Presa de Forata, a 7 de noviembre de 2024Europa Press

España no ha aprendido de la dana: los ingenieros alertan de que el país no está preparado para los fenómenos extremos

Expertos reunidos en Madrid han reclamado planificación, mantenimiento y una cultura de prevención ante el aumento de los riesgos hidrológicos y urbanísticos

La Asociación de Ingenieros de Caminos, Canales y Puertos y de la Ingeniería Civil, perteneciente al Instituto de la Ingeniería de España, ha celebrado hoy en Madrid la jornada 'Un año después de la DANA: ¿estamos preparados?', en la que especialistas de la ingeniería, la Administración y la universidad han analizado las lecciones que ha dejado la catástrofe del 29 de octubre de 2024. La conclusión ha sido unánime: España no está preparada para afrontar fenómenos meteorológicos cada vez más extremos.

«La ingeniería es una herramienta esencial de prevención y seguridad ciudadana, no solo de desarrollo económico», ha recordado la presidenta del Instituto de la Ingeniería de España, María Cruz Díaz, al abrir el acto.

El presidente de la Asociación de Ingenieros de Caminos, José Trigueros, ha sido contundente: la dana de 2024 «demostró las consecuencias de décadas de retraso en inversión y planificación».

«Si las infraestructuras hidráulicas previstas se hubieran ejecutado, el número de víctimas y los daños materiales habrían sido mucho menores», ha subrayado. «No se trata de demonizar las obras hidráulicas, sino de entender que son la mejor defensa ante fenómenos naturales cada vez más violentos».

Un balance devastador

La dana del pasado año afectó a más de 90 municipios, con 130.000 viviendas dañadas y 1,1 millones de personas afectadas, el 41 % de la población de la provincia más castigada. Las pérdidas superaron los 17.000 millones de euros.

Las inversiones necesarias para reparar y reforzar las infraestructuras se han estimado en 12.500 millones, de los cuales 1.763 millones corresponden a actuaciones hidráulicas y 7.297 millones a la red ferroviaria.

De izquierda a derecha: José Alfonso Soria, Antonio Serrano, Jordi Azorin Poveda, Federico Bonet y Francisco Ferrandis durante el coloquioAsociación Caminos

«El ferrocarril se vio sometido a tensiones inéditas», ha explicado Fernando Ugena, de ADIF, quien ha reclamado «un plan de refuerzo integral en trazados críticos». En el ámbito viario, María José Martínez, directora general de Infraestructuras Viarias de la Generalitat Valenciana, ha señalado que «las carreteras resistieron mejor donde existía planificación preventiva, pero en otras zonas el colapso fue total».

A esta fragilidad se ha sumado el debilitamiento de los organismos encargados de gestionar el agua: las confederaciones hidrográficas han perdido más del 11 % de su personal técnico desde 2019, y el presupuesto de mantenimiento de presas se ha limitado a 16,25 millones de euros para 154 embalses.

Forata, símbolo del riesgo

Uno de los ejemplos más reveladores ha sido el de la presa de Forata (Valencia), que durante la dana soportó caudales de más de 1.000 m³/s, el doble de lo previsto. La infraestructura logró retener 22 hectómetros cúbicos y evitó un desastre mayor, pero carecía de plan de emergencia implantado.

«Forata contuvo la avenida, pero la falta de nivel 3 en su plan de emergencia demuestra que dependemos de la suerte más que de la planificación», ha denunciado el catedrático Teodoro Velázquez, quien ha calificado el episodio como «una tragedia evitable».

«El riesgo era previsible», ha añadido el profesor Vicent Esteban Chapapría, «pero seguimos reaccionando después de cada desastre, en lugar de anticiparnos a ellos».

Urbanismo, planificación y prevención

Los ponentes han coincidido en que la reconstrucción no debe limitarse a reparar daños, sino transformarse en una oportunidad para cambiar el modelo de gestión del riesgo.

«El urbanismo desaforado ha ocupado cauces y vegas que debieron preservarse como zonas de flujo», advierte el catedrático Antonio Serrano, exsecretario de Estado de Ordenación del Territorio. «Cada nueva vivienda en zona de riesgo es una vulnerabilidad añadida y una responsabilidad que tarde o temprano se paga.»

Serrano ha reclamado una planificación territorial basada en el riesgo real, con mapas de peligrosidad actualizados y límites estrictos a la edificación en zonas inundables. En la misma línea, José Carbonell Castelló, del Colegio de Ingenieros Agrónomos de Levante, defiende la integración de «biosistemas, cauces e infraestructuras verdes» con la ingeniería civil «para mejorar la resiliencia del territorio».

La jornada ha concluido con una mesa redonda en la que han participado representantes de empresas, universidades y comunidades de regantes. Todos han coincidido en la necesidad de reforzar la cooperación público-privada, recuperar la cultura del mantenimiento y educar a la ciudadanía frente a emergencias.

«De haber existido planes de emergencia activos y las infraestructuras ejecutadas, hoy hablaríamos de otra cosa», ha insistido José Trigueros en la clausura. «Tenemos la capacidad técnica, pero falta decisión. Invertir en prevención no es un gasto: es invertir en vidas humanas».