Imagen de archivo de la Playa del Cargador, Alcossebre, Bajo Maestrazgo, Castellón
El pequeño pueblo del Mediterráneo con calas cristalinas sin casi turistas ideal para el mes de septiembre
La Comunidad Valenciana es un territorio lleno de posibilidades turísticas. Desde la Costa Blanca hasta la Costa Azahar, sus playas, calas y pueblos mediterráneos figuran entre los más visitados del país. Localidades como Peñíscola, Altea o Calpe concentran buena parte de la atención, pero en la provincia de Castellón se esconde una joya entre el mar y la montaña que nada tiene que envidiarles: Alcossebre. Un rincón que conserva un encanto sereno y que, pese a su belleza, se mantiene al margen de las grandes oleadas de turistas.
Comparado en ocasiones con paisajes de la isla de Cerdeña, este núcleo costero ofrece la combinación perfecta de mar cristalino y naturaleza en estado puro. Situado en plena Sierra de Irta, regala al viajero la posibilidad de disfrutar en un mismo día de rutas de senderismo por la montaña y de un baño en playas de arena fina o en calas solitarias. Sus diez kilómetros de litoral concentran espacios únicos, entre los que destaca la Playa de las Fuentes, famosa por sus manantiales de agua dulce que brotan en la misma orilla. Este fenómeno natural, durante años protegido como un secreto, mantiene la Bandera Azul y una certificación ambiental que la sitúan entre las más singulares de la Comunidad Valenciana.
Imagen de la playa de Alcossebre en Castellón
Junto a este enclave, otras playas completan la oferta para todos los gustos. La del Carregador, amplia y accesible, invita a largos paseos junto al mar, mientras que la del Moro sorprende con un paisaje de roca y pinar que ofrece un ambiente más salvaje y tranquilo. La Playa Romana, en cambio, combina su carácter semicircular con un entorno protegido que la convierte en un refugio ideal para quienes buscan intimidad frente al mar. Más escondidas, las calas de la Sierra de Irta, como Mundina o Ribamar, son auténticos tesoros rodeados de naturaleza virgen donde practicar esnórquel se convierte en una experiencia inolvidable.
Alcossebre no solo vive del mar. Su paseo marítimo refleja un urbanismo respetuoso con el entorno y entre los meses de verano acoge un mercado artesanal en el que se mezclan productos locales y ambiente familiar. El perfil montañoso que lo arropa regala escenarios espectaculares. La Sierra de Irta, declarada parque natural, conserva senderos que conducen a miradores privilegiados y al emblemático faro de Irta, inaugurado en 1993 y erigido sobre un acantilado desde el que se despliegan algunas de las panorámicas más bellas del Mediterráneo. Atardecer en ese punto, con la fusión del mar y la piedra, es uno de los recuerdos más intensos que se lleva el visitante.
Los amantes de la naturaleza encuentran aquí un espacio perfecto para conectar con el entorno. Las rutas de senderismo atraviesan pinares, acantilados y caminos históricos que descienden hacia calas ocultas. El cicloturismo, cada vez más presente en la zona, permite recorrer la Sierra de Irta sobre dos ruedas y descubrir paisajes de gran valor ecológico en un espacio que ha logrado conservarse sin la presión urbanística que sufren otros enclaves del Mediterráneo.
Imagen de archivo del parque natural de la Serra de Irta, Castellón
El pueblo mantiene además una vida local tranquila, con restaurantes que apuestan por la gastronomía de proximidad y donde el pescado fresco y los arroces siguen siendo protagonistas. Lejos del bullicio de otros destinos masificados, en Alcossebre la experiencia turística se vive a un ritmo más pausado, lo que lo convierte en un destino especialmente atractivo para quienes buscan desconectar y reencontrarse con la esencia mediterránea.
Para completar la experiencia, a pocos kilómetros se encuentra Alcalà de Xivert, la localidad de la que depende administrativamente Alcossebre. Su casco urbano guarda un legado histórico que remite a la época templaria. La iglesia parroquial de San Juan Bautista, el Castillo Templario encaramado en la Sierra de Irta o la Casa de la Cultura son ejemplos de un patrimonio que sorprende a quienes lo descubren. Las ermitas de San Antonio de Padua, junto al litoral, y de Santa Lucía y San Benito, en lo alto del monte, completan un recorrido histórico y espiritual coronado por vistas que figuran entre las más espectaculares de Castellón.
Alcossebre se diferencia de otros destinos del litoral valenciano por su equilibrio entre naturaleza y calma. No es un pueblo masificado ni ruidoso, sino un enclave que conserva la esencia de la vida mediterránea sin artificios, con playas que todavía permiten disfrutar de la soledad y con una vida local que fluye sin estridencias. Su atractivo radica precisamente en ese carácter discreto que, poco a poco, está conquistando a los viajeros más atentos, aquellos que buscan descubrir lugares donde el mar y la montaña se abrazan sin renunciar a la autenticidad.
En un tiempo en que el turismo de masas amenaza con uniformar la experiencia de muchos destinos, Alcossebre emerge como un recordatorio de que aún existen rincones capaces de sorprender y de ofrecer lo más puro del Mediterráneo. Un lugar en el que el tiempo parece detenerse entre el rumor de las olas y el silencio de la Sierra de Irta.