Aunque es popular en Cataluña, para el turismo nacional e internacional sigue siendo un tesoro escondido. Un antiguo pueblo de pescadores con calas de aguas cristalinas y un ambiente bohemio que evoca la Costa Brava de hace décadas.

Aunque es popular en Cataluña, para el turismo nacional e internacional sigue siendo un tesoro escondido. Un antiguo pueblo de pescadores con calas de aguas cristalinas y un ambiente bohemio que evoca la Costa Brava de hace décadas.Getty Images/PAWEL KAZMIERCZAK

El pueblo de 600 vecinos que inspiró la canción 'Mediterráneo' de Serrat: «Es un lugar precioso»

La localidad gerundense, a poco menos de dos horas de Barcelona, mantiene intacta la estampa que la convirtió en uno de los enclaves más reconocibles del Mediterráneo

Calella de Palafrugell sigue siendo hoy un antiguo pueblo de pescadores que ha sabido conservar su identidad frente al empuje del turismo de masas. Con apenas unos cientos de vecinos, el núcleo mantiene calles estrechas, fachadas encaladas y rincones tan emblemáticos como Port Bo o la calle de les Voltes, que han convertido este punto de la Costa Brava en una postal reconocible al instante.

La vinculación de Calella con Joan Manuel Serrat forma ya parte de la memoria sentimental de este lugar, El cantautor trabajó parte del álbum Mediterráneo en el desaparecido hotel Batlle, frente a la playa de Port Bo, en un entorno que favorecía la calma y la inspiración.

Aquel vínculo musical acabó por proyectar el nombre de Calella de Palafrugell mucho más allá de Gerona. El pueblo pasó así de ser un refugio costero discreto a convertirse en una referencia cultural para los seguidores de Serrat y para quienes buscan rincones con identidad propia en el litoral catalán.

El atractivo del municipio no se limita a su relación con el cantante. El paseo por Calella permite descubrir el conjunto histórico de Port Bo, la iglesia de Sant Pere, la Casa Rocamora, la Casa Verdaguer o la Casa Sagrera, además del paseo del Canadell, una de las zonas más fotografiadas del pueblo.

También destacan el mirador de Manel Juanola i Reixach y las pequeñas playas que salpican la costa, donde el paisaje mantiene ese aire sobrio y marinero tan propio de la Costa Brava. Todo ello refuerza una imagen muy reconocible, en la que el mar, la piedra y el blanco de las fachadas se funden sin estridencias.

Otro de los factores que explican su popularidad es su proximidad a Barcelona, ya que el trayecto en coche ronda las dos horas. Esa cercanía lo ha convertido en una escapada habitual para quienes quieren alejarse del ruido sin renunciar a un destino con historia, encanto y una oferta turística contenida.

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