Imagen de archivo de gente bañándose en el Pou clar, Valencia

Imagen de archivo de gente bañándose en el Pou clar, ValenciaTripadvisor

La poza natural de aguas cristalinas en el interior de Valencia donde nace un río legendario

Este rincón natural escondido entre montañas en la Vall d'Albaida es perfecto para una ruta de fin de semana

La Comunidad Valenciana esconde auténticas joyas naturales más allá de sus playas y pueblos costeros. En el interior, la geografía ofrece un sinfín de paisajes donde el agua sigue siendo protagonista, como piscinas naturales de aguas cristalinas, embalses rodeados de montañas o fuentes termales a más de 25 grados durante todo el año, como la célebre Fuente de los Baños en Montanejos. Estos rincones, en los que la naturaleza conserva su carácter más puro, se convierten en refugios ideales cuando el verano y el mar quedan atrás. Uno de esos lugares únicos valencianos es el Pou Clar, en el municipio de Ontinyent, en la comarca de la Vall d'Albaida.

El Pou Clar es el manantial que da origen al río Clariano y uno de los espacios naturales más emblemáticos de la provincia de Valencia. Se ubica a las afueras de Ontinyent, junto a la carretera que conecta con Bocairent, dentro del Paraje Natural Municipal Serra de l'Ombria-Pou Clar. El entorno es un paisaje modelado durante millones de años por la erosión del agua sobre la roca caliza, lo que ha dado lugar a una sucesión de pozas profundas y transparentes que parecen esculpidas por la paciencia del tiempo.

Imagen de archivo de las pozas naturales del Pou clar, en el interior de Valencia

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Estas cavidades, conocidas popularmente como pous, pozos en valenciano, conforman un conjunto de piscinas naturales de una belleza serena y magnética, donde el agua, fría y limpia, invita a detenerse y contemplar.

A lo largo del cauce se encadenan seis pozas principales, cada una con su propio nombre y personalidad: el Pou dels Esclaus, el Pou Gelat, el Pou de la Reixa, el Pou Fosc, el Pou dels Cavalls y el Pou Clar, que da nombre al paraje. Algunas destacan por la transparencia de sus aguas, otras por su profundidad o su forma caprichosa. En conjunto, componen un paisaje refrescante y singular que, durante el verano, se convierte en punto de encuentro para bañistas, excursionistas y amantes de la naturaleza.

Durante siglos, este manantial fue la principal fuente de abastecimiento de agua para Ontinyent. Hasta los años sesenta, sus caudales surtían las casas del municipio y regaban la huerta, un paisaje agrícola fértil que se extiende aguas abajo, vertebrado por un ingenioso sistema de acequias. Aún hoy, parte de su caudal alimenta las tierras de cultivo del valle, testimonio de la íntima relación entre el agua y la historia local.

Las paredes de roca que enmarcan el paraje guardan también vestigios del pasado. En ellas se abren las llamadas Covetes del Pou Clar, un conjunto de cavidades excavadas entre los siglos X y XII que pudieron servir como graneros o refugios. Distribuidas a ambos lados del barranco, algunas de estas cuevas presentan entradas perfectamente talladas y señales de herramientas, lo que sugiere un uso intencionado y prolongado en el tiempo. Su presencia añade un aire misterioso al lugar y recuerda la antigua relación entre el ser humano y la naturaleza, basada en la adaptación y el respeto.

El río Clariano, que nace en este punto, recorre después los valles de Bocairent y Ontinyent, recibiendo el agua de barrancos y manantiales subterráneos antes de unirse al río Albaida. La abundancia de caudales ocultos bajo la Sierra de la Umbría explica la vitalidad del manantial y su papel como corazón hidráulico de la comarca. Incluso las ruinas de antiguas infraestructuras, como molinos y canales de riego, o el frustrado proyecto del pantano de Ontinyent, cuyos orígenes se remontan al siglo XVII, narran la constante búsqueda del equilibrio entre el aprovechamiento y la conservación del agua.

Hoy, el Pou Clar es un espacio protegido y cuidado, símbolo de identidad para los vecinos y parada obligada para quienes buscan descubrir el alma natural de la Vall d’Albaida. Este paraje demuestra que, más allá del litoral, la Comunidad Valenciana guarda tesoros de agua y piedra donde el tiempo parece detenerse, recordando que la verdadera belleza, a menudo, se encuentra tierra adentro.

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