Imagen de archivo de un árbol de aguacate
La fruta tropical que está tomando el relevo a los cítricos y al caqui en los campos valencianos
La huerta valenciana vive un cambio silencioso. En un paisaje históricamente dominado por los naranjos y los caquis, una nueva fruta tropical empieza a hacerse hueco. Se trata del aguacate, un cultivo que, impulsado por la moda gastronómica y la alta rentabilidad que ofrece, está transformando poco a poco el mapa agrícola de la Comunidad Valenciana. Lo que hace apenas unos años era una curiosidad experimental en algunos terrenos del litoral, hoy se ha convertido en una alternativa real para muchos agricultores que buscan estabilidad y beneficio frente al descenso de los márgenes de los cítricos.
El cambio no es anecdótico. Según datos del Ministerio de Agricultura, entre 2019 y 2024 la superficie dedicada al aguacate en la región ha crecido un 174,5 %, mientras que la del caqui se ha reducido un 10,7 %. Aun con esa diferencia, el caqui mantiene todavía más terreno cultivado, con más de 14.000 hectáreas frente a las casi 4.000 del aguacate, pero la tendencia es clara. Los campos de la Ribera, donde nació la variedad Rojo Brillante, emblema de la Denominación de Origen Protegida Kaki Ribera del Xúquer, ya han visto cómo algunos agricultores arrancan sus árboles para apostar por la fruta tropical.
El auge del aguacate responde a un fenómeno global, ya que es un producto con una demanda creciente, tanto en el consumo doméstico como en la alta cocina, y con un precio que multiplica por varios enteros el que se paga por la naranja o el caqui. En la Comunidad Valenciana, el kilo se paga al agricultor entre 2,20 y 2,40 euros, un margen que convierte su cultivo en una alternativa difícil de ignorar.
Desde la Asociación de Productores de Aguacate (Asoproa) explican que una hectárea de aguacates necesita entre 4.500 y 5.000 metros cúbicos de agua al año, prácticamente lo mismo que los cítricos, por lo que la diferencia es la rentabilidad. La organización ha lanzado recientemente la marca 'Aguacates CV', con el respaldo de la Generalitat Valenciana, para consolidar la identidad del producto valenciano y diferenciarlo del importado.
La campaña busca posicionar al aguacate de la región como un alimento de excelencia, sostenible y de proximidad. Bajo esa marca se promueven acciones de promoción, participación en ferias internacionales y la creación de un portal digital que conectará productores y puntos de venta.
Imagen de archivo de aguacate en el campo valenciano
El propio consejero de Agricultura, Miguel Barrachina, subraya que el sello garantiza una fruta fresca y trazable que llega a los mercados europeos en apenas 48 horas, lo que supone una ventaja competitiva frente a los aguacates de ultramar. Para el sector, se trata no solo de una oportunidad económica, sino también de un ejemplo de cómo la agricultura valenciana puede adaptarse al cambio climático y a los nuevos hábitos de consumo sin renunciar a su identidad.
El caqui y las plagas
Mientras tanto, los productores de caqui siguen trabajando para mantener el prestigio que el Rojo Brillante ha conquistado en los mercados internacionales. Tras años difíciles marcados por la plaga del cotonet y episodios climáticos adversos, la DOP Kaki Ribera del Xúquer afronta 2025 con moderado optimismo. Su presidente, Cirilo Arnandis, confía en que la nueva campaña de promoción, la más ambiciosa hasta la fecha, con una inversión de 2,6 millones de euros y presencia en España, Francia, Canadá y Brasil, contribuya a reforzar la posición del caqui valenciano como un producto saludable, sostenible y de alta gama.
El cultivo del caqui, que llegó a ocupar un papel emblemático en la economía agraria de la Ribera, ha demostrado ser un símbolo de resiliencia. La DOP ha impulsado programas de innovación y control fitosanitario que garantizan la trazabilidad y calidad de cada fruto, con certificación de la ENAC. «Queremos que, cuando alguien vea la etiqueta Persimon®, sepa que compra un producto con origen certificado y sabor inconfundible», destaca Arnandis.
En este escenario, la coexistencia de ambas frutas refleja un momento de transición para el campo valenciano. Por un lado, el caqui intenta consolidar su prestigio tras años de dificultades, mientras que, por otro lado, el aguacate emerge como la nueva promesa verde, símbolo de una agricultura que se reinventa ante los desafíos del mercado y del clima.