El bar-restaurante Eléctrico, en Las PlanasColoreado por IA

Historias de Barcelona

De una relojería a una cervecería: los primeros negocios de Barcelona que se iluminaron con luz eléctrica

La iluminación nocturna en Barcelona hasta finales del siglo XIX dependía del gas y el aceite

A mediados de la década de 1870, cuando la iluminación nocturna de Barcelona dependía del gas de hulla y de los quinqués de aceite, un pequeño taller de física y óptica comenzó a hacer pruebas con un artefacto traído de Francia. Aquella iniciativa fue el punto de partida de un proceso de transformación industrial y social.

50 años después, la industria eléctrica española gestionaba capitales superiores a los 3.000 millones de pesetas, sobrepasando a las grandes compañías ferroviarias y a cualquier otro sector productivo del país, tal y como documentaron en 1933 los profesores y juristas Francisco F. Sintes Olivés y Francesc Vidal Burdils.

Tomás Dalmau introdujo en España la máquina dinamo-eléctrica inventada por Zénobe Gramme en 1873. Este se asoció con el ingeniero Narciso Xifrá para explorar sus aplicaciones prácticas. Juntos montaron la primera central eléctrica, en el número 10 de la Rambla de Canaletas. La instalación contaba con cuatro motores de gas de 50 caballos de potencia que accionaban otras tantas máquinas Gramme de 200 volt-amperios, diseñadas para distribuir energía a diversos puntos del entorno urbano.

Las primeras pruebas de alumbrado no se hicieron en viviendas particulares ni en vías públicas, sino en los espacios de trabajo. En 1875 los talleres de La Maquinista Terrestre y Marítima aceptaron colocar un foco de arco voltaico.

Luego vino la fábrica de Buxeda en Sabadell, que montó tres arcos en 1876; la firma Dalmau y Tolrá instaló uno en 1877, y la Cooperativa Mataronense sumó dos más ese mismo año. A estas iniciativas siguieron las de los señores Mullera y Sangues en 1878, Sert y Hermanos en 1879. Todas estas instalaciones demostraron que la electricidad podía competir con el gas en términos de intensidad y rendimiento productivo.

Sociedad Española de Electricidad

El crecimiento de la demanda desbordó pronto la capacidad personal y financiera de Dalmau. En 1881 dio un paso decisivo al fundar la Sociedad Española de Electricidad, constituida con un capital de 20 millones de pesetas. La compañía no se limitó a la generación, sino que asumió la fabricación de maquinaria reguladora Gramme, acumuladores Kalbath y lámparas de incandescencia Maxim de filamento de aluminio, capaces de producirse a un ritmo de mil unidades diarias.

Construyó en Barcelona un edificio diseñado para albergar una potencia de 2.000 caballos e instaló en Madrid, en terrenos cedidos por el Ministerio de la Guerra, una planta de 300 caballos con la que iluminó la sede ministerial bajo la dirección del oficial de artillería señor Cabanyes.

El 13 de noviembre de 1882 el ingeniero George Saint Noble, gerente de la Anglo Española de Electricidad y otra de las figuras clave de este periodo, organizó la inauguración de cinco focos de arco voltaico en la Rambla de Barcelona. El objetivo era iluminar de forma simultánea cuatro establecimientos emblemáticos barceloneses como el bazar La Principal, la relojería El Siglo, la cervecería Gambrinus. Luego vino el Bar-Restaurant Eléctrico en Las Planas.

Un punto de inflexión

La presencia de la luz eléctrica en el Gambrinus y en el Bar-Restaurant Eléctrico supuso un punto de inflexión en los hábitos de ocio de la burguesía barcelonesa. Hasta ese momento las cervecerías y restaurantes eran espacios en penumbra, marcados por el olor y el calor sofocante del alumbrado de gas.

La llegada del arco voltaico no solo mejoró la visibilidad, sino que transformó la propia experiencia del cliente. El Gambrinus, situado en un punto neurálgico de la Rambla, se convirtió de inmediato en un centro de reunión donde acudir a cenar o a tomar una cerveza alemana, pero también implicaba formar parte de la modernidad tecnológica. Cenar bajo la luz eléctrica dejó de ser una rareza para convertirse en una seña de distinción comentada ampliamente en la prensa de la época.

Anuncio del GambrinusLa Barcelona de antes

A principios del siglo XX la entrada en escena de la Barcelona Traction, Light and Power Company, conocida popularmente como La Canadenca, liderada por el ingeniero estadounidense Frederic Stark Pearson, marcó un punto de inflexión. Pearson promovió la construcción de grandes presas en el Pirineo, como la de la Vall Fosca, pero al mismo tiempo diseñó acciones destinadas a familiarizar a la población con los usos domésticos e industriales de la electricidad.

El Eléctrico de Las Planas

En este contexto se sitúa la creación del Bar-Restaurant Eléctrico de Las Planas en 1912. Durante el cambio de siglo la zona de la sierra de Collserola se había consolidado como el destino preferido por las familias barcelonesas para pasar los días festivos en el campo, lo que favoreció la proliferación de merenderos y restaurantes rústicos. Pearson vio en este enclave de recreo la plataforma perfecta para realizar una demostración práctica del alcance de la energía que producía su compañía.

El Bar-Restaurant Eléctrico de Las Planas se levantó cerca de donde posteriormente se instalaría la estación de tren. Su elemento diferencial era que contaba con una cocina diseñada para funcionar de forma exclusiva con energía eléctrica, algo inusual en la época, donde el carbón y la leña reinaban sin competencia en la restauración. La novedad técnica tuvo un enorme impacto y convirtió al local en un reclamo turístico de primera orden, hasta el punto de que la inauguración oficial fue presidida por el rey Alfonso XIII.

Durante las décadas de 1910 a 1930 el Bar-Restaurant Eléctrico vivió su etapa de mayor esplendor, estrechamente ligada a la llegada del tren y a la consolidación del ocio dominical en Collserola. A lo largo de su historia cambió de propietarios en varias ocasiones y llegó a funcionar durante un breve periodo como hotel. En 1952 la gestión del inmueble pasó a manos de FECSA, que absorbió La Canadiense, vinculada a la familia March.

La evolución de la sociedad y la aparición de nuevas ofertas de ocio provocaron la pérdida gradual de clientela hasta su cierre definitivo en la década de 1970. Durante su declive y posterior abandono, el edificio fue objeto de diversas leyendas urbanas transmitidas entre los vecinos. Entre ellas, la historia según la cual el restaurante había cerrado sus puertas tras el hallazgo del cadáver del cocinero en su interior.