Edificio de Valencia en el que se documentó el primer poltergeist en España
La casa del mal, el primer poltergeist documentado de España que sacudió Valencia en 1915
En el verano de 1915, Valencia asistió a uno de los episodios más inquietantes de su historia reciente. No fue una revuelta ni un crimen, sino algo más difícil de encajar: una casa que parecía cobrar vida. De su interior surgían ruidos persistentes, golpes secos y vibraciones que nadie lograba explicar. La policía investigó, los técnicos midieron, la prensa narró cada avance. Y, aun así, la respuesta nunca llegó.
Aquel suceso quedó registrado como el primer caso de poltergeist documentado en España. No porque se demostrara lo sobrenatural, sino porque fue observado, investigado y seguido por las autoridades civiles y judiciales y por los principales diarios de la época. La casa pasó a ser conocida como la del duende de Esparto o, con ironía popular, «la casa de tócame roque». Un nombre ligero para un miedo muy real.
Una ciudad en tensión
El contexto ayuda a entender la magnitud del episodio. En 1915, Valencia vivía un clima de inquietud constante. Europa estaba sumida en la Primera Guerra Mundial y, aunque España se mantenía neutral, el conflicto afectaba al comercio, al abastecimiento y al ánimo de la población. Las huelgas, la carestía y la incertidumbre formaban parte del día a día. La ciudad estaba alerta.
La plaza del Esparto, situada entre los barrios del Carmen y del Mercado, era entonces un enclave popular y transitado. Allí, en el número 7 -actual 5-, comenzaron a escucharse los primeros ruidos a finales de junio. Al principio eran nocturnos y esporádicos. Pronto se hicieron más frecuentes y empezaron a producirse también de día.
Golpes sin origen aparente
Los vecinos hablaban de golpes secos que parecían desplazarse por la vivienda. A veces se localizaban en los muros, otras en los pilares. No había una fuente fija ni una causa visible. El desconcierto se transformó en temor. Y el temor, en expectación.
Artículo en prensa sobre la vivienda de la que emanaban los ruidos
La prensa valenciana se volcó con el caso. Cada nuevo ruido ocupaba titulares. El lenguaje se volvió cada vez más sugestivo. Se hablaba de duendes, de fuerzas invisibles, de un fenómeno que escapaba a toda lógica conocida. La casa se convirtió en un imán para curiosos.
Multitudes y altercados
Cada día, decenas y luego cientos de personas se concentraban en la plaza con la esperanza de escuchar los golpes. La policía tuvo que intervenir para contener al gentío. Hubo empujones, protestas, lanzamiento de piedras y varios agentes resultaron heridos. El caso dejó de ser una anomalía doméstica para convertirse en un problema de orden público.
Ante la presión social, las autoridades intensificaron la investigación. Técnicos, arquitectos y fuerzas de seguridad inspeccionaron la vivienda y los edificios colindantes. Se abrieron tabiques, se revisaron alcantarillas y se colocaron dispositivos de escucha en los puntos donde los ruidos eran más audibles.
Una investigación sin respuesta
Uno de los operativos más llamativos se llevó a cabo durante la noche, con más de cuarenta hombres rodeando la manzana. Se intentó aislar cualquier posible origen externo. Nada funcionó. Los golpes seguían produciéndose y el misterio crecía.
Imagen de curiosos junto al edificio
En paralelo, algunos detalles apenas subrayados por la prensa introducían una posible explicación terrenal. La casa había sido adjudicada días antes en una subasta testamentaria. Dos hombres aspiraban a ella. Solo uno la obtuvo. El otro residía en el edificio colindante. Los ruidos comenzaron tras la instalación de la nueva familia en la vivienda.
El silencio final
Algunos diarios recogieron que también se escuchaban ruidos en el inmueble vecino. Incluso se llegó a insinuar que la policía creía conocer el origen de los golpes. Sin embargo, nada quedó probado. No hubo detenciones ni conclusiones oficiales.
El 13 de julio de 1915, los ruidos cesaron de forma repentina. De un día para otro. Sin explicación pública. Las investigaciones se suspendieron y las autoridades evitaron volver sobre el asunto. El caso quedó oficialmente sin resolver.
Ese silencio fue decisivo. La ausencia de una respuesta clara permitió que el episodio se consolidara como un misterio. Con el paso del tiempo, la casa del Esparto pasó de ser un problema incómodo a una leyenda urbana. El primer poltergeist documentado de España. Un fenómeno registrado, investigado y abandonado.
Más de un siglo después, la pregunta sigue abierta. No porque no existan pistas, sino porque nadie quiso cerrarla cuando aún resonaban los golpes.