, siempre a nuestro favor».

El mensaje que el Papa León XIV ofreció en Cataluña fue espiritual, pero no espiritualizante. Alzó la mirada a Jesucristo, pero la bajó hacia las personas. Bebía de las fuentes eternas, pero para saciar la sed de quienes buscan hoy respuesta a sus preocupaciones concretas y urgentes. Todo ello al amparo de la cruz de Gaudí, brillando refulgente como un faro en la noche, y dejando patente que León XIV nunca necesitó a Rosalía para despertar el corazón de una tierra dormida.

comentarios
tracking

Compartir

Herramientas