Xavier Palau, candidato al PP de Lleida
Xavier Palau: «Negaré todas las ayudas municipales a los delincuentes y a los incívicos reincidentes»
El jefe de la oposición en el Ayuntamiento de Lérida, candidato del PP, reclama coordinación policial con Guardia Civil y Policía Nacional
Abogado y doctor en Derecho, Xavier Palau (40 años) fue el candidato más joven al Ayuntamiento de Lérida en 2019 y en 2023, cuando el PP logró el mejor resultado de la democracia para su partido en una capital de provincia catalana. A ocho meses de las municipales, recibe a El Debate tras un verano marcado por los incidentes en el cubrimiento de las vías del tren y las peleas con arma blanca en la plaza dels Països Catalans. Su diagnóstico es contundente: suciedad, inseguridad, incivismo e inmigración irregular. Su propuesta, un «giro de 180 grados» en el modelo de ciudad.
—¿Qué le llevó a la política?
—Que muchas personas de mi generación en Lleida no hemos visto otra cosa que gobiernos de izquierdas, sean socialistas o nacionalistas. Sus políticas nos han hecho perder muchas oportunidades, sobre todo a la gente joven y de mediana edad. Me presenté como candidato por eso y por el Partido Popular: porque pensaba y sigo pensando que hace falta un giro en las políticas de Lleida y, sobre todo, en el modelo de ciudad.
—Usted es de Lérida de toda la vida.
—De familia de Lleida y de toda la vida de Lleida. Y es cierto que aquí las izquierdas se han repartido el poder de siempre: los socialistas en el ayuntamiento y la antigua Convergència en la Diputación; después Esquerra aquí y Esquerra en la Diputación. Siempre han pactado los mismos. Lo único que ha cambiado son las siglas, no la manera de gestionar ni los objetivos. Eso nos ha abocado a un fracaso, y hay toda una generación de gente de centroderecha que quiere dar un giro y que quiere a su ciudad.
—Hace pocos días propusieron un plan de choque para las zonas más conflictivas. ¿Cómo está Lérida?
—Venimos de un verano con muchos incidentes. Ante eso preparamos una serie de medidas, entre ellas un plan de choque basado en la coordinación policial. Los vecinos pagamos para tener servicios, y reclamo que patrullen las calles de Lleida la Guardia Urbana, los Mossos d'Esquadra, la Policía Nacional y la Guardia Civil, con coordinación, porque garantizar la seguridad ciudadana no es una cuestión ideológica, ni partidista, ni de siglas.
—¿Y el gobierno municipal?
—Cuando el gobierno municipal confunde seguridad con ideología y excluye a la Guardia Civil y a la Policía Nacional de la coordinación en materia de seguridad en las calles de la ciudad, evidentemente está aplicando un sectarismo ideológico en la materia. Nosotros pedimos además presencia policial permanente durante 90 días en los puntos más conflictivos, determinados de manera concreta, y que se den datos reales, objetivables y públicos cada semana sobre las medidas adoptadas y los resultados que están dando, porque la ciudadanía tiene derecho a conocerlos. Hay que modificar las normas penales en el Congreso de los Diputados, pero sobre todo aplicar las ordenanzas municipales, hacerlas cumplir y ejecutar las sanciones.
—Habla de llegar tarde.
—El alcalde de Lleida no respondió de forma inmediata a lo que ocurrió en agosto en el cubrimiento de las vías: llegó tarde. Y lo digo muy claro: igual que Sánchez abandonó a España en la invasión de Ceuta, el alcalde ha abandonado a Lleida con la inseguridad. Lo peor que puede pasar es que la ciudadanía tenga la percepción de que el Ayuntamiento de Lleida no está al lado de los vecinos, sino más cerca de los delincuentes, de los incívicos y de los reincidentes.
—¿Cuál sería su primera medida como alcalde?
—Cuando sea alcalde recuperaremos la dignidad, la identidad, «el seny» y el orden de Lleida. Y una de las primeras medidas que adoptaré es negar todas las ayudas municipales a los delincuentes y a los incívicos reincidentes. Nadie en Lleida se aprovechará del sistema público y nadie que delinca se verá beneficiado de ayudas municipales.
—Ustedes votaron en contra de la ordenanza del gobierno de Fèlix Larrosa que prohíbe el burka. ¿Por qué?
—Primero, por una cuestión de fondo democrático: presenté 76 enmiendas, nos aprobaron tres y nos transaccionaron cuatro. Siete de 76, ni el 10 %. Segundo, porque no doy apoyo a ninguna medida del PSC, que es cómplice de la inseguridad y de la delincuencia con las mismas políticas que ya conocemos en Lleida. Hace falta un giro de guión y un giro de modelo en materia de seguridad. Lo que tiene que hacer el alcalde es reclamar a su partido, al PSC y al PSOE que modifiquen las normas en el Congreso de los Diputados y que dejen de decir una cosa en Lleida y otra en Madrid.
—¿Y sobre el burka en concreto?
—Hace muchos meses la alcaldía, en una salida desesperada, al ver que el sentimiento mayoritario de la ciudadanía se le escapaba, se sacó de la manga una propuesta: la prohibición del burka. Generó un impacto nacional importante, pero ese impacto se ha ido diluyendo. Aquella ordenanza que debía aprobarse de forma inmediata se retrasó a junio, de junio a julio y ahora ya hemos llegado a septiembre. No puedo apoyar a un gobierno que dice prohibir el burka cuando lo que hace es regularlo.
—¿En qué se basa para afirmarlo?
—El artículo con el que pretenden prohibirlo tiene dos excepciones, y eso no es prohibir: es regular y legitimar. La primera excepción es cuando se invoca un derecho fundamental, como la libertad religiosa. Dudo que alguna mujer diga que lleva el burka por imperativo o por obligación; por el simple hecho de decir que lo lleva por libertad religiosa, ya no hay sanción. La segunda excepción es cuando se utiliza el burka, o se oculta el rostro, en espacios donde sea socialmente habitual llevarlo. Hay determinadas calles de Lleida donde entiendo que se podrá llevar sin sanción, porque ya es habitual que haya personas de procedencia inmigrante que lo lleven. Estas dos excepciones son tan grandes que lo que hacen es legitimar y regular en qué supuestos se puede llevar. Si el alcalde quiere prohibir el burka, ya lo dije, tiene que ser valiente y reclamar a su partido una modificación en el Congreso por ley orgánica. Pero que no confunda a la ciudadanía diciendo que quiere prohibir algo que en realidad está regulando. Xavier Palau y el PP de Lleida queremos prohibir el burka sin excepciones.
—¿Qué sentimiento percibe en el ciudadano de Lérida?
—Lleida es una gran ciudad, con un gran potencial. Somos una capital de referencia en el ámbito agroalimentario, cultural, sanitario, comercial y universitario. Pero también somos una ciudad que muchas veces se siente abandonada por el resto de Cataluña, porque Cataluña no es Barcelona. Y hay un sentimiento contradictorio cuando vemos que hay una pérdida de identidad de nuestros valores occidentales, como consecuencia de esa sustitución cultural que avanza y que las políticas socialistas y nacionalistas, con su permisividad y su oportunismo, han sido incapaces de detener. La percepción de una parte importante de la ciudadanía —no me atribuyo hablar en nombre de todos— es que hace falta un giro de 180 grados. La gente no me tiene que parar por la calle para decirme que se siente insegura. La gente no me tiene que parar por la calle para decirme que la ciudad está dejada, sucia y degradada. Tenemos que perder esa percepción, que es real, para volver a ser lo que Lleida ha sido siempre: una gran ciudad, puerta de entrada al resto de Cataluña y al resto de España. Hay que recuperar el foco en esa capitalidad, y para eso solo hay una opción: que la gente nos dé una oportunidad.
—¿Cuáles son, entonces, los principales problemas de la ciudad?
—La suciedad, la inseguridad —dentro de ella, el incivismo y la delincuencia— y la inmigración irregular, que provoca una sustitución cultural y una pérdida de identidad. Cuando una sociedad tiene la percepción de que la están dejando atrás, aparece el problema. Yo soy partidario de la Semana Santa, de la Navidad, de los principios y valores occidentales del humanismo cristiano, de seguir poniendo el caganer y comiendo panellets. Y rechazo el burka, la sustitución cultural, los certificados halal en las escuelas y que me impongan una manera de ver la vida, de pensar o de entender la cultura. Defiendo lo que considero clave, que es nuestra identidad, porque la identidad refuerza la autoestima de una ciudad.
—¿Y cómo se traduce eso en su programa?
—En primer lugar, el orden: garantizar la seguridad con coordinación policial y negar las ayudas municipales a quien delinque, con un control estricto de todos los recursos municipales destinados a ayudas y subvenciones. El segundo elemento es la identidad: mantener nuestro sello identitario propio, los valores occidentales, y evitar cualquier sustitución cultural. A partir de ahí, poner en valor lo que nos es propio como ciudad y como capital.
—¿Cómo se evita esa sustitución sin señalar a las personas?
—El ayuntamiento y las instituciones no pueden poner la alfombra roja a la sustitución cultural. Yo no estoy en contra de las personas ni de la libertad individual para desarrollar sus proyectos de vida. Estoy en contra de que esas personas, organizadas en comunidad, tomen fuerza y pretendan imponernos una sustitución cultural. Una cosa es que cada uno, libremente y en su casa, haga lo que quiera. Y otra cosa es la imposición comunitaria.
—¿Cómo está el PP en Lérida y en Cataluña?
—El PP de Lleida ha afiliado a más de 500 personas en los últimos cinco años. La gente se suma por encima de cuestiones ideológicas, porque quiere el cambio y porque somos la única alternativa: las llaves de la ciudad no se le pueden dar a una persona inexperta ni se puede hacer un experimento. Además, hemos convertido al PP de Lleida en la segunda organización de toda Cataluña, después de Barcelona, con más afiliados de Nuevas Generaciones. Tenemos salud, estructura y muchas ganas de responder a las necesidades de nuestros municipios. Somos un proyecto eminentemente municipalista que lidera y representa al centroderecha leridano.
—¿Y la relación con la dirección catalana?
—Venimos de un congreso del PP de Cataluña de unidad, con el liderazgo de Alejandro Fernández, y el partido reconoce la idiosincrasia y las características propias de nuestra provincia: muy extensa, poco poblada y con muchas necesidades. Tenemos el apoyo del PP de Cataluña, y más después del último congreso. Cuando el PP gobierna España, Lleida tiene diputado en el Congreso. Y afirmo que recuperaremos ese diputado, porque el PP de Lleida ha sacado músculo. Esto no es fruto de un día: es fruto del trabajo continuo de muchas personas, y ese proyecto ha crecido y se ha hecho grande.
—Si Aliança Catalana obtiene representación en la Paeria, ¿hablaría con ellos?
—Estoy dispuesto a hablar con todos los partidos con representación del centroderecha en el Ayuntamiento de Lleida para hacer posible el cambio. Aquí lo clave, para mí, es Lleida.
—Y a ocho meses de las urnas, ¿cuál es el mensaje?
—En 2023 logramos un resultado histórico, el mejor en una capital de provincia catalana de toda la democracia, con un jefe de la oposición del PP. Y ojo, en la Cataluña interior. Ahora estamos a las puertas de poder ser la fuerza política más votada y de obtener la alcaldía de Lleida, porque en 2027 en Lleida no discutiremos ideologías ni partidos: se decidirá el modelo de ciudad.