Imagen de la iglesia arciprestal Sant Jaume de Vila-real, Castellón
El mayor templo parroquial de España está en Castellón y sus bóvedas inspiran a arquitectos de todo el mundo
En una ciudad de poco más de 50.000 habitantes se alza una de las joyas arquitectónicas más sorprendentes de España. La iglesia arciprestal de Sant Jaume de Vila-real, cuya monumentalidad rivaliza con la de muchas catedrales del país, vuelve a ocupar el centro de la atención internacional por un elemento que la convierte en un caso prácticamente único: sus deslumbrantes bóvedas tabicadas. Este rasgo constructivo, propio del ámbito mediterráneo, alcanza en el municipio castellonense una sofisticación que ha dejado impresionados a arquitectos de todo el mundo.
La estructura que hoy puede verse se levantó entre 1752 y 1779 sobre el mismo solar donde se situaba el primitivo templo fundacional, ligado a la Carta Pobla otorgada por Jaime I en 1274. Aquel edificio medieval, de dimensiones modestas y resuelto con arcos de diafragma y cubierta a dos aguas, fue ampliándose con el crecimiento de la villa hasta que, en el siglo XVIII, se decidió construir un templo de grandes proporciones. El resultado fue una iglesia parroquial cuyas medidas se asemejan a las de una catedral, configurada por colosales columnas, una gran cúpula decorada con frescos y un conjunto artístico donde destacan retablos como el del Salvador, obra atribuida a Paolo de San Leocadio, y el altar mayor proyectado en el siglo XIX.
Imagen de la iglesia arciprestal Sant Jaume de Vila-real, Castellón
Sin embargo, la verdadera singularidad del templo no reside en su tamaño, sino en el sistema de bóvedas que lo cubre. El arquitecto José Nadal ideó una solución que sigue fascinando en el siglo XXI, y es que las bóvedas visibles desde el interior están techadas por otras bóvedas superiores, de modo que entre ambas se crea un pasadizo oculto y visitable. Este ingenio, ejecutado sin recurrir a elementos de madera, más allá de los bancos usados por los fieles, constituye uno de los ejemplos más relevantes de bóveda tabicada de Europa.
De Villarreal a Nueva York
La técnica alcanzó tal prestigio que, a finales del siglo XIX, inspiró a Rafael Guastavino, descendiente del propio Nadal, en algunas de sus obras más emblemáticas en Estados Unidos. La huella de Vila-real puede rastrearse en espacios tan conocidos como la Grand Central Terminal de Nueva York, la catedral de San Juan el Divino, el Great Hall de Ellis Island, zonas del puente de Queensboro, el Museo Americano de Historia Natural o la Biblioteca Pública de Boston, así como en el edificio de la Corte Suprema en Washington.
Con este legado como referencia, alrededor de sesenta especialistas que participan en Valencia en el tercer Simposio Internacional de Bóvedas Tabicadas visitaron recientemente la arciprestal. Tras ascender por una estrecha escalera que salva más de veinte metros de altura, pudieron recorrer el espacio intermedio entre las bóvedas y observar de cerca una solución constructiva que consideraron excepcional. Para los directores del encuentro, Fernando Vegas, Santiago Tormo y Camilla Mileto, el caso de Sant Jaume es «fascinante» por la pureza y magnitud de su ejecución.
El interés global por la iglesia se ha reavivado también a raíz de su 750 aniversario, celebrado en 2024 con la presentación de un documental que repasa la historia del templo y ofrece imágenes inéditas captadas por dron en su interior. Este aniversario subraya, una vez más, que Vila-real posee un patrimonio arquitectónico cuya resonancia supera con mucho el tamaño de la ciudad. La arciprestal de Sant Jaume se confirma así como una obra maestra, un edificio que combina monumentalidad, historia y una audaz ingeniería de bóvedas que continúa asombrando a generaciones enteras de arquitectos.