Internos en la Ciudad de los Muchachos

Internos en la Ciudad de los Muchachos

Historias de Barcelona

La Ciudad de los Muchachos, el oscuro orfanato que sufrieron centenares de niños en la Barcelona franquista

Los presupuestos conceptuales y pedagógicos originales se subordinaron por completo a las prioridades doctrinarias del nacionalcatolicismo

El Ayuntamiento de Barcelona adquirió la finca de Can Puig, una antigua propiedad privada situada en la sierra de Collserola, en septiembre de 1923. Desde ese momento, el espacio quedó vinculado a los servicios asistenciales y educativos de la ciudad.

Durante la Segunda República, en abril de 1931, las instalaciones se reconvirtieron en la Escuela Internado Can Puig, un centro destinado a la acogida de menores con problemas de salud que requerían un entorno climático favorable para su recuperación. Durante la Guerra Civil la masía asumió funciones de refugio para contingentes de niños evacuados. Terminada la guerra la gestión recayó en el Auxilio Social y la beneficencia municipal, dando origen a la denominada Ciudad de los Muchachos.

El Auxilio Social buscaba articular centros que resolvieran el grave problema de la mendicidad y el desamparo infantil de la posguerra, sirviendo al mismo tiempo como plataformas de propaganda ideológica y de encuadramiento social. Para configurar este proyecto, las autoridades municipales y los responsables de los servicios de asistencia social tomaron como referencia formal un modelo norteamericano de gran resonancia internacional.

Estamos hablando de la Boys Town o Ciudad de los Muchachos. Esta organización fue fundada en Nebraska, en 1917, por el sacerdote católico Edward Joseph Flanagan. La idea de Flanagan se fundamentaba en el autogobierno de los menores, la formación profesional, la confianza mutua y la supresión de los castigos físicos como método educativo. Esto lo podemos ver en la película protagonizada por Spencer Tracy en 1938. Ese modelo en España sufrió un profundo cambio ideológico y estructural desde el inicio.

Mercedes Sanz Bachiller, viuda de Onésimo Redondo y fundadora de Auxilio Social, y los cuadros técnicos de la beneficencia falangista de la época moldearon las políticas y los centros de asistencia tras estudiar sobre el terreno los internados juveniles y las organizaciones de encuadramiento del Tercer Reich en la Alemania nazi, contando para ello con el soporte técnico de la legación diplomática alemana en España y el embajador Wilhelm von Faupel.

Cuando las obras de ampliación concluyeron y los nuevos pabellones de la Ciudad de los Muchachos de Barcelona se inauguraron oficialmente el 21 de junio de 1951. Presidieron el acto el alcalde de Barcelona Antonio Maria Simarro Puig, el obispo de Barcelona Gregorio Modrego Casaus, y el teniente de alcalde Alfredo de Casanova Fernández.

El día a día

Los presupuestos conceptuales y pedagógicos originales de Flanagan se subordinaron por completo a las prioridades doctrinarias del nacionalcatolicismo. Esto es, adoctrinamiento político sistemático, obligatoriedad de la práctica religiosa, disciplina de carácter estrictamente cuartelero y un rígido principio de autoridad vertical.

En el complejo fortificado y aislado de la sierra de Collserola, concebido de manera autosuficiente, llegaron a residir simultáneamente unos 150 menores de edades comprendidas entre los seis y los dieciséis años. El perfil de los internos correspondía a huérfanos de guerra, hijos de familias desestructuradas por la represión o las penurias de la posguerra, menores en situación de extrema pobreza material y niños considerados en situación de peligro moral o vagancia por las juntas asistenciales de la época.

Ciudad de los Muchachos

El régimen de vida en el internado estaba severamente condicionado por dos factores estructurales. El aislamiento geográfico respecto a la trama urbana de Barcelona y la absoluta carencia de mecanismos externos de inspección, supervisión y control judicial. Los reglamentos internos, ejecutados por personal de la beneficencia y órdenes religiosas, legitimaban de forma sistemática el castigo físico, el racionamiento de alimentos y la humillación psicológica como herramientas normalizadas de corrección disciplinaria, bajo la premisa ideológica de que la sumisión y el castigo eran indispensables para la redención y reforma moral del menor tutelado.

Durante las casi tres décadas en que el centro permaneció activo, hasta su clausura definitiva en el año 1977, las instalaciones de Can Puig albergaron una estructura de violencia institucionalizada. Las investigaciones históricas recientes, el análisis de los archivos administrativos y los testimonios de los antiguos internos supervivientes describen una rutina diaria marcada por la precariedad higiénica, los maltratos corporales arbitrarios y la explotación laboral.

Esta última se camuflaba legalmente bajo el epígrafe de talleres de aprendizaje de oficios industriales como la carpintería, la imprenta, la zapatería o la sastrería, cuyos productos servían para el mantenimiento o beneficio de las estructuras de la beneficencia. La indefensión jurídica de los menores, en un marco legislativo e institucional que no reconocía derechos civiles específicos a la infancia desamparada y que otorgaba la patria potestad de facto a las instituciones del Estado, facilitó la perpetuación de estas prácticas durante décadas.

Restauración de la masía

Después de 1977 la masía histórica de Can Puig fue restaurada por el Ayuntamiento de San Cugat del Vallés para ser utilizada de manera pública como centro de tratamiento y rehabilitación de toxicomanías, los pabellones anexos de hormigón construidos en los años cincuenta para albergar las habitaciones, aulas y talleres de la Ciudad de los Muchachos entraron en un proceso de abandono, pillaje y degradación estructural progresiva.

La situación actual de las ruinas de la Ciudad de los Muchachos ha trascendido el análisis académico para abrir un debate técnico e institucional sobre la gestión de la memoria histórica de la asistencia social en el ámbito municipal de Barcelona. La Sindicatura de Greuges de Barcelona emitió una resolución formal e integral en la que insta al Ayuntamiento a intervenir de manera decidida en el espacio protegido del parque natural de Collserola.

La resolución institucional demanda la catalogación patrimonial del recinto en ruinas y la instalación de elementos de señalización, musealización y pedagogía pública que expliquen de forma objetiva, rigurosa y transparente las vulneraciones de derechos fundamentales, los malos tratos generalizados y los procesos de adoctrinamiento político-religioso que sufrieron los internos bajo la tutela directa de la administración pública municipal.

La recuperación y dignificación de este espacio se plantea desde la disciplina historiográfica contemporánea no solo como un acto necesario de reparación moral para los supervivientes, sino como un testimonio material indispensable para comprender los mecanismos de control, represión y coerción social aplicados sobre la infancia vulnerable en España durante el siglo XX.

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