Imagen de archivo del Castillo de Onda, CastellónAyuntamiento de Onda

La historia del castillo de las 300 torres: la fortaleza árabe olvidada en el interior de Castellón

Su origen se remonta al siglo X, cuando los musulmanes levantaron la construcción sobre restos anteriores de época ibérica y romana

El pasado cultural e histórico de la Comunidad Valenciana se refleja con especial intensidad en sus pueblos de origen medieval, donde el trazado urbano, las murallas y las fortalezas siguen marcando el carácter del territorio. En la provincia de Castellón, además de un paisaje dominado por montañas y sierras abruptas, hay un elemento que sobresale por encima de todos: los castillos. No es casual que tanto la capital como la propia provincia lleven ese nombre, heredado de un legado defensivo que se extiende de norte a sur.

Desde la imponente fortaleza de Morella, dominando el interior, hasta el inconfundible castillo del Papa Luna en la costa de Peñíscola, convertido en icono cinematográfico, Castellón es una tierra de torres, murallas y atalayas. Sin embargo, entre ese rosario de fortalezas hay una que no goza de la fama que merece y que define como pocas el carácter de su municipio: la de Onda, conocida como el castillo de las 300 torres.

Imagen del interior del Castillo de Onda, Castellón.Millars

En ese contexto, la fortaleza de Onda se alza sobre una colina a casi 300 metros de altura como una pieza clave del sistema defensivo histórico del sur de la provincia. Su origen se remonta al siglo X, cuando los musulmanes levantaron la construcción sobre restos anteriores de época ibérica y romana, aprovechando un enclave estratégico desde el que se domina el valle y los accesos naturales a la población.

Con el paso del tiempo, Onda fue ganando relevancia militar y política. La plaza llegó a ser conquistada por el Cid Campeador, aunque volvió a manos musulmanas poco después, hasta que Jaume I la tomó definitivamente en 1248 durante la expansión cristiana. Fue entonces cuando Ramón Muntaner, cronista y escritor medieval, la describió como «el castillo de las 300 torres», una expresión que aludía a su enorme poder defensivo y a la impresión que causaba en su época de máximo esplendor. La cifra es más simbólica que real, pero resume a la perfección la magnitud de una fortificación que llegó a contar con decenas de torres y varias líneas de muralla.

Durante siglos, la villa y su castillo pasaron por manos de distintas órdenes militares, como el Temple, el Hospital o Montesa, y fueron escenario de conflictos tan diversos como la guerra de Castilla, las Germanías, la guerra de Sucesión o la ocupación napoleónica a comienzos del siglo XIX. Tras las guerras carlistas, la fortaleza fue rehabilitada y todavía tendría usos muy distintos a lo largo del siglo XX, desde instalación militar durante la Guerra Civil hasta colonia escolar gestionada por los carmelitas entre las décadas de 1920 y 1940.

Imagen de archivo de una de las entradas al Castillo de Onda, CastellónTurismo Comunidad Valenciana

La estructura del castillo refleja esa complejidad histórica. El conjunto se divide entre la antigua medina o ciudad civil y la fortaleza propiamente dicha, separadas por una primera línea de murallas. En el interior, a su vez, se distinguen la plaza fortificada y la alcazaba, donde se encontraba la residencia del poder político y militar. Hoy se conservan más de una treintena de torres en pie, restos de aljibes y murallas que permiten reconstruir mentalmente la dimensión original del recinto. Desde lo alto, la panorámica del valle ayuda a entender por qué este enclave fue tan codiciado durante siglos.

A los pies del castillo, el casco histórico de Onda se derrama por la ladera con calles que serpentean adaptándose al terreno, casas encaladas, arcos de piedra y patios estrechos que conservan la huella de los antiguos barrios. La cerámica aparece de forma natural en fachadas y suelos, recordando que Onda lleva siglos escribiendo su historia en el barro. Ese vínculo se entiende mejor en el Museo del Azulejo Manolo Safont, uno de los más completos de toda la Comunidad Valenciana, donde miles de piezas, maquinaria y recreaciones de talleres explican la importancia de este oficio en la identidad local.

Más allá del castillo, el municipio esconde otros espacios que completan la experiencia. El antiguo molino del río Sonella, hoy reconvertido en centro de interpretación de la naturaleza, o la plaza de la Sinagoga, situada en el corazón de la antigua judería, son ejemplos de cómo Onda ha sabido recuperar su pasado sin convertirlo en un decorado. Todo convive con rutas que parten desde el propio pueblo y se adentran en la montaña, embalses escondidos entre pinares y un paisaje que sorprende por su contraste.

Onda no tiene la fama de otros destinos castellonenses, pero sí un equilibrio poco común entre patrimonio, paisaje y vida cotidiana. Su castillo, con la leyenda de las 300 torres sobrevolando la historia, sigue marcando el perfil del pueblo y recordando que, en Castellón, aún quedan fortalezas que merecen ser redescubiertas.