Poblado El Puig de Alcoy
Ruta al Puig de Alcoy: historia, senderismo y un mirador al mundo ibérico
Con más de 1,5 hectáreas de extensión, este poblado albergó a 300 personas y dejó huellas de su organización socia
El Puig de Alcoy es un referente arqueológico imprescindible para entender la cultura ibérica en la Comunidad Valenciana. Ubicado en el sudeste del término municipal de la ciudad alicantina, este oppidum o poblado fortificado se alza a 888 metros de altitud, proporcionando un enclave estratégico desde donde se dominaba el territorio circundante. Su localización, entre las partidas de El Regadiu y La Canal, cerca de la urbanización del Estepar, permite disfrutar hoy de unas vistas privilegiadas de la zona.
El yacimiento fue descubierto en la década de 1910 y ha sido objeto de excavaciones durante más de cien años. Entre 2004 y 2012, se llevaron a cabo campañas que han permitido comprender mejor las fases de ocupación y la organización del poblado. Junto con el yacimiento de La Serreta, compartido entre Alcoy, Cocentaina y Penáguila, el Puig se erige como un punto fundamental en la investigación de la cultura ibérica en la región.
El acceso al yacimiento se realiza a través de una sencilla ruta senderista, ideal para familias y aficionados a la historia y la naturaleza. El itinerario parte desde la urbanización del Estepar, donde es posible aparcar antes de comenzar el ascenso. Desde allí, el camino está señalizado con postes indicativos que guían hasta el poblado sin dificultad. A lo largo del recorrido, se pueden apreciar diversos carteles informativos que detallan la historia del asentamiento y sus características. Además, al alcanzar la cima, las vistas recompensan el esfuerzo, ofreciendo una perspectiva privilegiada del entorno montañoso de la comarca del Alcoyano.
Restos arqueológicos del Puig
El asentamiento contaba con una extensión con aproximadamente 1,5 hectáreas y albergaba a unas 300 personas. Su estructura urbana estaba marcada por calles rectilíneas que dividían bloques de viviendas en pequeños barrios. En los espacios abiertos se llevaban a cabo labores esenciales para sus habitantes, como el procesamiento de productos agrícolas y el trabajo de la lana.
Uno de los elementos más destacados del yacimiento es su torre fortificada, que protegía la entrada al poblado y reflejaba la importancia estratégica de la zona. La economía del asentamiento se basaba en la agricultura y la ganadería, actividades que sustentaban a la población y permitían generar excedentes para el comercio.
La casa ibérica
Las viviendas del lugar se construyeron con un zócalo de piedra y muros de barro, utilizando adobes o tapial. Las cubiertas eran de madera y vegetación compactada con barro. En su interior, las casas presentaban una estructura modular, con estancias de distintos tamaños según las necesidades de cada familia.
Recreación de la torre fortificada del Puig
La cámara principal contaba con un hogar central para cocinar y calentar la estancia, donde la familia se reunía al final del día. Otras habitaciones servían para el almacenamiento de alimentos y agua, el descanso y la producción textil con telares verticales. Las diferencias en el tamaño de las viviendas y la cantidad de objetos hallados sugieren la existencia de desigualdades económicas dentro de la comunidad.
Este enclave es un testimonio de la organización social, económica y urbanística de los iberos en tierras valencianas. Su estudio ha permitido a los arqueólogos reconstruir parte de la historia de estas comunidades, ayudando a entender cómo vivían, trabajaban y se relacionaban con su entorno.