Fotografía histórica de 1912 de la masía de Verntallat, en Gerona
Rutas por Cataluña
Un paseo por las masías de los campesinos catalanes que se rebelaron contra los abusos de los nobles
Una ruta por Mas Canya, Can Traver y Mas Verntallat, tres masías remensas de la provincia de Gerona
El alzamiento de los remensas tuvo lugar en lo que se conocía como «Cataluña vieja»: fue un alzamiento campesino a finales de la Edad Media contra los malos usos señoriales. Para acabar con ellos tuvieron lugar dos guerras civiles: la primera fue de 1462 a 1472 y la segunda, de 1484 a 1485. A continuación, el 21 de abril de 1486 se firmó la Sentencia Arbitral de Guadalupe que redimía los malos usos.
En la Corona de Aragón estos malos usos eran cinco. La intestia, por la cual si el campesino moría sin testamento el señor se quedaba con un tercio del patrimonio, y si no tenía mujer ni descendencia, la mitad. La exorquia significaba que si el campesino moría sin descendencia, el señor se quedaba con un tercio de sus bienes.
La cugucia estaba vinculada a la mujer del campesino, si esta era acusada de adulterio. Si se probaba, el señor se repartía con el campesino los bienes de la mujer, y si el campesino había incitado a tal acto, el señor se quedaba con toda la dote. En cuarto lugar, la arsia consistía en que, si había algún desastre natural o provocado, el campesino debía compensar al señor.
Por último, la firma de spolii era el derecho que el señor tenía a parte del dinero aportado por la novia. Y la remensa quedaba vinculada al pago que debía hacer el campesino si quería recuperar su libertad. En este artículo trazaremos una ruta por varias de las masías de algunos de los remensas más famosos que lucharon en este conflicto.
Mas Canya y Can Traver
El Mas Canya lo encontramos en La Bisbal de l’Empordà (Gerona). De ahí era Pere Canya, síndico remensa. Tomó parte en las reuniones de Cassà de la Selva y Amer de 1485, preparatorias de la Sentencia Arbitral de Guadalupe. Se convirtió en uno de los síndicos más destacados durante las conversaciones llevadas a cabo en Castilla con Fernando el Católico. En el momento de la firma de la sentencia, fue uno de los ejecutores.
A continuación, en la comarca del Pla de l’Estany (Gerona) encontramos Can Traver. Es una masía cuya primera referencia es del 1265. Durante las guerras remensas tres miembros de la misma participaron en el sitio de Gerona, conocido como Força, en junio de 1462. Durante el sitio defendieron a la reina Juana y a su hijo, el futuro Fernando el Católico.
La masía de Can Traver, en una imagen de archivo
Uno de ellos era Martirià Traver, canónico de la Iglesia de San Félix y rector del Colegio de Sobreportes donde se refugió la reina y su hijo. Luego tenemos a Joan Traver, propietario de la masía. También estaba Bartomeu Trever, conocido como Sunyer, casado con una hija de Can Sunyer de Canet d’Adri, hermano de Martirià y tío de Joan.
Tanto Bartomeu como Joan fueron agraciados por Fernando el Católico con el honor de generosidad y decorados con el cincel militar y con el honor y estado militar, en virtud de una concesión dada en Salamanca, en 1496 poco después de firmarse la Sentencia Arbitral de Guadalupe.
De la misma familia tenemos a cuatro canónigos, enterrados en la Catedral de Gerona: Pons, Miquel, Joan y Pere Traver. En el escudo familiar, cuando Fernando el Católico les concedió el honor insertaron la inscripción «Trinus et Unum Deum» (Dios en tres personas y uno en esencia).
Mas Verntallat
En la Vall d’en Bas (Gerona) encontramos el Mas Verntallat. Aquí nació y creció Francesc de Verntallat, el jefe de los remensas durante la primera guerra. La familia, originalmente, se llamaba Puigpardines, pero cambiaron el apellido por Verntallat. La masía se encuentra en el municipio de Sant Privat d’en Bas.
Eran miembros del Brazo Real de Caballeros, y formaban parte de la pequeña nobleza campesina catalana. Se casó en 1446 con Joana Noguer, del Mas Noguer de Batet de la Serra. En esta masía se empezó a preparar el levantamiento remensa de 1462. Terminado este, Verntallat no quiso participar en la segunda guerra, porque estaba convencido que la lucha armada no servía para nada.
Tenía la confianza de Fernando el Católico y esto ayudó. Gracias a ello fue uno de los promotores de la Sentencia Arbitral de Guadalupe. Al respecto Ferrán Soldevila escribió que «en la lucha de tendencias democráticas y urbanas que hacía siglos pugnaban con éxito para sobreponerse al fondo aristocrático y feudal de la primitiva Cataluña, la liberación de los campesinos de remensa es una de las últimas pero de las más importantes conquistas». Por su parte, Antoni Rovira i Virgili escribió:
Ser siervo de la gleba, como dice Rovira i Virgili, era la condición de la persona que está obligada por la ley, por la costumbre o por un acuerdo a vivir y a trabajar sobre una tierra que pertenece a otra persona y a prestar a ésta, mediante remuneración o gratuitamente, determinados servicios, sin libertad para cambiar su condición. Dicho de otra manera, era un esclavo afecto a una heredad y que no se desligaba de ella al cambiar de dueño.
Después de firmarse la sentencia, Verntallat fue obligado por Fernando el Católico a quedarse en la Corte. Se cuenta que estando en ella conoció a Cristóbal Colón, después del regreso del primer viaje a las llamadas «Indias». El rey Juan II le concedió el título nobiliario de vizconde d’Hostoles. Fernando el Católico, en reconocimiento a su labor y ayuda le regaló tres casas en la calle Regomir de Barcelona, una de las más importantes en la Edad Media.
En el 1495 regresó a casa. En concreto a Sant Feliu de Pallerols. Era propietario, en el Portal de Llevant, de un castillo, hoy desaparecido. Allí murió en el 1499, a los 73 años. Lo enterraron en el cementerio viejo, en la Sagrera. A sus hijos Miquel-Grau y Leonor les cedió las casas de la calle Regomir, sus posesiones en Sant Feliu de Pallerols, el Mas Serradell y parte del Mas Noguer. El título nobiliario retornó a la Corona.