Toro de Osborne vandalizado por Arran en Tavernes de la Valldigna (Valencia)
Los independentistas catalanes destrozan el Toro de Osborne en Valencia por ser un «símbolo españolista»
la reivindicación no deja lugar a dudas ni admite eufemismos. Arran, la organización juvenil vinculada a la CUP, ha asumido públicamente la autoría del ataque contra el toro de Osborne del municipio valenciano de Tavernes de la Valldigna y lo ha hecho con un mensaje explícito de confrontación política. «¡Hagamos caer los símbolos españolistas de nuestra tierra!», proclama el colectivo en la red social X, acompañado de un vídeo en el que varios jóvenes encapuchados mutilan la emblemática silueta con una radial.
El Debate ya informó del ataque cuando apareció dañada la estructura junto a la N-332, en un primer momento envuelta en la confusión entre el vandalismo y los efectos del fuerte temporal de viento de la semana pasada. La publicación posterior de Arran despeja cualquier duda: no fue el viento, fue una acción deliberada y organizada por parte del independentismo, que una vez más utiliza el vandalismo para cobrar un protagonismo que la ciudadanía no le otorga en las urnas.
En el mismo mensaje, la organización subraya: « No es el viento quien cambia la historia, es la lucha de la juventud». Una frase que resume la estrategia de Arran: llamar a la violencia contra los símbolos de España.
El ataque no es un hecho aislado. Es, de hecho, el tercero contra este mismo toro de Osborne. La reiteración confirma que se trata de una campaña sostenida contra un símbolo que el independentismo radical identifica con España.
Campaña contra los símbolos españoles
La CUP es una plataforma política antisistema e independentista que defiende la unificación de los llamados 'países catalanes'. Aunque carece de representación política en la Comunidad Valenciana, su organización juvenil actúa en este territorio con una agenda clara: sabotear símbolos que consideran ajenos o impuestos e instaurar en el territorio valenciano el conflicto social que han logrado crear en Cataluña.
El toro de Osborne, una estructura de 14 metros de altura y unas 50 toneladas de peso, es uno de esos objetivos recurrentes. Su presencia en carreteras de todo el país lo convierte en un icono fácilmente reconocible y, por tanto, en un blanco idóneo para este tipo de acciones de propaganda política.
Pero la ofensiva de Arran no se limita a elementos del paisaje. En los últimos meses, sedes de partidos políticos y entidades culturales valencianas también han sido objeto de ataques vandálicos.
De los símbolos a las sedes políticas
Hace apenas unas semanas, la sede del Partido Popular en Finestrat fue atacada, en una localidad especialmente significativa por ser el municipio del presidente de la Generalitat Valenciana, Juanfran Pérez Llorca. Tras aquel episodio, el secretario general del PPCV, Carlos Gil, alertó de una «escalada de violencia política» y denunció que estos actos son «intolerables en plena democracia».
No fue un caso aislado. Sedes del PPCV en Valencia y Castellón han sufrido pintadas y daños en distintas ocasiones, al igual que la histórica entidad cultural Lo Rat Penat, atacada en la víspera del 9 de Octubre. En varios de esos episodios, la firma o la reivindicación de Arran ha estado presente.
La organización juvenil actúa con una lógica de hostigamiento continuado: símbolos nacionales, partidos constitucionalistas y referentes del valencianismo cultural forman parte del mismo campo de batalla ideológico.
Vandalismo sin consecuencias
Pese a la reiteración de los ataques y a que algunos de ellos han sido difundidos y reivindicados abiertamente en redes sociales, no se conocen actuaciones públicas de la Fiscalía ni diligencias anunciadas por la Delegación del Gobierno.
Mientras tanto, Arran mantiene un discurso sin matices ni autocrítica. El vídeo difundido tras el sabotaje del toro concluye con consignas como «no nos haréis españoles» y «países catalanes, pueblo en lucha», reforzando una narrativa de confrontación que trasciende el mero vandalismo y se adentra de lleno en el terreno de la violencia ideológica.
El ataque al toro de Osborne no es solo un acto contra una estructura metálica. Es una acción vandálica que vuelve a situar al independentismo radical en el foco, esta vez con un mensaje claro: si no pueden extender su proyecto de forma pacífica por la falta de apoyo de los valencianos en las urnas, lo impondrán mediante la demolición simbólica de todo aquello que no encaja en su proyecto.