Picasso y Fernande Olivier el 26 de mayo de 1906 en Barcelona, el día antes de emprender viaje a Gósol

Picasso y Fernande Olivier el 26 de mayo de 1906 en Barcelona, el día antes de emprender viaje a GósolAna Montiel Villar

Reportaje

De París al Pedraforca: los 80 días de Picasso en el Pirineo que revolucionaron el arte contemporáneo

Unas 3.300 personas visitaron el Centro Picasso de Gósol en 2025, infrafinanciado por parte del gobierno catalán

Gósol, un pueblo leridano de poco más de 200 habitantes, aislado a los pies del macizo del Pedraforca, se convirtió en el laboratorio particular de Pablo Picasso para llevar a cabo la mayor revolución estética del siglo XX. Rodeado de contrabandistas, pastores, campesinos y tallas de vírgenes románicas, el genio malagueño dinamitó las leyes de la perspectiva renacentista que habían regido el arte durante cuatro siglos.

El Centro Picasso de Gósol, un pequeño espacio cultural gestionado por el Ayuntamiento, que codirigen Magalí Queyroi y Marta Rasquí, recuerda al visitante que el movimiento cubista se gestó en medio de este entorno rústico, bañado por la luz limpia de los valles pirenaicos.

Los más de dos meses de desconexión absoluta del entorno urbano de París permitieron a Picasso concebir decenas de obras esenciales que demuestran que el cubismo está profundamente enraizado en la dureza geométrica del arte del medioevo catalán. «Un periodo clave de la vida de Picasso poco estudiado y muy desconocido», según explica Rasquí a El Debate.

El valle de Gósol, en la cara norte del Pedraforca, donde Pablo Picasso y Fernande Olivier pasaron ochenta días en la primavera y verano de 1906

El valle de Gósol, en la cara norte del PedraforcaAna Montiel Villar

En la primavera de 1906, un joven Pablo Picasso de apenas 24 años enfrenta uno de los grandes dilemas de su vida. En su viejo taller de Bateau Lavoir, en Montmartre, ha empleado hasta 84 bocetos en un infructuoso intento de retratar a su mecenas, la escritora judía de origen norteamericano Gertrude Stein. Pese a los ímprobos esfuerzos, no consigue finalizar el lienzo.

Contrariado por el bloqueo artístico parisino, decide abrir un paréntesis, cambiar de aires y visitar a su familia en Barcelona, donde su padre, José Ruiz Blasco, es profesor de dibujo en la escuela La Llotja. Lo hará acompañado de Fernande Olivier, una mujer de pueblo que huye del maltrato de su marido y ya se había convertido en musa del pintor en la capital francesa.

La Barcelona de principios del siglo XX era una olla a presión marcada por la conflictividad social y política. Picasso llega a la capital catalana en mayo de 1906, el momento álgido de la violencia terrorista de corte anarquista. Con ese polvorín social, la ciudad se gana el sobrenombre internacional de la Rosa de Fuego.

Pocos días después de la llegada del pintor a la capital catalana, el 31 de mayo, se produce el suceso anarquista más grave de la España de 1906: el atentado contra Alfonso XIII en Madrid el día su boda con Victoria Eugenia Battenberg. El autor es Mateo Morral, un joven anarquista de Sabadell que trabaja en Barcelona de bibliotecario de La Escuela Moderna, que dirige el pedagogo Francisco Ferrer Guardia. El plan y la financiación, no obstante, se orquestan en los círculos del anarquismo radical de la ciudad condal.

El intento de magnicidio provoca fuertes redadas policiales contra los sindicatos y centros obreros barceloneses. La Escuela Moderna es clausurada y su fundador Ferrer Guardia encarcelado bajo la acusación de complicidad con Morral.

Fichado como simpatizante anarquista, tanto en Francia como en España, la estancia de Pablo Picasso en Barcelona se vuelve especialmente peligrosa e insegura. No en vano, la agitación social y el terror desembocarán tres años más tarde en la semana trágica en 1909.

Huida a Gósol

Huyendo del bloqueo creativo en París y de la persecución policial en Barcelona, el pintor malagueño, sigue el sabio consejo de amigos y familiares, entre ellos el del doctor Jacint Reventós, y opta por esconderse en un destino tan remoto como inesperado: Gósol, un recondito pueblo agrícola y ganadero empotrado en las faldas del imponente perfil bifurcado del Pedraforca, en el límite de la provincia de Lérida con Barcelona.

Perfil bífido del imponente macizo del Pedraforca por la cara sur.

Perfil bífido del imponente macizo del Pedraforca por la cara sur.Ana Montiel Villar

Llegar a Gósol en 1906 no era nada fácil. Requería viajar en tren de vapor desde Barcelona, a través de la cuenca del Llobregat, hasta Manresa, primero, y Guardiola de Berga, después, punto final de la línea férrea frente a las estribaciones de la sierra del Cadí-Moixeró. Picasso y Fernande emprenden viaje el 27 de mayo.

Dos arrieros aguardan a la pareja en Guardiola tras un intenso viaje que ha durado un día entero y en el que a su paso por el Vallès, el Bages y el Berguedà han contemplado el reguero de industrias textiles y mineras del eje del Llobregat, foco de la agitación social de los primeros años del siglo XX en paralelo con las fábricas de la cuenca del Ter.

Desde Guardiola, Picasso y Fernande hacen frente al último tramo del viaje a través de una cañada real de 28 kilómetros a lomos de dos mulas. A su paso por Saldes, el genio malagueño queda fascinado por la deslumbrante imagen del Pedraforca, una de sus fuentes de inspiración visual que le ofrece, inexorablemente, un regreso a lo primitivo.

Tras bordear el perímetro de la montaña a través de senderos escarpados, la pareja llega a Gósol el 29 de mayo y se instala en Cal Tampanada (hoy, el espacio cultural Picasso), la única fonda del pueblo que, a la sazón, contaba con 800 habitantes.

Una metamorfosis total

El paisaje físico y humano de Gósol y la luz del Pedraforca se convierten pronto en el epicentro de una metamorfosis creativa total. Lejos del fragor de París y Barcelona, el pintor malagueño produce durante los meses de su aventura pirenaica más de 300 dibujos, óleos y cuadernos de notas. Utiliza el carnet catalán, una libreta de 72 hojas que revela todo lo que le llama la atención. Y el carnet francés, un cuaderno de esbozos que inicia en París y termina en Gósol.

La paleta cromática de Picasso sufre una mutación instantánea. Los grises y azules de la etapa parisina dan paso a los colores ocres y arcillosos del relieve abrupto del valle de Gósol.

¿Cómo surge la chispa que enciende el cubismo? Picasso experimenta una catarsis creativa al entrar en contacto con la austeridad del arte románico del Pirineo catalán, con las tallas de las vírgenes de ojos almendrados y expresividad severa. La propia iglesia románica de Santa María de Gósol, con la talla de la virgen, coetánea de la de Sant Climent de Taüll, ejercen una influencia decisiva en el imaginario del genio malagueño. Las formas humanas o el paisaje ya no necesitan ser copias fieles de la realidad. Pueden simplificarse, volverse geométricas.

Esta esquematización de la figura humana se encarna en los habitantes de Gósol. Picasso aprovecha los albores del verano de 1906, cuando los hombres están inmersos en las tareas del campo, y da vida a La mujer de los panes (Philadelphia Museum of Art). Su nombre es Herminia, la mujer de un agricultor, y con su lienzo inicia el desbloqueo de la realidad que le atenazaba en París, previo al viaje a Barcelona.

La mujer de los panes. Picasso la bautizó como Herminia y es la otra gran modelo del pintor en Gósol. Sus rasgos se inspiran en la austeridad de las tallas románicas de las vírgenes del Pirineo

La mujer de los panes, detalleAna Montiel Villar

En Gósol, entre paisajes escarpados y el silencio de la montaña, el genio malagueño forja una de las alianzas más insólitas de su vida: una profunda amistad con Josep Fondevila, el rudo dueño de la fonda donde se hospeda. Es un hombre curtido de 85 años, de facciones duras y mirada penetrante. Hay en él un halo de misticismo salvaje que concita el interés del pintor.

Si alguien encarna esta nueva etapa revolucionaria de Picasso es el hostelero de Gósol, cuyo cuadro, titulado simplemente Josep Fondevila, se custodia en el prestigioso Museo Metropolitano de Arte (Met) de Nueva York. No se trata de un hostelero común. De ahí el enorme interés de Picasso. Su verdadera ocupación, más allá de servir comidas, era el contrabando de mercancías a través de los escarpados pasos pirenaicos que conectan España con Andorra.

Herminia, a la que Picasso apodaba la Virgen vieja, y Fondevila, se transforman en las grandes figuras del protocubismo gestado en Gósol. A ambos los pinta con insistencia. Los dos se convierten en los grandes modelos de Picasso en el Pirineo. En los retratos de Fondevila, Picasso acaba con la figuración clásica, despojándose del realismo tradicional. La nariz se vuelve un triángulo rígido y la cabeza se parece ya a una máscara de madera tallada, una impronta visual que algunos historiadores relacionan con las leyendas del Pedraforca.

Fernande sólo habla francés y se aburre soberanamente en Gósol, a pesar de que Picasso se sirve de ella para pintar uno de sus primeros cuadros de la etapa de geometrización rígida: Fernande con chal (Colección privada). Con todo, la musa francesa se declara contenta, pese a las limitaciones del pueblo, porque ve a Picasso feliz, trabajando a destajo.

Detalle de 'Fernande con chal'

Detalle de 'Fernande con chal'Ana Montiel Villar

Picasso se integra muy bien en Gósol. Perfectamente bilingüe, el pintor es muy apreciado por sus habitantes. En su cuaderno catalán, figuran cartas al poeta que dió nombre al movimiento surrealista, Guillaume Apollinaire, gran amigo suyo. Y las firma como Pablo Picasso, dit el Pau de Gósol («llamado el Pablo de Gósol»).

En torno al 14 de agosto de 1906, después de 82 días en Gósol, el genio malagueño es consciente de que su bloqueo pictórico ha terminado. La pareja hace las maletas a toda prisa. No pueden regresar a Barcelona por motivos políticos y salen del valle a través del paso dels gossolans, siguen la ruta dels segadors a través de la Sierra del Cadí y descienden hasta Bellver de Cerdanya y Puigcerdá, para dirigirse en tren a Ax les Thermes y París.

Cuando el genio de Málaga llega a París el 17 de agosto ya no es mismo. Dueño de una memoria prodigiosa, se encierra en su estudio de Montmartre y, sin necesidad de tener a Gertrude Stein enfrente, termina el retrato de los 84 bocetos de una tajada.

El rostro de la escritora judioamericana ya no tiene las facciones clásicas. Es una máscara pétrea, un trasplante directo de la dureza áspera de Fondevila, de la rigidez de las tallas de las virgenes románicas del medioevo catalán.

El destino de Fondevila

Llegó a tal punto el grado de amistad y complicidad entre Picasso y Fondevila que, en el momento de la despedida, el viejo contrabandista quiso también hacer la maleta y marcharse con el artista a París. Pero el destino de Fondevila estaba en el valle, a la sombra del Pedraforca. Nunca llegó a salir de Gósol, más allá de sus actividades de contrabandista.

Falleció en el pueblo del Berguedà el 14 de marzo de 1910 a la edad de 89 años, según la información de la partida de defunción del registro civil del Ayuntamiento a la que ha tenido acceso El Debate. El hostelero contrabandista nunca sospechó que su rostro viajaría mucho más lejos de lo que él jamás había imaginado.

Josep Fondevila, con 85 años, el tabernero y contrabandista de Gósol cuyo cuadro prendió la chispa que desencadenó el cubismo y transformó el arte contemporáneo.

Josep Fondevila, con 85 años, el tabernero y contrabandista de Gósol cuyo cuadro prendió la chispa que desencadenó el cubismo y transformó el arte contemporáneo.Ana Montiel Villar

Hoy las facciones de Josep Fondevila no descansan en un hostal de los valles pirenaícos, sino en la segunda planta del Museo Metropolitano de Arte (Met) de Nueva York. Contemplado y admirado por millones de personas de todo el mundo, el retrato del tabernero de Gósol es la chispa que desencadenó el cubismo y transformó el arte contemporáneo para siempre.

El hombre que nunca salió de Gósol ha acabado conquistando la capital del mundo. Un año más tarde (1907), llegaría Les Demoiselles d’Avignon (MoMA, Nueva York), la gran joya cubista por excelencia de Picasso.

En 2025 visitaron el Centro Picasso de Gósol 3.267 personas, según indican a este periódico fuentes municipales. Diferentes partidas del presupuesto del Ayuntamiento financian el centro, junto con pírricas subvenciones de Cultura o del Instituto de Estudios Ilerdenses. Insuficiente a todas luces dada la talla universal del artista malagueño. Marta Rasquí, la directora, muestra su insatisfacción. Al parecer, la revolución artística de Gósol, de impacto global, no forma parte de las prioridades culturales de la Generalitat.

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