Imagen de archivo de Ximo Puig y Rebeca Torró en las Cortes Valencianas
Ximo Puig, el 'padre político' de Rebeca Torró recompensado por Pedro Sánchez con un puesto de 150.000 euros de sueldo en París
Más allá de en la Comunidad Valenciana, la actual secretaria de Organización del PSOE, y por tanto tan solo por detrás de Pedro Sánchez y María Jesús Montero en el escalafón de Ferraz, Rebeca Torró, era prácticamente una desconocida en términos de opinión pública hasta que el pasado mes de mayo su jefe de filas la aupó orgánicamente tras conocerse el demoledor informe de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil sobre su antecesor en el cargo, Santos Cerdán.
Ahora, y ya ejerciendo sus nuevas responsabilidades, su nombre ha salido a la palestra y no, precisamente, por cuestiones que favorezcan sus intereses y el de su partido, sino todo lo contrario, como es su supuesta gestión de denuncias de varias mujeres contra Paco Salazar, uno de los hombres fuertes del presidente del Gobierno, por presunto abuso sexual. Si Torró quiere cerciorarse de los peligros que suponen estar en la órbita de Sánchez y de repente ser conocida, tan solo tiene que hablar con Diana Morant, que le puede mostrar una sucesión de encuestas a la baja desde que ganó enteros mediáticos a costa de la dana.
Que la socialista está en el ojo del huracán es un hecho indiscutible, incluso por parte de los suyos, pero cabe destacar cuál ha sido su camino y el de algunos de sus compañeros recorrido en el medio plazo hasta llegar al actual contexto. Un 'juego de tronos' en toda regla con idas y venidas, desconfianza entre jefes y hasta un retiro dorado en París para uno de éstos.
Así, entre 2022 y 2023, último año de la anterior legislatura en la Comunidad Valenciana, Torró fue consellera de Política Territorial, Obras Públicas y Movilidad en el Ejecutivo de Ximo Puig, un Gabinete también integrado por Compromís y Unidas Podemos. Sin embargo, las elecciones autonómicas supusieron un duro varapalo para la izquierda, que vio como el Partido Popular y Vox entraban no solo a gobernar la Generalitat, sino también otras instituciones como los ayuntamientos de Valencia, Castellón, Elche o las diputaciones de Castellón y Valencia.
En ese momento, Puig no tenía ya demasiada carrera política por delante, dada la derrota en las urnas, pero también por los puestos ocupados previamente. No suele ser común que con esa trayectoria se quedase de diputado raso en las Cortes Valencianas. Entonces fue la oportunidad para buscarle un 'acomodo' a Torró y a Arcado España, conseller de Hacienda con el de Morella. Esa tarea se llevó a cabo con sendas secretarías de Estado: de Industria para Torró y de Política Territorial para España. Ya estaban bajo el paraguas del sanchismo gracias a Puig, que actuó a modo de 'padre político'.
En el mismo movimiento, y dado que éste fue el único barón territorial de todos los que perdieron en las urnas a los que Sánchez no le dio refugio en ministerios u otras competencias de nivel (a diferencia de Armengol o Ángel Víctor Torres, por ejemplo), Sánchez y él pactaron un nuevo destino laboral: embajador de España ante la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE). La relación entre ambos ha ido pasando por vaivenes. En este sentido, de ser uno de sus referentes autonómicos, la primera intentona del líder del PSOE de pactar con Bildu y el resto de partidos independentistas llevó al castellonense a apoyar la salida de Sánchez del mando de Ferraz en el célebre Comité Federal del 1 de 2016.
Esa fue la primera quiebra, pero que revalidara la presidencia de la Generalitat en 2019 calmó unas aguas. Pero poco tardaron en volver a embravecerse. Con encuestas que le sacaban del Palau por la mezcla de su gestión y el efecto Sánchez, Puig comenzó a alejarse de las posiciones marcadas por el PSOE y el Palacio de La Moncloa con tal de intentar, sin éxito tal como se comprobó más tarde, aguantar en el poder.
Fue tal el desencuentro que no dudó en culpar de sus malos resultados en los comicios al presidente del Gobierno y a la cantidad de votos perdidos por su ejecutoria. Con todo ello, el relevo de Puis era cuestión de tiempo, no solo por las discrepancias, sino porque, ya desde 2021, Sánchez colocó a Morant al frente de Ciencia e Innovación y en 2023 le sumó Universidades con vistas a que fuera la próxima a jefa del Consell, calcando la estrategia llevada a cabo con Salvador Illa, Pilar Alegría y Óscar López y no con Isabel Rodríguez para sustituir a Emiliano García-Page porque el castellano-manchego todavía resiste electoralmente hablando.
Aun con todo, el cambio de aires a Ximo Puig no le ha venido ni mucho menos mal. Como embajador de España ante la OCDE trabaja en París, vive en un piso en pleno centro de la capital francesa y percibe anualmente un sueldo de 150.000 euros, casi el doble de lo que cobraba siendo el mandatario de la Comunidad Valenciana.
Por honorarios y por estabilidad, con Puig y Torró se cumple la cruda realidad de muchos jóvenes en la actualidad: que los padres, en este caso el 'padre' vive mejor que sus hijos, es decir, su 'hija política'. Al respecto, mientras el expresidente está alejado de polémicas, luchas internas e incluso de que le pregunten por corrupción de la más variada que afecta a su partido, la número tres del PSOE se enfrenta a una nada cómoda situación, señalada pública y privadamente como la responsable de silenciar y mirar para otro lado con las denuncias de acosos laboral de varios colegas a compañeras de un partido del que ella misma se encarga de su Organización.