La antigua prisión femenina de Les Corts

La antigua prisión femenina de Les Corts

Hambre, ejecuciones y fraude: la trágica historia de la prisión femenina de Les Corts, en Barcelona

Sobre el terreno no quedó ni una sola piedra que recordara la existencia de las rejas, las celdas y los patios de castigo

En el sector cuadrado de Barcelona que forman la Avenida Diagonal, la Gran Vía de Carlos III, la calle de Joan Güell y la calle de Joaquín Molins hoy se levanta un Corte Inglés. Durante años, en ese lugar, estuvo la Prisión de Mujeres de Les Corts. Este recinto penitenciario funcionó de 1936 a 1955. Tras el cierre y derribo las trasladaron a un espació habilitado en la Cárcel Modelo. Allí estuvieron hasta 1963, cuando pasaron a la Prisión de la Trinitat Vella y, desde 1983, a Wad-Ras

La historia del presidio se remonta a finales del siglo XIX, cuando en la antigua finca de Can Durán se instaló en 1886 el Asilo del Buen Consejo, regentado por las Hijas de la Caridad Dominicas de la Presentación. Al recinto se accedía por la calle Joaquín Molins, desde la cual un largo paseo arbolado conducía al edificio central. Aquella entrada señorial y los árboles escondían la verdadera naturaleza del lugar.

En octubre de 1936 la finca fue incautada por miembros de la FAI. Después la Generalitat de Cataluña decidió reconvertirla en Correccional Femenino. Esta decisión respondía a la necesidad de sustituir el presidio del Raval. Ubicado en la calle Reina Amalia era un caserón anticuado e insalubre que acabó siendo demolido.

Durante la guerra civil en sus celdas coincidieron presas políticas de muy diversa procedencia. Había militantes anarquistas de la CNT, del POUM perseguidas tras las purgas estalinistas de 1937, mujeres vinculadas a los ambientes católicos o al bando sublevado, y prisioneras delictivas comunes. El control del centro estuvo entonces a cargo de un cuerpo especializado de funcionarias.

Terminada la guerra civil se convirtió en uno de los epicentros de la represión de género y política del franquismo en Cataluña. La gestión del presidio fue entregada a órdenes religiosas femeninas: primero a las Hijas de la Caridad de San Vicente de Paúl y posteriormente a las Hermanas Mercedarias. La vida cotidiana derivó en un infierno castrense y penitencial. Creado para albergar a unos pocos cientos de personas, la cárcel llegó a masificarse hasta límites inhumanos, acogiendo a miles de prisioneras en los años más duros de la posguerra.

Un infierno penitencial

Aquellas mujeres no solo padecían el hambre, las epidemias, las chinches, frío extremo, violencia ideológica y moral. Eran reeducadas y purificadas sometiéndolas a una severa disciplina religiosa. Junto a las presas malvivían sus hijos pequeños. En 1939 había internas 1.800 mujeres y 43 niños. Estos, desnutridos y privados de infancia, compartían vida con las reclusas hasta que cumplían la edad límite para ser separados de sus madres. En muchos casos eran entregados al auxilio social o a familias afectas al régimen.

Doce de esas mujeres fueron fusiladas en el Camp de la Bota desde 1939 a 1955. Sus nombres eran Carme Claramunt Barot, Encarnació Llorenç Pérez, Cristina Fernández Pereda, Ramona Peralba Sala, Eugènia González Ramos, Neus Bouza Gil, Dolors Giorla Laribal, Magdalena Nolla Montseny, Elionor Malich Salvador, Virginia Amposta Amposta, Assumpció Puigdelloses Vila, Inés Jiménez Lumbreras. Jenny Kher Lazarus, una mujer judía alemana en tránsito, con la orden de ser entregada a la policía de fronteras alemana, fue hallada muerta en las duchas, colgada con su cinturón, el 11 de diciembre de 1942.

Imagen histórica del centro penitenciario

Imagen histórica del centro penitenciario

A mediados de la década de 1950 el crecimiento urbanístico de la ciudad y el propio deterioro de las instalaciones llevaron a las autoridades a planear el cierre del presidio. En octubre de 1955, cuando se cerró, habían 263 mujeres y 19 niños. El edificio volvió a manos de las Hermanas de la Caridad Dominicas de la Presentación de la Santísima Virgen.

Para poder vender el terreno tuvieron que justificar el contrato de 1890. Originalmente aquel lugar debía ser un asilo moralizador para mujeres y un colegio de niñas huérfanas. Como que la finca dejó de utilizarse para estos fines, las herederas tenían el derecho legal de recuperar las tierras y venderlas. Con el dinero abrirían nuevos colegios.

La venta se realizó de forma fragmentada por parcelas entre los años 1957 y 1964. Las Hermanas cobraron un total de 42 millones de pesetas. El beneficiario mayoritario de estos terrenos fue la corporación constructora Núñez i Navarro, liderada por Josep Lluís Núñez, en plena fiebre del desarrollo inmobiliario de Barcelona.

Tasación fraudulenta

Durante el proceso de permuta y venta de los terrenos se destapó una polémica tasación fraudulenta. El proceso judicial posterior demostró que se habían restado deliberadamente 250 millones de pesetas de la valoración real del suelo para abaratar el coste de la operación a los constructores, acelerar las licencias y cuadrar el plan urbanístico. Gran parte del perímetro se destinó a la edificación de El Corte Inglés, inaugurados en 1974, a edificios de oficinas y a bloques de pisos.

Sobre el terreno no quedó ni una sola piedra que recordara la existencia de las rejas, las celdas y los patios de castigo. Las fiebres especulativas y el desarrollo comercial de la Barcelona de las décadas posteriores sepultaron el recinto bajo cimientos de hormigón, asfalto y escaparates. Durante décadas el olvido cubrió la memoria de las represaliadas. La insistencia de colectivos vecinales, familiares, exagrupadas y asociaciones dedicadas a la memoria histórica devolvió a la luz la existencia de este espacio de dolor.

En octubre de 2010 se logró instalar en el lugar un elemento conmemorativo. La placa que rinde homenaje a aquellas mujeres lleva inscrito el siguiente texto: «Prisión de mujeres de Les Corts. En este lugar se encontraba, desde el año 1886, el Asilo del Buen Consejo. Fue destinado desde 1936 hasta 1955 a prisión de mujeres. Recordamos hoy a todas las reclusas y también a sus hijos e hijas, que fueron privadas de su libertad en aquel centro. Octubre de 2010. Ayuntamiento de Barcelona».

Esa inscripción recuerda que la historia urbana no solo la escriben los grandes edificios ni el progreso comercial. En una de las zonas más adineradas de la ciudad de Barcelona late la memoria viva de cientos de mujeres que, privadas de libertad y derechos, resistieron entre los muros de la Prisión de Les Corts.

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