Antiguo campanario de la desaparecida iglesia de San Bartolomé en el centro de Valencia.
La misteriosa torre inclinada en el centro de Valencia
Un campanario sin iglesia ante los ojos de todos los turistas
Vas andando por Valencia y tras pasar por el Palacio de la Generalitat y la Diputación de Valencia, en dirección hacia las Torres de Serranos, a mano izquierda se ve un campanario. Ahí la torre, pero por muchas vueltas que le des a la manzana no hay templo parroquial. Ni junto a ella ni en las inmediaciones. Es una torre campanario sin iglesia. Es un tanto raro. Lo que sí se puede advertir es que la finca contigua parece de una época más próxima que el resto de edificaciones del centro. Si vamos por la calle Serranos y giramos para contemplar el campanario huérfano aún podremos observar cierta inclinación. Vamos, que Valencia tiene en su centro histórico una torre sin iglesia que encima no está recto hacia el cielo.
Este campanario es lo único visible que queda de la antigua iglesia de San Bartolomé, uno de los diversos templos fundacionales de Valencia, de aquellas iglesias que se consagraron conforme Jaume I entró en la ciudad. De esos templos primitivos aún quedan ejemplos como Santa Catalina, San Esteban, San Nicolás (una de las dos Capilla Sixtina de la Comunidad Valenciana) San Martín, Del Salvador y los Santos Juanes.
La torre ha resistido al paso del tiempo, porque se quedó huérfano no hace muchos años. El derribo del templo parroquial data de 1944, abriéndose la puerta a varias leyendas urbanas.
Comentaba en su momento César Guardeño, en la Cadena SER, que la antigua iglesia de San Bartolomé sufrió los envites de la Guerra Civil, aunque aquí ya difieren los caminos de la realidad. Por una parte se indica que los daños provocados durante la contienda fueron tan importantes que se tuvo que derribar la iglesia, sirviendo ya esta situación para justificar por qué la torre está inclinada. En el citado medio, Guardeño abría la posibilidad a que los daños no fueran tan importantes, que hubieran podido ser recuperables para una Valencia a la que le unía mucha devoción a este templo.
La Real Academia de San Carlos se posicionó para su restauración, pero el Arzobispado de aquel entonces llevaba otras intenciones, y más teniendo en cuenta la cantidad de iglesias que habría por reconstruir tras la Guerra Civil en Valencia.
Al final, el solar se vendió y el templó acabó pasando a la historia, metiendo en el cajón del olvido la capilla del Santo Sepulcro a la que los valencianos de por aquel entonces se acercaban con suma devoción. La nave única en tres tramos se derribó por completo y con el campanario se incendió, aunque las insistentes protestas de la Real Academia de San Carlos y la Junta Diocesana sirvieron para paralizar la despedida al último recuerdo de la Iglesia de San Bartolomé. Por eso se quedó la torre huérfana junto a una finca construida a mediados del siglo pasado.
En Valencia se han llevado a cabo actuaciones de muy dudosa autoridad arquitectónica. La 'tortada' de Goerlich en la plaza del Ayuntamiento, el anillo completo de la muralla, las diferentes puertas que tuvo la ciudad, el desaparecido Palacio Ripalda o todo el recinto de la grandiosa Exposición Regional de 1909. Valencia estuvo llena de joyas, pero había otra mentalidad. Por eso las fotos de la antigua ciudad tienen un brillo especial.